Un Análisis de la Suite «Black, Brown and Beige» de Duke Ellington

William Morris, jr.
Programa Carngie Hall; Black Brown and Beige; 23 de enero de 1943
Betty Roche
Duke Ellington
Gunther Schuller
John Hammond
Portada del 21 de abril de 1927
Mahalia Jackson
Duke Ellington featuring Mahalia Jackson
Christian McBride
Un Análisis de la Suite «Black, Brown and Beige» de Duke Ellington

La historia o parte de la misma de los afroamericanos ha sido la protagonista de varias obras, sobre todo musicales, a partir de los comienzos del siglo XX. W.E.B. Du Bois – uno de los intelectuales negros más importantes de su época – escribió «The Star of Ethiopia» en 1911. Según el programa, un espectáculo que abarcaba 10.000 años de historia de la raza negra. Se estrenó el 22 de octubre de 1913 en Nueva York.
Los escenarios de Broadway fueron, principalmente, donde se escenificaron repetidamente situaciones de la historia negra, sobre todo, en las producidas por el prominente empresario blanco, Lew Leslie, con un casting totalmente afroamericano. En el musical titulado «Dixie to Broadway» de 1924, Florence Mills – la actriz y cantante más querida por su público – empezaba interpretando el tema titulado «Evolution of the Colored Race».  Mientras que en su famosa obra «Blackbirds de 1928» el libreto mandaba a los actores pasearse por el Sur del País, por la Jungla Africana y por Harlem. De manera similar «Rhapsody in Black» de 1931 representó «una transición musical del negro de África a Harlem». Estas revistas recurrían a diversos géneros musicales para evocar los diferentes aspectos de la herencia afroamericana.

En la Duke Ellington Collection del Smithsonian Institution de Washington, D. C., se encuentra un manuscrito de 39 páginas titulado «Boola». Está escrito en forma de narración en verso y relata la historia de un africano llamado Boola que llega al Nuevo Mundo en un barco negrero. Nos describe la etapa de su esclavitud, la búsqueda de consuelo en la Biblia, su emancipación y su eventual participación en el proceso de la historia afroamericana. Esta narración es la única evidencia que tenemos de que Ellington pensaba escribir una ópera sobre la historia de los afroamericanos, un proyecto que nunca completó. En esas páginas se nombran cuatro canciones: «Come Sunday», «The West Indian Influence», «The Emancipation Celebration» y por último «The Blues». Curiosamente, estos cuatro títulos aparecerán en la suite «Black, Brown and Beige».

A finales de 1942, Wiliam Morris, jr. – representante de Ellington – le comentó a este último que debería escribir una composición larga para estrenarla en el Carnegie Hall: “yo comencé a escribir la obra en Hartford, Connecticut, en el mismo momento en que Frank Sinatra estaba empezando su carrera profesional en solitario. Frank por entonces era nuestro telonero, pero no tardó en alcanzar un estrellato de tintes estratosféricos. Estábamos en el mes de diciembre de 1942 y entre pase y pase yo solía sentarme al piano en el escenario y me dedicaba a escribir la suite”.

Hasta el año 1943, Ellington había escrito varias canciones con una duración más larga de lo habitual: «Reminiscing in Tempo» (1935) (13’), «Creole Rhapsody» (1931) (9’). Ahora, en el cenit de su carrera, el Carnegie Hall – la cúspide de las salas de conciertos estadounidenses en el corazón de Nueva York, le abrió sus puertas y le dio la oportunidad de escribir e interpretar una obra con una extensión más propia de las sinfonías clásicas que del jazz. Para Ellington supuso adentrarse en un territorio inexplorado lo que significó asumir un riesgo impredecible. Sin embargo, se comprometió a escribir una composición de jazz de 40 minutos lo que conllevaba una notable desviación de sus conocidas y exitosas grabaciones de jazz de dos o tres minutos. Además, tentó aún más al destino con la temática de la obra: la historia, las luchas y la aculturación de los afroamericanos:
“Al escribir «Black, Brown and Beige» me esforcé por crear una composición de jazz libre de cualquier forma musical, en la que pretendí retratar las experiencias de las razas de color en Estados Unidos en un lenguaje sincopado… Puse en ello todo lo que había aprendido con la esperanza de lograr algo realmente valioso en la literatura musical y que contuviera un registro auténtico de mi raza escrito por un miembro de ella”.

El estreno de «Black, Brown and Beige» en el Carnegie Hall en 1943 generó una gran expectación, no solo por la enorme popularidad de Ellington, sino también por la intensa labor promocional de la Agencia William Morris. Antes del concierto, aparecieron artículos en Time, Newsweek y el New York Times, y por primera vez, la revista Look publicó un reportaje fotográfico sobre una banda afroamericana. Esta campaña publicitaria atrajo la atención de los principales periódicos neoyorquinos y de revistas nacionales de música y entretenimiento.
El 23 de enero de 1943, la sala estaba a rebosar. La prensa describió al público presente como black, brown y beige, nada que ver con los habitual del Carnegie. Esta vez incluía a Eleanor Roosevelt, Leopold Stokowski, Count Basie o Frank Sinatra, todos esperando la revelación de una música verdaderamente unificadora, verdaderamente estadounidense.
Cuando se levantó el telón a las 20:45, la Orquesta Ellington, vestida de esmoquin y siguiendo el protocolo clásico, un silencio inusual recorrió el escenario anticipando la entrada de Duke. Los aplausos fueron estruendosos cuando el carismático e impecablemente vestido, Ellington saludó al público.
Habían trascurrido 41 minutos del concierto y la orquesta ya había interpretado doce canciones cuando Duke Ellington se levantó del taburete del piano y avanzó con paso decidido hacia el centro del escenario para dirigirse nerviosamente a su público:
Y ahora, amigos”, nuestra última propuesta… probablemente nuestra propuesta más seria y definitivamente nuestra composición más larga. Sin embargo, al mencionar la duración de «Black, Brown and Beige» queremos significar que su música va en paralelo con la historia del negro estadounidense y por supuesto, cuenta una larga historia. Y espero que tengan en cuenta que, al contar, por ejemplo, la historia de la canción «Work Song» – que es el primer tema – la usamos en sus múltiples formas. Ya saben… que se canta mientras se trabaja. Hay un lugar para la canción y hay un lugar para los gruñidos… ya saben, y… el impacto de su trabajo. Y, por supuesto, después viene el tema espiritual, que es el segundo del primer movimiento”. Y Duke se dirigió a su piano.

«BLACK»:
Este primer movimiento nos remite a la llegada de los esclavos al Nuevo Mundo y la experiencia en las plantaciones. Un estruendo de tambores anuncia la primera canción «Work Song» que da paso a una de las más hermosas melodías que Ellington haya escrito jamás, interpretada por el saxofonista Johnny Hodges. A este tema se le conoce como «Come Sunday», y Ellington comentó después del concierto que la canción: “Estaba destinada a representar el movimiento dentro y fuera de la iglesia (blanca), visto por los trabajadores que estaban fuera, observaban, escuchaban, pero no eran admitidos. Esto se desarrolla hasta la época en que los trabajadores tienen su propia iglesia. Y este movimiento termina con le canción titulada «Light».

«BROWN»
Este segundo movimiento está lleno de referencias musicales de las Indias Occidentales, Jamaica y Puerto Rico. Rinde un homenaje a las contribuciones negras a las luchas militares estadounidenses. La esperanza que surgió por La Proclamación de la Emancipación y la gran crisis económica y social que supuso la Gran Depresión. Las canciones de esta segunda parte de la suite llevaron por títulos: «West Indian Dance», «Emancipation Celebration», «The Blues». Esta última interpretada por la vocalista de jazz y de blues, Betty Roché.

Antes de comenzar el tercer movimiento, Ellington se levantó nuevamente del taburete del piano y se dirigió al público del Carnegie:
“Muchos no tienen suficiente para comer ni un sitio donde dormir, pero trabajan duro para asegurarse que sus hijos vayan a la escuela. El negro posee una buena educación y la va desarrollando hasta el día de hoy para luchar por la solidaridad. Pero justamente ahora que estábamos a punto de empezar, nuestro país está en guerra y con problemas otra vez. Y como antes, por su puesto, encontraremos al negro, marrón y beige justo ahí con el rojo, blanco y azul”.

«BEIGE»
El último movimiento sitúa a los afroamericanos en los años veinte y treinta. En el Renacimiento de Harlem. Un tiempo de gran optimismo. La Era del Swing.  Las canciones fueron: «Rock Waltz», «Sugar Hill Penthouse», «Final»

Al musicólogo, Gunther Schuller le preguntaron, a posteriori, su opinión sobre las críticas que la suite recibió al día siguiente de su estreno en el Carnegie Hall: “Las reacciones a «Black, Brown and Beige» fueron… mayoritariamente negativas. También se dividieron entre lo «clásico» y lo «jazzístico”: los críticos clásicos se quejaban de la falta de un control formal por parte de Ellington, y los críticos de jazz, de la falta de auténtico jazz”.

Paul Bowles, crítico del New York Herald-Tribune escribió:
“Presentada la suite como un todo, carecía de forma y de significado… Debería desaconsejarse cualquier intento de fusionar el jazz como forma con la música como arte. Ambos existen a una distancia tan enorme que la capacidad de comprensión del oyente no puede captarlos con claridad al mismo tiempo. Podría decirse que operan en longitudes de onda diferentes. Es imposible sintonizarlos simultáneamente”.

John Hammond, productor discográfico y cazatalentos, generalmente defensor del jazz, se opuso a los intentos de Ellington de escribir obras a gran escala que incorporaran jazz y blues. Escribió: “En el Cotton Club, el grupo de Ellington se convirtió no solo en una gran orquesta de baile, sino en la mejor banda de entretenimiento de todos los tiempos… Sus grandes éxitos musicales se escribieron durante ese período y a través de sus discos, se convirtió en un héroe musical en su país y en Europa. Durante los últimos diez años ha introducido armonías complejas solo por su efecto y ha experimentado con material cada vez más alejado de la música de baile… Requirió coraje para hacerlo y uno solo podría desear que se viera recompensado por la calidad de su producto a la vez que conseguía alcanzar sus ambiciones. Pero cuanto más compleja se vuelve su música, menos sentimiento logran sus solistas al transmitir su obra… Fue una lástima que Duke decidiera manipular la forma del blues para producir una música de mayor «significado». Mi sensación es que, al volverse más complejo, le ha quitado al jazz gran parte de su virtud fundamental y ha perdido el contacto con su público”.

La prensa afroamericana celebró el espectáculo y la importancia social del concierto, aunque consideró que Ellington se había alejado de la esencia de las raíces musicales del jazz. Las críticas a su música de fueron limitadas en las pocas publicaciones afroamericanas existentes, cuyos reporteros carecían de la formación técnica necesaria para evaluarla según los estándares imperantes de la música clásica europea.

Nina Naguid, la crítica de la revista Chicago Musical Leader fue la que mejor entendió la importancia crucial de «Black, Brown and Beige» de Ellington como se desprende de su artículo fechado en febrero de 1943: «Se necesita una nueva palabra en inglés: una palabra para describir el tipo de música interpretada por Duke Ellington. Cualquiera que la conozca la reconocerá al instante, como a Bach o Beethoven; sin embargo, no se le pueden aplicar los mismos estándares que a la música culta, ya que Ellington no escribe en una forma establecida. La mayoría de los críticos neoyorquinos se centraron en «Black, Brown and Beige» debido a su duración de 48:15 minutos, cometiendo el error de pensar que debía juzgarse según reglas formalistas. Salvo su tercer movimiento, de estilo rondó, la obra no sigue un patrón definido y juzgada según las reglas técnicas establecidas resulta difusa y sin propósito. Sin embargo, es programática, y por su gran riqueza de ideas, ingenio melódico y rítmico, y creatividad, la obra constituye un fenómeno artístico… «Black, Brown and Beige» es el comienzo de una nueva música estadounidense que tiene sus raíces aquí y no puede juzgarse según los estándares europeos de composición. Sus antecedentes históricos y sociológicos la sitúan en la categoría de música «del corazón», como si fuera música folclórica, por así decirlo, y la alejan del sofisticado e intelectualizado ámbito de la música culta”.

La versión original de «Black, Brown and Beige» interpretada en el Carnegie Hall por la orquesta de Duke Ellington jamás tuvo una segunda oportunidad. Además, la compañía discográfica de Duke, RCA Victor, no grabó el concierto. Con la tecnología disponible en aquel entonces, una obra de cuarenta y cinco minutos habría requerido diez discos de 10 pulgadas o siete de 12 pulgadas; solo la música clásica se publicaba habitualmente en estos álbumes multidisco. Afortunadamente, los técnicos del Carnegie Hall realizaron una grabación privada en discos de acetato de 78 rpm, cuyas copias piratas circularon entre coleccionistas. Finalmente, en 1977, el sello Prestige publicó en LPs el concierto completo del Carnegie Hall de enero de 1943, lo que por fin permitió al público acceder a «Black, Brown and Beige»: «Black (1º movimiento)»; «Brown (2º movimiento)»; «Beige (3º movimiento)».

Ellington retomó su composición «Black, Brown and Beige» y volvió a desestabilizar el status musical al pedirle a Mahalia Jackson, la reina del gospel, que grabara un álbum de jazz con su orquesta retomando y ampliando fragmentos de «Black» el primer movimiento de su suite. Ella aceptó.
Era un riesgo, incluso para una mujer de la talla y reputación de Jackson, introducir el jazz en su repertorio, ya que, sobre todo, los puristas del gospel la criticarían abiertamente.
En general, tanto entonces como ahora y para ciertos sectores, el jazz era como el tipo de hombre con el que no querrías que tu hija se juntara. Cuando se le preguntó a Mahalia Jackson por qué hizo una excepción al tocar con la orquesta de Ellington respondió: “Yo no considero a los músicos de Duke Ellington como una banda de jazz, sino como una institución sagrada».

El álbum «Duke Ellington: Black, Brown and Beige featuring Mahalia Jackson» se grabó los días 4, 5 y 11, 12 de febrero de 1958.
Mahalia Jackson intervino cantando «Come Sunday» con una letra que había escrito Ellington y para finalizar – y fuera de la suite – interpretó el «Salmo 23» con una melodía que había compuesto Ellington para la ocasión. El resto de las canciones son instrumentales y pertenecientes al primer movimiento de la suite.

Christian McBride, uno de los mejores contrabajistas de jazz en la actualidad comentó:
“En 1958, cuando este álbum fue grabado creo que se puede afirmar con seguridad que no hubo una voz más poderosa en el mundo del gospel que Mahalia Jackson. Y, como saben, había un grupo de artistas de gospel o feligreses que aún pensaban que el jazz era música secular, música que no pertenece a la iglesia. Así que creo que el poder y la majestuosidad de la musicalidad de Duke Ellington se reflejan en el hecho de que este singular artista de otro supuesto género pueda decir: «No suelo hacer esto, pero esta música es tan poderosa que quiero contribuir a promover este arte, la majestuosidad de esta canción”.

Y para terminar nos queda un pequeño misterio. Duke Ellington en su autobiografía Music is my Mistress de 1973 no nombra en ningún momento a su supuesta ópera «Boola». La suite «Black, Brown and Beige» está perfectamente detallada por lo que no sabemos si las cuatro canciones que se nombran en el manuscrito en poder del Smithsonian Institution son las mismas que sonaron en el Carnegie. Si tuvieron alguna modificación. Incluso si estaban escritas.

Programa del concierto de Duke Ellington y su orquesta en el Carnegie Hall en New York el 23 de enero de 1943.
Todas los temas compuestos y arreglados por Duke Ellington menos donde se indica.

01 – The Star-Spangled Banner (Francis Scott Key, John Stafford Smith) – 1:12
02 – Black and Tan Fantasy (Ellington, James «Bubber» Miley) – 6:35
03 – Rockin’ in Rhythm (Harry Carney, Ellington, Irving Mills) – 4:12
04 – Moon Mist – (Mercer Ellington) – 3:38
05 – Jumpin’ Punkins (Mercer Ellington) – 3:24
06 – A Portrait of Bert Williams – 2:56
07 – Bojangles – 3:17
08 – Portrait of Florence Mills (Black Beauty) – 3:40
09 – Ko-Ko – 2:23
10 – Dirge (Billy Strayhorn) – 3:28
11 – Stomp (Johnny Come Lately) (Billy Strayhorn) – 2:59
12 – Are You Sticking? – 3:13
13 – Black [First Movement of Black, Brown and Beige] – 21:52
14 – Brown [Second Movement of Black Brown and Beige] – 11:49
15 – Beige [Third Movement of Black, Brown and Beige] – 14:34
16 – Bakiff (Ellington, Juan Tizol) – 6:36
17 – Jack the Bear – 3:19
18 – Blue Belles of Harlem – 6:09
19 – Cotton Tail – 3:11
20 –Day Dream (Ellington, John La Touche, Billy Strayhorn) – 4:02
21 – Boy Meets Horn (Ellington, Rex Stewart) – 5:58
22 – Rose of the Rio Grande (Ross Gorman, Edgar Leslie, Harry Warren) – 2:33
23 – Don’t Get Around Much Anymore (Ellington, Bob Russell) – 4:39
24 – Going Up – 3:56
25 – Mood Indigo – (Barney Bigard, Ellington, Mills) – 4:38

Personnel
Duke Ellington – piano (todos los tracks exc. 10 & 11)
Billy Strayhorn – piano (tracks 10 & 11)
Rex Stewart – corneta
Shorty Baker, Wallace Jones – trompetas
Ray Nance – trompeta, violin
Lawrence Brown, Joe Nanton – trombones
Juan Tizol – trombón de pistones
Otto Hardwicke – saxofón alto, clarinete
Johnny Hodges – saxofón alto
Chauncy Haughton – clarinet, saxofón tenor
Ben Webster– saxofón tenor
Harry Carney – saxofón barítono, clarinete, saxofón alto
Fred Guy – guitarra
Junior Raglin – contrabajo
Sonny Greer – batería

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