










Los Standards (III): «Bye Bye Blackbird»
Quizás el principio de la canción «Bye Bye Blackbird» se remonte al año 1923 que fue cuando Mort Dixon, estando administrando una sala de billar en Nueva York, se le presentó un tipo pequeño y engreído que dijo llamarse Billy Rose: Un taquígrafo judicial con aspiraciones a convertirse en un gran letrista. Ambos escribieron la letra para una canción a la que titularon «That Old Gang of Mine» y se la mostraron al compositor Ray Henderson quien le escribió la música. El tema consiguió alcanzar cierto éxito de temporada perdiendo su esencia con el paso de los años.
Mort Dixon nació en Nueva York el 20 de marzo de 1892, descendiente de judíos rusos expulsados del Imperio zarista. De hecho, podía rastrear su linaje americano hasta el Mayflower. Su familia estaba integrada por artistas itinerantes y él heredó su espíritu aventurero. Dejó muy pronto su hogar y aceptó cualquier trabajo que se le presentara. Probó suerte componiendo y escribiendo canciones para el vodevil, pero no pudo ni siquiera rascar en el muro que le cerraba el paso al mundo de la música.
En 1926, Mort Dixon, que desde su adolescencia había llevado una vida errante, sin asentarse en ningún sitio y adaptándose a lo que le deparaba cada nuevo amanecer, decidió escribir una canción sobre la nostalgia del hogar:
Blackbird, Blackbird cantando todo el día el blues justo al lado de mi puerta / Blackbird, Blackbird ¿por qué te quedas y me dices que no hay sol en el horizonte? / Todo el invierno permaneciste a mi alrededor. Ahora empiezo a sentir nostalgia de un hogar / Blackbird, Blackbird debo irme donde haya sol en abundancia.
Empaco con sumo cuidado y cierta congoja / y me voy cantando muy bajito, Bye Bye Blackbird / Voy donde alguien me espera / El azúcar es dulce y él también, Bye Bye Blackbird / Aquí nadie puede amarme o entenderme / Oh, y esas historias de mala suerte, todas me pasan / Haz mi cama y enciende la luz / Llegaré tarde esta noche, Bye Bye Blackbird.
Bluebird, Bluebird oigo lejana tu llamada, te he estado anhelando / ¿Qué me estas diciendo? El cielo se vuelve azul / Aquí soy como una flor que se marchita / Donde cada hora es como una larga lágrima / Bluebird, Bluebird, este es mi día de suerte / Ahora mis sueños se harán realidad.
Empaco con sumo cuidado y cierta congoja / y me voy cantando muy bajito, Bye Bye Blackbird / Voy donde alguien me espera…
Mort Dixon con esta letra en el bolsillo se acordó de su trabajo junto a Billy Rose y de cómo había conocido al compositor Ray Henderson y a este último se la mostró. El compositor apreció los versos de Dixon y basándose en ellos compuso una sencilla, bella melodía, cuyo título fue, qué duda cabe, «Bye Bye Blackbird».
El cantante y compositor, Gene Austin (1900 – 1972) grabó el tema de Dixon y Henderson el 29 de abril de 1926 (recién salido del horno) y lo llevó al nº1 de la lista de ventas permaneciendo en ella durante doce semanas. El pianista fue Dave Franklin. Violinista no identificado.
«Bye Bye Blackbird» se convirtió en una de las canciones más populares de finales de los años veinte en los Estados Unidos y en Gran Bretaña para ir perdiendo fuelle hasta que llegaron los años cincuenta.
En 1953 se rodó la película titulada «The Eddie Cantor Story» que va desgranando la vida del comediante, cantante, actor y compositor Eddie Cantor, que es además el protagonista del film y el que canta «Bye Bye Blackbird» en su banda sonora. Dos años más tarde, se estrenó en la pantalla grande «Pete Kelly’s Blues» que está ambientada en Kansas City en 1927. La trama nos cuenta cómo un cornetista de jazz, que actúa todas las noches en un “speakeasy” cochambroso de la ciudad, es extorsionado por un mafioso a cambio de protección. La canción de Morton y Henderson es interpretada en el score por varios miembros del casting, entre los que se encuentran Martin Miller y Lee Marvin.
Parece ser que la presencia de «Bye Bye Blackbird» en ambas bandas sonoras produjo un impacto entre los vocalistas, que como un virus se propagó entre ellos. En la década de los cincuenta la hicieron suya: Peggy Lee (1955), Julie London (1957), Helen Merrill (1958), Carmen McRae (1958), The Four Aces (1958), Gloria Lynne (1959) …
En las versiones que realizaron estos cantantes (y los que les siguieron) todos se “olvidaron” de que la canción tenía dos estrofas (la letra de color rojo) y únicamente utilizaron el estribillo (la letra de color verde).
Por tal motivo la letra de la canción se queda coja y se pierde una parte importante de su significado. El «blackbird», el «pájaro negro», el «mirlo» simboliza algo malo que quieres dejar atrás, la incomprensión, la soledad, la melancolía. Mientras que el «bluebird», el «pájaro azul», el «azulejo» representa un futuro más brillante donde te aguarda el amor, el consuelo, la comprensión, la felicidad y el hogar.
A pesar de que la letra – tal como se interpreta hoy en día – puede ser objeto de otras lecturas «Bye Bye Blackbird» sigue permaneciendo en el “top” de los standards norteamericanos
A Joseph Goebbels, ministro de propaganda del Tercer Reich, se le ocurrió la insólita idea de formar un grupo de jazz alemán. Eligió al saxofonista alemán, Lutz Templin, para que se ocupara de localizar a los músicos más “hot” que residían en los países ocupados por los nazis. Así nació «Charlie and His Orchestra», denominada de esta manera por el nombre de su cantante, Karl “Charlie” Schwedler. La idea de Goebbels era elegir temas standards de la música norteamericana a los que les adjudicaban unas letras que caricaturizaban a personajes como Churchill, se burlaban de los negros y de los judíos, ridiculizaban el poder bélico de los aliados, etc. «Charlie and His Orchestra» emitieron diariamente sus canciones, desde los estudios de la Reich Radio Co. en Berlín, con el objetivo puesto especialmente en Gran Bretaña y en los U.S.A. Se mantuvieron en el aire hasta el final de la guerra
La canción que se convirtió en la más “popular” entre las tropas aliadas fue, sin duda, «Bye Bye Blackbird» con el título de «Bye Bye Empire» y dedicada especialmente a Mr. Churchill. La letra decía así:
“Aquí está, Sr. Churchill, la última canción dedicada a Gran Bretaña: Anteriormente nunca me había importado Hong Kong, Burna o Singapore. ¡Adiós Imperio! La India también puedo perderla. Entonces solo me quedará el zoo de Londres. ¡Adiós Imperio! No hay nadie que me quiera ni que me entienda. ¿Ninguno? Todos me han traicionado. Los yankees no dan señales de vida. Ya no puedo distinguir lo bueno de lo malo. ¡Adiós Imperio!”
Una vez que la contienda terminó, Karl “Charlie” Schwedler trabajó como crupier en el casino “Pavilion Europe” en el Berlín Occidental. En 1960 emigró a los EE.UU. y fue manager de un night club. Volvió a su país de origen y falleció en 1970. Además, tenéis a vuestra disposición mi artículo titulado «V-Disc Swing vs. Charlie Nazi Swing» que trata, entre otras cosas, sobre «Charlie and His Orchestra».
He elegido como versión cantada de «Bye Bye Blackbird» la que realizó Paul McCartney en su álbum «Kisses on the Bottom» en 2012. Aparte de la calidad de su interpretación, Sir Paul comienza la canción cantando la mitad de la primera estrofa modificando su letra, para seguir con el estribillo hasta el final del tema. Los músicos que le acompañaron fueron los siguientes: Diana Krall, piano; Robert Hurst, contrabajo; Karriem Riggins, batería; John Pizzarelli, guitarra; London Symphony Orchestra; Roman Simovic, concertino; Alan Broadbent, director, arreglista.
Para la versión instrumental del tema no he tenido la más mínima duda. El 5 de junio de 1956, en Nueva York y en los 30th Street Studios se realizó una sesión para el sello Columbia con los siguientes músicos: Miles Davis, trompeta; John Coltrane, saxo tenor; Red Garland, piano; Paul Chambers, contrabajo, Philly Joe Jones, batería. Se grabaron tres temas y uno de ellos fue «Bye Bye Blackbird». No hay nada que decir, solo hay que escuchar.

