









Los Standards (IV): «Fables of Faubus» El Dardo Envenenado de Charles Mingus al Gobernador Faubus
En 1954, la Corte Suprema de los Estados Unidos dictaminó que las escuelas segregadas eran ilegales. El caso «Brown vs. Board of Educationse» se ha vuelto icónico para los estadounidenses porque marcó el comienzo formal del fin de la segregación.
Pero los engranajes del cambio funcionaron lentamente. No fue hasta septiembre de 1957 cuando nueve adolescentes se convirtieron en símbolos, de todo lo que le esperaba a los USA en los años venideros.
Los «Nueve de Little Rock» – así se les conoció a los nueve jóvenes – fueron los primeros estudiantes afroamericanos en ingresar en la Escuela Secundaria Central de Little Rock.
El 2 de septiembre de 1957, la noche anterior al que iba a ser el primer día de los adolescentes en las aulas de la escuela, el gobernador de Arkansas, Orval Faubus, ordenó a la Guardia Nacional del estado que bloqueara su entrada. Faubus dijo que era por la seguridad de los nueve estudiantes.
El 4 de septiembre, apenas 24 horas después de que un juez federal ordenara que los Nueve de Little Rock empezaran a asistir a clase en Central High, una turba beligerante, junto con la Guardia Nacional, impidió nuevamente que los adolescentes ingresaran en la escuela.
Dieciséis días después, un juez federal ordenó a la Guardia Nacional que se retirara. Los estudiantes negros entraron custodiados por la policía y lograron permanecer tres horas en clase, antes de que un tsunami blanco los arrastrara fuera de campus. Los propios profesores los enviaron a casa
Finalmente, el 25 de septiembre de 1957, tras una petición del alcalde de Little Rock, Woodrow Mann, el presidente Dwight Eisenhower federalizó a la Guardia Nacional y envió tropas del ejército estadounidense al lugar. Custodiados personalmente por soldados de la Guardia Nacional y de la 101.ª Aerotransportada del Ejército, los Nueve de Little Rock comenzaron a asistir regularmente a clases en Central High.
Esto no quita para que los estudiantes afroamericanos fueran acosados, abucheados y amenazados, día tras día, pero poco a poco consiguieron entrar en aguas profundas. El 27 de mayo de 1958, Ernest Green se convirtió en el primer afroamericano graduado en el Central High.
En Nueva York, el 5 de mayo de 1959, los siguientes músicos entraban en un estudio del sello Columbia: Charles Mingus, contrabajo y líder; Horace Parlan, piano; Dannie Richmond, batería; Jimmy Knepper, trombón; John Handy, saxo alto; Booker Ervin, Curtis Porter, saxos tenores. Grabaron cinco de los nueve temas que conforman al álbum titulado «Mingus Ah Um», uno de los mejores trabajos del contrabajista. Entre ellos se encontraba el titulado «Fables of Faubus», cuya letra decía así:
¡Vaya! Gracias damas y caballeros
Recordad, nada de aplausos y estad tranquilos.
No hagáis ruido con el hielo en los vasos con bebida
Que la caja registradora no suene
¿Está todo listo?
Está bien
Nos gustaría continuar con esto, continuar con esto.
Continuar con una composición,
Dedicada al primer, segundo o tercer canalla totalmente americano: Faubus
Oh, Señor, no dejes que nos disparen.
Oh, Señor, no dejes que nos apuñalen
Oh, Señor, no más esvásticas
Oh, Señor, ¡no dejes que nos llenen de alquitrán y nos emplumen!
Oh, Señor, no más Ku Klux Klan
Nómbrame alguien que sea ridículo, Dannie:
¡El Gobernador Faubus!
¿Por qué es tan enfermo y ridículo?:
No permite las escuelas integradas
¡Entonces es un tonto!
¡Supremacistas, fascistas, nazis!
Ku Klux Klan (Con su plan Jim Crow)
Dime un puñado de tipos que sean ridículos, Dannie Richmond:
Bilbo, Thomas, Faubus, Russel, Rockefeller, Byrd, Eisenhower
¿Por qué son tan enfermizos y ridículos?:
Dos, cuatro, seis, ocho:
Te lavan el cerebro y te enseñan a odiar.
H-E-L-L-O, Hola
¡Supremacistas, fascistas, nazis!
Ku Klux Klan (Con su plan Jim Crow)
Cuando los directivos del sello Columbia escucharon esta explícita letra antirracista y en contra del canalla gobernador Orval Faubus se negaron en redondo a publicar la canción. Así que a Mingus no le quedó otro remedio de eliminar sus gruesas palabras. «Fables of Faubus» terminó convirtiéndose en un tema instrumental.
El 20 de octubre de 1960 y para el sello Candid – fundado ese mismo año por el historiador, novelista y crítico de jazz, Nat Hentoff – Charles Mingus grabó un álbum titulado «Charles Mingus Presents Charles Mingus» e incluyó el tema dedicado al gobernador Faubus, pero incorporándole la controvertida letra. Lo tituló Original Faubus Fables, por problemas contractuales con Columbia. Los músicos fueron los siguientes: Ted Curson, trompeta; Eric Dolphy, saxo alto, clarinete bajo; Charles Mingus, contrabajo y voz; Dannie Richmond, batería y voz.
Para conocer de que pasta estaba hecho el señor Mingus valga recordar esta historia:
En octubre de 1972, Charles Mingus fue una de las tres docenas de figuras importantes de la música afroamericana homenajeadas durante una ceremonia de graduación en la Universidad de Yale. El profesor de música, Willie Ruff bautizó al evento, «The Conservatory Without Walls« y formó parte de la adjudicación de las «Becas Duke Ellington» que concedía la universidad. En un momento dado, Mingus participó en una improvisación épica con cinco compañeros incondicionales del bajo: Milt Hinton, Ray Brown, Slam Stewart, George Duvivier y el entonces bajista de Ellington, Joe Benjamin.
En el trascurso de esa jam-session, alguien anunció una amenaza de bomba, lo que provocó que las autoridades comenzaran a evacuar a la gente de la sala. Mingus fue el único del grupo que se negó a ceder. «El racismo puso la bomba, pero los racistas no son lo suficientemente fuertes como para acabar con esta música», le ladró a un capitán de policía. «Si voy a morir, estoy listo, pero saldré a tocar «Sophisticated Lady». Y comenzó a interpretar la balada eterna de Ellington, convirtiéndola en una reflexión solista mientras todos los demás salían del edificio. La escritora neoyorquina, Claudia Roth Pierpont comentó que también «la balada se convirtió en una canción de protesta, ya que la actuación seguía y seguía, subiendo de tono. En la calle, Ellington se encontraba entre la multitud que esperaba justo al otro lado de las puertas abiertas del teatro, sonriendo».

