Los Standards (VI): «Take the ‘A’ Train»

Langston Hughes
Billy Strayhorn
Ray Nance
Billy Strayhorn

Los Standards (VI): «Take the ‘A’ Train»

La letra de la canción «Take the ‘A’ Train» cuenta lo siguiente:
Debes tomar el tren ‘A’ para ir a Sugar Hill en Harlem / Si lo pierdes te darás cuenta de que no hay una ruta más rápida para llegar a Harlem / Date prisa, venga que ya viene / Escucha como traquetean los rieles / Todos a bordo, suban al tren ‘A’ / Pronto te hallarás en Sugar Hill en Harlem.

El tren ‘A’ se inauguró el 10 de septiembre de 1932 y recorría todo Manhattan, desde la estación de la 207th Street hasta la de Chambers Street. El 9 de abril de 1936, empezó a funcionar como un tren expreso desde la calle 207 hasta Rockaway Avenue en Brooklyn. A partir de junio, estableció una parada en la 145th Street situada en el corazón de Sugar Hill, al oeste de Harlem. The ‘A’ Train tardaba alrededor de 15 minutos en recorrer los 5,5 kilómetros que separaban la calle 207 de la 145. Hoy en día, se ha convertido en el tren de Nueva York con el recorrido más largo: 52 kilómetros, que unen el alto Manhattan con Rockaway Park en Queens.

Sugar Hill recibió su nombre en la década de 1920, cuando el barrio se convirtió en un lugar donde se asentaron afroamericanos adinerados durante The Harlem Renaissance (1920 – 1930). Contaba con mansiones tradicionales de la época victoriana (algunas de ellas forman parte actualmente del National Register of Historic Places) y de elegantes casas adosadas que fueron habitadas por importantes figuras del jazz como Duke Ellington o Cab Calloway. El poeta, Langston Hughes escribió un ensayo al que tituló «Down Under in Harlem» publicado en The New Republic en 1944. En una parte del mismo relataba:
“No des por hecho que todo Harlem es un barrio marginal. No lo es. Hay grandes edificios de apartamentos en la colina, Sugar Hill y cerca del City College, casas con un alquiler elevado con ascensores y porteros, donde las familias de color envían a sus bebés a jardines de infancia privados y a sus hijos a la Ethical Culture School”.

Cabe dentro de lo posible que Duke le indicara a Billy Strayhorn que, para ir a su casa, sita en Sugar Hill, la mejor manera era tomando The ‘A’ Train. Esta recomendación bien pudo ser la causante de que Strayhorn le dedicara una canción al tren: “La escribí sin ningún esfuerzo, como si se tratara de una carta para algún amigo. La compuse en 1939, aunque no la usé de inmediato. Entonces pensé que era un tema con una estética parecida a las de Fletcher Henderson y no estaba seguro si encajaría con el estilo de Ellington”.

Nada más empezar el año 1941, la todo poderosa American Society of Composers, Authors and Publishers (ASCAP) exigió a las radios un aumento del 100% de las regalías que hasta ese momento pagaban por emitir la música de sus asociados. Las radios se negaron y la ASCAP (que prácticamente era un monopolio) declaró una huelga mediante la cual ninguna de las canciones que tenía registradas se podía emitir en las radios.
A la banda de Duke Ellington, que en esos momentos estaba actuando en el restaurante – night club “Casa Mañana” sito en el Washington Boulevard en Los Ángeles, esa restricción le supuso un serio quebranto, ya que su performance era radiada todas las noches. Bajo esa tesitura se puso en contacto con Billy Strayhorn y con su hijo Mercer para pedirles que le mostraran todas las canciones que tenían compuestas, ya que ninguno de los dos era miembro de ASCAP.
Billy y Mercer quedaron en casa del pianista para unir criterios a la hora de elegir qué partituras le enseñarían a Duke. Estaban a punto de salir cuando Mercer vio que Billy cogía una partitura hacía una bola con ella y la enviaba a la papelera. Mercer se sorprendió por este repentino gesto y la recogió, la alisó, la leyó y le dijo a Billy: “Ya te he dicho que esto es muy bueno. Tiene que verla mi padre”. Y de esta manera la canción «Take the ‘A’ Train» entró en el universo ellingtoniano.

La canción de Strayhorn obtuvo un éxito inusitado entre los radioyentes, al punto de que Ellington la convirtió en su “signatura theme”, puesto que ocupó durante quince años, sustituyendo a la titulada «Sepia Panorama».
Quincy Jones le dedicó estas palabras: «Take the ‘A’ Train» fue el Santo Grial. Identifica a una población, identifica un estilo de vida: el de “Harlem Renaissance”. Es increíble. Abarca todo y lo dice todo en 32 compases”.

El trompetista, violinista y cantante, Ray Nance llevaba tres meses de permanencia en la banda del Duque, cuando este le informó que tenía programada una sesión de grabación para el 15 de febrero de 1941, en la cual tenía pensado incluir el tema «Take the ‘A’ Train». Además, le anunció que él se iba a convertir en el protagonista de la canción. El “solo” que improvisó Nance se encuentra entre las páginas más logradas de la historia del jazz, devolviéndole con creces la confianza que Duke había depositado en él. Cuando Cootie Williams volvió nuevamente a la orquesta en 1962 (de la que salió Nance) cada vez que interpretaban «Take the ‘A’ Train», Cootie tocaba todas y cada una de las notas de la improvisación que Nance inmortalizara aquel 15 de febrero de 1941.

En cuanto el 78rpm salió al mercado logró entrar en las listas de los discos más vendidos donde permaneció durante siete semanas.

Creo interesante comentar cómo terminó la huelga declarada por ASCAP, ya que directamente fue la “culpable” de que «Take the ‘A’ Train» fuese interpretada por la orquesta de Ellington alcanzando unas cotas altas de éxito a todos los niveles.

Las emisoras, para combatir el órdago que les había lanzado la ASCAP, decidieron crear su propia organización a su imagen y semejanza a la que denominaron Broadcast Music, Inc, conocida como BMI. Al empezar de cero, las grandes estrellas brillaban por su ausencia – sobre todo los grandes y no tan grandes compositores y letristas del Tin Pan Alley – empezó a firmar acuerdos con artistas de géneros «marginales» que la ASCAP ignoraba: blues, country, gospel y a una buena parte de los músicos de jazz (exceptuando a sus máximas figuras). Además, les concedió un tiempo de radio a temas folclóricos tradicionales de autor o autores desconocidos, siendo la mayoría de ellos populares y del agrado de los oyentes. Este sistema les funcionó muy bien a la BMI, y la ASCAP, después de diez meses de huelga, no le quedó otro remedio que claudicar y aceptar, además, una tarifa mucho más baja que el 5% que tenía antes de comenzar la huelga. Esa cifra disminuyó hasta un 2,75% para las grandes radios con una amplia cobertura estatal y en un 2.25% para las emisoras locales. Esos porcentajes se calculaban sobre los ingresos netos que obtenían las radios, que en su mayor parte procedían de las cuñas publicitarias y de los sponsors. En definitiva, este desenlace fue una clara victoria de las radios sobre la, hasta entonces, todo poderosa ASCAP.

En febrero de 1943, se estrenó la película musical titulada «Reveille With Beverley» plagada de grandes nombres en la órbita del jazz: las orquestas de Count Basie, Bob Crosby, Freddie Slack junto a cantantes como Frank Sinatra o The Mills Brothers. Duke Ellington aportó a la banda sonora una nueva versión de «Take the ‘A’ Train» con la particularidad de que fue cantada por Betty Roché y el coro (a la manera de los de la Época del Swing) estuvo formado por Ray Nance, Rex Stewart y Harry Carney. Los dos primeros trompetistas y el tercero el saxo barítono de la banda del Duque.

El vínculo que existió entre Duke Ellington y el Carnegie Hall – la sala de conciertos por excelencia de Norteamérica – fructificó durante los más de cincuenta años que perduró su carrera artística. Él, al frente de su orquesta, se adueñó de sus escenarios en más de cuarenta ocasiones. Además, la historia que atesoraba tan ilustre recinto lo convirtió en un espacio idóneo para que Duke presentara por primera vez ante la audiencia obras más extensas, como de hecho así sucedió en varios conciertos.
El 13 de noviembre de 1948, la orquesta de Ellington ofreció su sexta y última audición de esa década en el Carnegie. En ella incluyó una composición basada en «Take the ‘A’ Train» alejándose de la estructura de baile que esta poseía para convertirla en una pieza de concierto más compleja de casi ocho minutos. También, le cambiaron el título por el de «Manhattan Murals» y Ellington aparece como compositor junto a Billy Strayhorn. Esta melodía no es muy conocida (incluso no aparece en algunas discografías de Duke) ya que dicho concierto de finales de 1948 se comercializó y de forma íntegra en un doble CD en 1991 bajo el sello Vintage Jazz Classics (VJC-1024/25).

The Delta Rhythm Boys, en el año 1942, rodaron un «soundie» que recogió la versión que grabaron de «Take the ‘A’ Train», el 21 de agosto de 1941 para el sello Decca. Su puesta en escena nos transporta con un poco de imaginación a lo que pudo ser tomar el Tren A, en aquellos años, llegar a Sugar Hill y dirigirse a uno de sus night clubs. The Delta Rhythm Boys con unas excelentes armonías (atención al cambio de tono (1’34”) y añadiéndole más letra a la original nos invitan a ser uno de los pasajeros que suben a bordo. Envidia me dan.

Billy Strayhorn abandonó este mundo el 31 de mayo de 1967. Dejó estipulado en su testamento que su funeral debía de concluir con la interpretación de «Take the ‘A’ Train» como marcha fúnebre. Los encargados de tocarla fueron Billy Taylor y Ray Nance, al piano y al violín respectivamente. Así mismo, redactó que sus cuatro íntimos amigos tomaran el Tren ‘A’, se dirigieran a Harlem y entraran en el Showman’s Café (el local donde habitualmente se reunían los cinco) y con una copa en la mano brindaran por él.
Por último, pidió ser incinerado. Al día siguiente, sus allegados más cercanos, se reunieron en el embarcadero de la calle 79, al pie del Riverside Park, donde Strayhorn solía dar sus paseos matutinos. El reverendo John Gensel, de espaldas al río, rezó una oración. Se giró y esparció las cenizas de Strayhorn sobre las aguas del Hudson y una suave brisa las dispersó.

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