La Ignorada «Lee Morse»: ¿La Mejor Cantante Blanca de los Años Veinte?

Lee Morse
Annette Hanshaw
Lena Corinne Taylor
Mineros en Leadville
Campamentos mineros en Leadville
Lena Morse
Alexander Pantages
Lee Morse
Lee Morse
Lee Morse & Bob Downey
Lee Morse
La Ignorada «Lee Morse»: ¿La Mejor Cantante Blanca de los Años Veinte?

La década de los años veinte del siglo pasado, en los Estados Unidos de Norteamérica, se despertó con la entrada en vigor de la llamada Ley Seca. A mitad de camino las mujeres consiguieron su derecho al voto. Su despedida estuvo rodeada de negros nubarrones que presagiaban La Gran Depresión.
En cuanto a la música se refiere, las radios jugaron un papel fundamental emitiendo en directo los éxitos del momento. Hay que hacer hincapié en que estaba considerado un recurso de poca categoría retrasmitir a través de las ondas música grabada (discos). Cada emisora contaba con su propia orquesta, grande o pequeña, dependiendo de sus posibilidades crematísticas.
Otro acontecimiento importante, en el aspecto musical, acaeció el 29 de octubre de 1923 que fue cuando se estrenó en el New Colonial Theatre de Broadway el musical «all black», titulado «Runnin’ Wild» que llegó a 228 representaciones. Música de James P. Johnson y letra de Cecil Mack. En la obra se representaron dieciséis canciones siendo la titulada «Charleston» que cerraba el primer acto, la que acuñó el nombre del baile que caló intensamente en todos los estratos de la sociedad, escandalizando a los de siempre. El charlestón contribuyó, en la parte que le corresponde, al cambio de los roles que la sociedad les tenía adjudicados a las mujeres. El caso más palpable lo constituyeron las llamadas “flappers”. Tenéis a vuestra disposición mi artículo «James P. Johnson: The Charleston & The Stride-Piano»

Si nos olvidamos de las cantantes femeninas afroamericanas que triunfaban en los años veinte y dirigimos muestra mirada hacia las vocalistas femeninas blancas nos encontraremos, principalmente, con estos nombres: Ruth Etting, Annette Hanshaw, Marion Harris, Sophie Tucker, Helen Kane y la protagonista de este artículo, Lee Morse. Todas ellas tienen su sitio en la historia de la música americana, pero bien es verdad que raramente se las tiene en cuenta. Salvo que seas un estudioso de los felices y locos años veinte, que el aroma de Chanel nº 5 perfumó todos y cada uno de sus maravillosos y provocativos momentos, no tendrás el gusto de encontrarte con ellas.

De las seis cantantes arriba referenciadas, únicamente Annette Hanshaw y Lee Morse vinieron a este mundo en el seno de familias donde la música estaba muy presente. La primera vivió el vodevil desde su más tierna infancia gracias a sus tíos, Nellie McCoy y Bob «Uke» Hanshaw, ambos intérpretes del citado espectáculo. En cuanto a Lee Morse, aunque la naturaleza la dotó de una extraordinaria voz y de una lúcida personalidad creativa, ninguna de esas dos aptitudes habría alcanzado su cenit si no hubiera formado parte de una familia con talento, ambiciosa y con una sensibilidad orientada hacia la música.

Lee Morse nació como Lena Corinne Taylor probablemente en 1897 y fue la novena de un total de doce hermanos. Tampoco está muy claro donde aterrizó en este mundo, aunque algunos estudiosos la ubican en Portland, Oregón.
Su padre, Pleasant John Taylor (1856 – 1938) fue un predicador evangélico itinerante que se desplazaba constantemente, junto a su familia, por los estados de Texas, Colorado, Oregón e Idaho.
Pleasant se casó con Nannie E. House en 1876, y ambos tuvieron cuatro hijos, dos niñas y dos niños. La mujer murió por causas que se desconocen en 1886. Al cabo de un año contrajo nuevas nupcias con Olive Fleming Higgins.
Mientras viajaba por los diferentes estados, la familia Taylor se divertía por la noche cantando, bailando y montando sketches improvisados propios del vodevil.

En el año 1895, los Taylor estaban recorriendo las Rocky Mountains, parándose en todas aquellas ciudades que Pleasant consideraba idóneas para ejercer su ministerio. Llegaron a Leadville, una ciudad llena de mineros en busca de yacimientos de plata, con la economía familiar bajo mínimos. El reverendo consideró que, si su objetivo era ganar dinero, difícilmente lo alcanzaría predicando la palabra de Dios a unos trabajadores rudos, salvajes y alborotadores. Llegando a la conclusión de que la única solución factible, para despertar su interés, pasaba por ofrecerles un espectáculo de entretenimiento centrado principalmente en la música.
Los Taylor, con la parafernalia que poseían de todos los tipos de actuaciones consustanciales con el vodevil y practicados noche tras noche en su casa, no les sería demasiado complicado montar uno de verdad para representarlo ante los mineros.
Cuando Pleasant entendió que el stage estaba listo, con los pocos centavos que le quedaban, imprimió un cartel en el que presentaba su espectáculo de vodevil protagonizado por The Taylor Family Concert Company: P.J. Taylor, intérprete texano de canciones vaqueras. Olive Taylor, especializada en antiguas y populares baladas. The Taylor Male Quartette: Ferris, Slade, Quintus y E.K., admirados por sus precoces armonías. Además, invitaba cordialmente al público a asistir a un entretenido y disfrutable espectáculo donde sería ampliamente recompensado viendo y escuchando a la talentosa compañía de artistas vocales. La función estaba programada para esa noche, a las 20:00 y el precio de la entrada era de 50c.

Esa noche, el local estaba lleno de expectantes mineros y según se bajaba el telón, los Taylor al completo entonaron la canción «Dixie». Primeros aplausos. El espectáculo continuó según el programa previsto y fue el cuarteto de chicos el que recibió las mayores ovaciones, les pidieron varios bises, e incluso varias monedas fueron lanzadas al escenario por un público entregado.
Pleasant, a tenor del éxito cosechado comenzó una gira por los cientos de campamentos mineros presentando en cada uno de ellos a The Taylor Family Concert Company. Este peregrinaje les llevó casi dos años, pero Pleasant consiguió el dinero suficiente como para comprarse una granja cerca de la ciudad de Summerville en el estado de Oregón. Estamos en 1897, el año en el que nació Lena Taylor, y es por ello por lo que ciertos biógrafos citan a Summerville como la ciudad donde ella nació, en vez de Portland (que se encuentra a 441 kilómetros de distancia).

Lena pasó sus primeros once años de vida en la granja donde se aprendió todas las canciones que conocían sus hermanos mayores, para inmediatamente cantar junto a ellos. A partir de 1908, los Taylor se desplazaron a la ciudad de Kooskia, Idaho, ya que, por unas malas inversiones que realizo Pleasant referentes al ferrocarril, un banco le embargó la granja. Los siguientes años fueron difíciles y al jefe de familia no lo quedó otro remedio que retomar su actividad de pastor itinerante, aunque sus necesidades dinerarias habían descendido ya que tenía a su cargo únicamente a los cuatro hijos más pequeños, incluida Lena. Los mayores ya volaban por su cuenta.

En cuanto a Lena, a los catorce años (1911), guitarra en mano, comenzó a recorrer todos los locales de los alrededores susceptibles de acoger su música. Este hecho es destacable, ya que por entonces era totalmente inusual que una mujer actuara acompañándose únicamente de su guitarra. Tenemos que esperar a la década de los años treinta para que la cantante afroamericana de blues, Memphis Minnie, realizase su performance de igual modo. (Realizó su primera grabación en 1929).
El 2 de mayo de 1915, Lena se casó con un carpintero oriundo de Wallace, Idaho, de nombre. Elmer Morse. Al año siguiente nació su hijo Jack.
Mientras todo esto sucedía, Pleasant Taylor se fue involucrando poco a poco en la política, pero lo suficiente como para ser elegido delegado por Idaho, en la Convención Nacional Demócrata de 1920 celebrada en San Francisco y más concretamente en el St. Francis Hotel. Pleasant se llevó consigo a su hija Lena a la Convención.

En el fin de fiesta que se celebró en el citado hotel, Lena tuvo la oportunidad de demostrar sus habilidades como cantante acompañada de su inseparable guitarra. El productor de vodevil, Will King vio y escuchó su pequeño recital y eso le bastó para contratarla para su espectáculo. King y Morse permanecieron juntos durante un año. Seguidamente fueron los cómicos Clarence Kolb y Max Dill (Kolb and Dill) los que la llamaron para que formara parte de su show y también fue un año el tiempo que colaboró con ellos.
Llegamos al año 1922 y Lena Morse dio un importante salto en su carrera al proponerle Alexander Pantages que formara parte de su elenco de artistas.
Alexander Pantages (1867 – 1936) fue un importante empresario del vodevil y uno de los primeros productores cinematográficos. En los años 20 llegó a operar con 84 teatros (la mayoría de su propiedad) repartidos entre Norteamérica y Canada.
La actuación más destacada de Morse en el vodevil se tituló «Do You Remember One Small Girl A Whole Quartet?», que podría traducirse como: «¿Recuerdas a una muchacha pequeña que parecía ella sola todo un cuarteto?». Duraba quince minutos, y Lena interpretaba las canciones como soprano, mezzosoprano o contralto, gracias a su extraordinaria tesitura vocal, (de la cual hablaremos más adelante).

Después de que Lena llevase pisando los escenarios de los teatros de Pantages durante más de un año, Broadway se interesó por ella. Los productores Lee y J.J. Schubert se pusieron en contacto con Lena para ofrecerle uno de los papeles de protagonista en un musical que se estaba montando y que llevaría el nombre de «Artist and Models».  Este llamamiento representó para la cantante una escalera que la llevó a un nivel significativo dentro del show business.  El musical se estrenó en el Shubert Theatre, el 20 de agosto de 1923 para pasar a continuación al Winter Garden Theatre, el 24 de marzo de 1924, representándose entre ambos escenarios 312 veces. Esta obra estaba compuesta por diversos sketches y en uno de ellos, Lena Morse cantó varias composiciones suyas acompañada por su guitarra y por el ukelele. No se conoce cuáles fueron las canciones que Lena interpretó, además según la respuesta del público cambiaba su repertorio. Curiosamente, este espectáculo «Artist and Models» tiene su lugar en historia de Broadway, principalmente, porque las coristas, en algún momento y por primera vez, bailaron con el torso completamente desnudo sobre los escenarios de un teatro de Broadway.

La revista Variety fue de las primeras en comentar las extraordinarias capacidades vocales de Lena Morse tras su paso por Broadway: “Ella logra un registro grave y un volumen que igualan en tono a un bajo masculino, pero su voz femenina posee una riqueza y una dulzura que no se encontraría en una voz masculina. Su registro agudo es tan agradable y suave como la mayoría de las voces femeninas, incluso las supera. Cubre todo el registro con una facilidad asombrosa… parece imposible que tal volumen, tal potencia y tal delicadeza puedan ser producidos por las mismas cuerdas vocales… Es una chica dulce, apacible y siempre sonriente, cuya apariencia no sugiere en absoluto la voz mágica que posee”.
Lee Morse poseía una tesitura vocal que alcanzaba tres octavas, lo que la situaba al mismo nivel que las grandes damas del jazz como Sarah Vaughan o Ella Fitzgerald.

Lo único que le faltaba a Lena Morse para completar su entrada en el show bussines era que una compañía discográfica la contratara para que formara parte de su catálogo de artistas. Esto se hizo realidad a mediados de 1924, nada más terminar el musical «Artist and Models».
La filial estadounidense del sello francés Pathé llegó a un acuerdo con Lena Morse para ocuparse de la grabación y distribución de sus discos, a través de su filial, Perfect. La cantante permaneció en el citada discográfica desde octubre de 1924 hasta noviembre de 1926. En ese período de tiempo grabó 94 canciones. También, y para darle un toque más moderno y artístico, el nombre de Lena lo cambiaron por de Lee.
Lee Morse realizó su primera sesión el 7 de octubre de 1924 grabando cuatro canciones acompañadas únicamente con su guitarra. Una de ellas fue la titulada «Bring Back Those Rock-A-Bye Baby Days» con música de Abner Silver y Saul Bernie y letra de Harold Christy para el musical de Broadway «Kid Boots» protagonizado por Eddie Cantor en junio de 1924.
La escucha de este tema nos demuestra el dominio vocal de Lee, sobre todo hacia la parte final donde canta una especie de “scat”, saltando de una octava a otra, con una habilidad que deja empequeñecidas a las demás vocalistas blancas de su época.

La discográfica Pathé le dio manga ancha a Lee para que grabase sus canciones a su gusto, dejándole que experimentase con su voz y le sacase todo tipo de sonidos complicados de definir. Además de proporcionarle una banda entre cinco y seis componentes que normalmente ella los elegía. Es una pena que en las grabaciones originales no se indique quiénes fueron esos músicos en cada sesión.
Se editaron tres recopilaciones de Lee Morse: El sello Take Two Records en 1982 y 1998, con los títulos de «Lee Morse Revisited» (con 14 canciones) y «Lee Morse: A Musical Portrait» (con 20 canciones), respectivamente. El sello Jasmine en 2005 sacó 2CD Set con el título de «Lee Morse Echoes of a Songbird» con 50 canciones.
Estos álbumes tampoco aportaron información sobre quiénes fueron los músicos en las diferentes sesiones. Lo que sí sabemos es qué músicos, a lo largo de los años, formaron parte de la banda que se denominó «The Blues Grass Boys» (nada que ver con el bluegrass de la música country). Estos son los nombres de los más conocidos: Rube Bloom (p), Jimmy Dorsey (cl, as), Tommy Dorsey (tb, tp), Benny Goodman (cl), Eddie Lang, (g), Red Nichols (c, tp), Adrian Rollini (bs), Frank Signorelli (p), Miff Mole (tb), Phil Napoleon (tp), Tom Stacks (d), Carl Kress (g).

En agosto de 1925, Lee Morse junto a «The Blues Grass Boys» grabó la canción «Sweet Man» composición de Maceo Pinkard con letra de Roy Turk escrita ese mismo año.

En el año 1926, su marido Elmer Morse falleció a causa de la escarlatina, aunque él había conseguido divorciarse de ella un año antes, ya que Lee apenas pisó la casa conyugal durante cinco años.

En el año 1927, Lee Morse pasó a engrosar la lista de los artistas del sello Columbia desde marzo de 1927 hasta agosto de 1932. En ese tiempo dejó grabadas 95 canciones, la mayoría de ellas con el grupo «The Blues Grass Boys». La discográfica no puso ningún reparo en que ella continuara experimentando con su voz logrando mantener ese estilo tan personal que la distinguió de las demás cantantes de su época.
Columbia le preparó su primera sesión el 16 y 17 de marzo de 1927. En ese par de días, Lee dejó grabadas ocho canciones. Una de ellas fue la titulada «Ain’t he sweet» escrita la música por Milton Ager y la letra por Jack Yellen. Este tema será uno de los más famosos y perdurables de los catalogados como “flapper’s songs” que surgieron en la época del charlestón. La discográfica denominó a la banda que acompañó a Lee Morse durante el año 1927 como «Southern Serenaders».

A principio de 1930, el poderoso productor de Broadway, Florenz Ziegfeld le ofreció a Lee Morse el papel de protagonista femenina en el musical titulado «Simple Simon» con música de Richard Rodgers y letra de Lorenz Hart. En uno de los ensayos generales, ya que la fecha del estreno estaba relativamente cerca, Lee Morse apareció por el teatro con un montón de copas de más, ni se acordaba de la música ni de la letra de las canciones. Su despido fue fulminante y le dieron su papel a Ruth Etting, una de las cantantes más famosa en aquellos años. (Tenéis a vuestra disposición mi artículo: «Ruth Etting una vida de película»). «Simple Simon» se estrenó el 18 de febrero de 1930 y permaneció en cartel durante 135 representaciones. Ruth Etting triunfó con la canción del musical titulada «Ten cents a dance», que la mantuvo en su repertorio hasta que se retiró de los escenarios.
Lee Morse perdió la oportunidad de ser más famosa, ya que ella se hubiese llevado toda la gloria, y lo que es peor, se le cerraron las puertas de Broadway para siempre.

Lee Morse no se fue abajo, después de que le mandaran con viento fresco de Broadway, ya que rodó ese mismo año de 1930 tres cortometrajes como protagonista: «Million Mes» en abril para la Paramount, «The Music Racket» en junio para Vitaphone y «Song Service» en octubre para la Paramount.

La grabación de discos para Columbia no sufrió ninguna alteración. El 20 de febrero de 1931, Lee Morse junto a «The Blues Grass Boys» grabó uno de los grandes standards de la música norteamericana: «Walkin’ my baby back home». Escrito música y letra por Roy Turk, Fred E. Ahlert y Harry Richman en 1930.

Nada más terminar su contrato con Columbia en agosto de 1932, Lee sufrió una dolencia en la garganta con el temor de que no pudiera volver a cantar. Después de pasar un tiempo con sus familiares en Gainesville, Texas, recuperó su voz y comenzó a presentarse en varios clubs en la zona de Forth Worth, Dallas, acompañada del pianista Bob Downey. Lee y Bob traspasaron los límites de lo que en un principio era una unión puramente musical, y se convirtieron en pareja de hecho y no está muy claro si llegaron a casarse.
El dúo actuó con regularidad entre 1934 y 1935 en el Sylvan Club, ubicado en lo que hoy es Arlington, Texas. Este local fue destruido por un incendio en la madrugada del 12 de julio de 1935. Se originó en el camerino que Lee tenía en segundo piso y perdió una docena de costosos vestidos y varias joyas. Existen diferentes versiones en cuanto a si la pareja tenía algún tipo de participación en la propiedad del Sylvan Club. El periódico Forth Worth Press publicó una noticia que decía: “Lee Morse, la estrella del Sylvan Club probablemente ha batido un récord mundial al cantar 41 bises en las dos funciones de esta noche”.

A primeros de 1938, el sello Decca se interesó por Lee Morse y le preparó una sesión el 2 de marzo de ese año. Dejó grabada seis canciones entre las que se encuentra el tema tradicional «Careless love», del cual, en 1926, W.C. Handy registró su autoría en su propia editorial musical. Lee Morse, en este caso dejó aparte el “scat”, pero demostró su poderío vocal subiendo una octava en medio de la canción.

En el año 1939, Lee Morse y Bob Downey se desplazaron a Rochester, Nueva York, donde estuvieron actuando en los mejores night clubs, hasta que a mediados de 1940 su relación se hizo añicos ya que, como si se tratara de un melodrama hollywoodense, Bob se fugó con una bailarina de striptease.
Durante algo más de un año, Lee se refugió en la bebida como remedio a los difíciles momentos por los que atravesaba su vida personal. La rescató de su infierno particular una figura ajena a su familia y al mundo del espectáculo. Ray Farese, operador de comunicaciones para los departamentos de policía y bomberos de la ciudad de Rochester, le ofreció un salvavidas y Lee se agarró a él. Se casaron en 1946 y Farese se convirtió en su manager. Le consiguió un programa en la radio local de Rochester y le programó actuaciones en diversos clubes nocturnos de la zona. Pero, por encima de todo, le proporcionó a Lee un entorno doméstico feliz y estable durante los años finales de la vida de la artista.

En año 1950, el sello Decca volvió a fijarse en Lee Morse y le programó una sesión el 19 de mayo. Grabó, junto a una banda, a la que de nuevo llamaron «The Blues Grass Boys», cuatro canciones. Una de ellas fue una composición suya titulada «Don’t ever change a picture on the wall».
Cuando los dos singles salieron al mercado no tuvieron una gran aceptación, excepto en la zona de Rochester donde Lee Morse era conocida.
Los años cincuenta ya no eran propicios para cantantes como Lee Morse. Su tiempo ya se había terminado diez años antes y ahora lo que triunfaba era el rhythm & blues, que se convertiría en pocos años en el rock and roll.

El 16 de diciembre de 1954, Lee Morse estaba en su casa y decidió visitar a su vecina. Tocó el timbre de su puerta y se cayó redonda al suelo muriendo en el acto. Tenía 57 años.
Su marido, Ray Farese, falleció poco tiempo después.

Lee Morse, fue, sin duda una de las mejores cantantes de todos los tiempos. Con un estilo único e irrepetible, sutil y profundo. Además, se supo rodear, en casi todas sus grabaciones, por músicos talentosos que, como ella, tocaban con igual delicadeza. Pero el trascurrir del tiempo no ha sido en absoluto benévolo con su memoria.
Lee Morse fue una mujer motivada, trabajadora y extremadamente talentosa, con la capacidad de adaptarse y beneficiarse de los muchos cambios tecnológicos y sociales que se produjeron durante su carrera. Sobre su vida personal, de la cual existen muchas lagunas, solo ella supo hasta qué punto le pudo afectar en el devenir de su existencia.

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