Harlem: La Metrópoli Negra

Bailarines en una calle de Harlem
Peter Stuyvesant
Inauguración del primer metro en Nueva York – 1904
Harlem alrededor de 1900
Philip A. Payton
Pintura alusiva a la Gran Migración de 1915-1916. Jacob Larence – Migrations Serie
Aaron Douglas_Aspects of Negro Life
James Weldon Johnson
Langston Hughes – Foto; Carl Van Vechten
A’Leila Walker
Geraldyn Dismond fotografiada en julio de 1951
Ted Heath & His Music
Duke Ellington & Ivie Anderson
Harlem: La Metrópoli Negra

En el artículo de hoy no voy a centrarme especialmente en la música sino en el enclave donde ella fue el nexo de unión de todos sus moradores y también donde se convirtió en un potente imán que atrajo a todas aquellas personas ávidas de diversión, de todas las clases sociales, y que no tenían la suerte de vivir en su entorno. La música se paseó por sus calles, se coló en sus casas y normalmente se fabricó en lujosos clubs de etiqueta o en perdidos antros sin etiqueta. Nunca había existido un territorio donde la música había estado tan presente y se había escuchado, bailado, creado e interpretado como en el Harlem neoyorquino en los años veinte y treinta del siglo pasado.

En el año 1658 el gobernador holandés Peter Stuyvesant, padre de Nueva York, llamó Nieuw Haarlem a unas tierras que comprendían casi todo el norte de Manhattan en memoria de la ciudad de Haarlem capital de la provincia de Holanda Septentrional. Cuando los ingleses conquistaron ese territorio en 1664 le cambiaron el nombre por el de Harlem.
Los primeros habitantes europeos que se asentaron en esta zona fueron casi en su totalidad labradores que poseyeron sus correspondientes esclavos negros. Aunque sea de una forma un tanto “peculiar” la presencia del afroamericano está presente en Harlem desde el comienzo de su historia.
Harlem estuvo dividido geográficamente en dos partes bien diferenciadas desde sus orígenes. Por un lado, el Harlem llano situado en el centro y en el este y el Harlem alto ubicado al oeste y rodeado de escarpados acantilados. Esta última zona con su saludable brisa y sus espectaculares paisajes es el objeto de este escrito.

Harlem 1812 – Harlem 1915

La gran metamorfosis de la parte alta de Harlem empezó en la última década del siglo XIX. Se construyeron casas por doquier para su venta o alquiler y, en algunos casos, prestigiosos arquitectos diseñaron mansiones tan lujosas que bien las quisiera la ciudad de Nueva York. En este mercado inmobiliario se movieron compradores de clase media y media-alta que encontraron en Harlem un ambiente tranquilo para vivir y a un coste menor que en otras partes de Manhattan.
El vecindario del nuevo Harlem estuvo formado, casi en su totalidad, por personas nacidas en América, blancas y protestantes, aunque el barrio seguía teniendo un fuerte atractivo para los emigrantes irlandeses, alemanes y suecos.
Los nuevos residentes edificaron sus iglesias, sus clubs, sus escuelas, sus comisarías de policía, sus parques de bomberos, en definitiva, dotaron a su entorno de todas las necesidades propias de un enclave selecto y moderno.
A partir de 1895 se empezaron a construir cientos de apartamentos en Harlem que fueron comprados por inmigrantes italianos y judíos del este de Europa y por afroamericanos que formaron sus propios ghettos dentro del barrio.
La inminente llegada del metro a Harlem (1904) de dos líneas que le iban a conectar, con Braodway y con la Avenida Lenox, respectivamente, produjo una violenta especulación de su suelo urbano que dio como resultado que entre 1901 y 1907 se erigieran 450 bloques de viviendas. Sin embargo, la llegada del metro no obró el milagro que necesitaban los especuladores inmobiliarios y una gran parte de esos edificios no se vendió. Acuciados los promotores por sus necesidades económicas no dudaron en negociar con el mismísimo diablo si de esta forma podían salvar la gran crisis de venta de sus inmuebles. Uno de esos diablos fue el afroamericano Philip A. Payton que se percató de la desesperación de los dueños de los apartamentos y consiguió comprar a bajo precio un buen número de ellos. Payton a su vez los alquiló a otros negros a precios más bajos que los del mercado por lo que en Harlem la tez de sus moradores se empezó a oscurecer. Del resto se encargó el racismo ya que los blancos huyeron de la zona al percatase de la invasión de los hombres de color oscuro, por mucho que los políticos blancos del barrio les incitaran a permanecer en sus puestos poniéndoles caramelos en la boca como la construcción de un gran edificio de recreo en el año 1913. Un año más tarde ese lujoso emplazamiento se convertiría en el primer club nocturno negro de Harlem llamado Libya Hotel.
En el año 1910 el censo del barrio contaba con una población de 500.000 personas de las cuales 75.000 eran blancos nacidos en Norteamérica, 50.000 eran negros y el resto la componían inmigrantes irlandeses, alemanes, húngaros, rusos, ingleses, italianos y escandinavos.

En los años 1915 y 1916 se produjeron en el Sur de los EE.UU. dos desastres naturales que acabaron con el sector agrícola. El primero fue una gran sequía que terminó con unas fuertes tormentas que inundaron los campos de cultivo. El segundo fue una plaga del insecto gorgojo que exterminó lo poco que quedaba de la planta de algodón. Estos dos factores, sumados al clima racial existente en los estados del Sur, dio como resultado una gran migración de afroamericanos al Norte del país. Un buen número de ellos eligió como destino Harlem   
A mediados de los años veinte, el número de habitantes con raíces africanas del barrio había crecido hasta los 250.000.

En el año 1920 Harlem empezó a dar los primeros pasos para convertirse en el universo donde un buen número de artistas negros pudo ejercitarse en todos los campos. A esa explosión artística que dejó su huella, durante dos décadas en la historia de Norteamérica, la llamaron los historiadores “El Renacimiento de Harlem”.

Se conoce como “El Renacimiento de Harlem” al período (1920-1940) en el que la “metrópoli negra” se convirtió en un núcleo creativo para la cultura afroamericana. Se dio la circunstancia de que en esos años emergieron a la vez grandes artistas que llevaron al “arte negro” en todas sus categorías: pintura, escultura, música, poesía, literatura… a cotas hasta entonces desconocidas. Aunque duró veinte años “El Renacimiento de Harlem” sigue considerándose uno de los movimientos culturales más importantes del siglo XX.

Me voy a referir brevemente a tres personajes pertenecientes al “Renacimiento de Harlem”.

James Weldon Johnson (1871-1938) fue un personaje que se le recuerda principalmente como poeta ya que escribió en 1900 la poesía titulada “Lift every voice and sing” (Alzad todas las voces y cantad) que está considerada como el himno nacional de los afroamericanos. Su hermano J. Rosamond Johnson la musicó en 1905.
La letra de la canción dice así:

Alzad todas las voces y cantad hasta que el cielo y la tierra resuenen / resuenen con las armonías de la libertad / Que ascienda nuestro regocijo a los cielos que nos escuchan / que resuene como el mar embravecido / Entona una canción llena de fe que un oscuro pasado nos ha enseñado / entona una canción llena de la fe que el presente nos ha traído / Frente al sol del amanecer de nuestro nuevo día / sigamos caminando hasta que se logre la victoria.
Pedregoso es el camino que hemos pisado, amarga la vara del castigo / que sentíamos aquellos días de esperanza muerta sin haber nacido / sin embargo con un paso constante / ¿Acaso no nos han traído nuestros fatigados pies / al lugar por el que nuestros padres suspiraron? / Hemos recorrido un camino humedecido por las lágrimas / Hemos llegado caminando a una ruta a través de la sangre de los asesinados / Salidos de un oscuro pasado, hasta que por fin estamos / donde llega el claro brillo de nuestra estrella.
Dios de nuestros años de fatiga, Dios de nuestras silenciosas lágrimas / Tú nos has traído a este punto del camino / Tú con tu poder llévanos a la luz / guíanos siempre en el camino, te imploramos / No sea que nuestros pies nos extravíen de donde te encontramos / No sea que nuestros corazones, borrachos del vino del mundo, lleguen a olvidarte / Bajo la sombra de tu mano nos encontraremos siempre / fieles a nuestro Dios, fieles a la tierra donde hemos nacido.

 Uno de los más importantes artistas, quizás el más grande, que surgió en el “Renacimiento de Harlem” fue sin duda Langston Hughes, descendiente de una de las familias negras más antiguas y respetadas. Su abuelo paterno participó en el asalto al Harper’s Ferry en 1859 (uno de lo detonantes de la Guerra Civil Norteamericana) junto al abolicionista John Brown y su hermano John Mercer fue uno de los más importantes líderes afroamericanos del siglo XIX.
Langston Hughes, de padres divorciados se graduó en Cleveland y estudió en la Universidad de Columbia. Viajero incansable, visitó África con el fin de encontrar el verdadero espíritu de los de su raza, aunque por sus venas circulaba sangre escocesa, francesa e india. Cenó con Josephine Baker en París, se paseó por La Habana con Nicolás Guillén, visitó China y Rusia, disertó junto a Nicolás Guillén, Rafael Alberti y María Teresa León en un Madrid sumido en la guerra civil, vivió junto al fotógrafo Henri Cartier-Bresson en México y sobre todo se codeó con la flor y nata del Harlem neoyorquino y de sus ilustres visitantes desde Helena Rubinstein a Salvador Dalí, pasando por Rodolfo Valentino o George Gershwin.
Langston Hughes comenzó a ser un personaje conocido a raíz de ganar en el año 1925 – él contaba entonces con 23 años – el concurso literario de la revista Opportunity por partida doble obteniendo el primer y tercer premio en el apartado de poesía. Su poema Weary blues (Cansado blues) significó un antes y un después dentro de la poesía afroamericana en particular y de la norteamericana en general. Este poema dio título a su primer poemario al que le siguieron cerca de las dos docenas de libros de poesía que publicó durante su vida y en los que la rima y la música, sobre todo el blues y el jazz, convivieron juntas en una perfecta armonía literaria
A parte de sus libros de poemas, Langton Hughes nos dejó una veintena de novelas y una docena de libretos de obras musicales.

Madame C.J. Walker, nacida Sarah Breedlove, (1867-1919) fue una mujer afroamericana que creó una serie de productos de belleza para el cabello para uso exclusivo de las mujeres de su raza. En 1908 montó su primera fábrica y en un par de años fundó “Madame C.J. Walker Manufacturing Company” en Indianápolis. Para entonces sus productos y sus agentes ya eran conocidos por todo el país. El producto estrella fue una crema que alisaba el rizado pelo de las afroamericanas, solo con ese invento se hizo de oro. Madame C.J. Walker está considerada una de las primeras mujeres norteamericanas “hecha a sí misma” que se convirtió en multimillonaria. Su vida fue retratada en la serie de Netflix titulada “Madame C.J. Walker: Una Mujer Hecha a Sí Misma” (2020). Su protagonista fue la actriz Octavia Spencer. En 1998, la figura de Walker tuvo un reconocimiento nacional con la emisión de su propio sello postal, dentro de la serie “Black Heritage”.
Madame C.J. Walker dio a luz en el año 1885 a su hija A’Leila que se iba a convertir en una de las figuras sociales más importantes del “Renacimiento de Harlem”.

A’Leila compró en el año 1928 una gran mansión situada en Harlem en el 108 – 110 West 136th Street. La llamó la “Dark Tower”. La primera planta era un gran salón de baile donde sus invitados podían disfrutar y moverse al compás de la música interpretada por las mejores bandas. La segunda planta estaba decorada con ventanas estilo francés, alfombras de terciopelo azul y donde una reproducción del poema “The Weary Blues” de Langston Hughes ocupaba casi por entero una de sus paredes. Otra estaba destinada a una gran librería y junto a ella estaba ubicado un gran piano Knabe donde se sentaban los mejores pianistas de “stride” para interpretar sus melodías o para acompañar a las que brotaban de las gargantas de todo aquel, profesional o no, que quería demostrar sus dotes. A’Leila estaba muy orgullosa de su colección de sombreros y de sus loros parlanchines que eran un elemento más de la fiesta.
A’Leila financió cientos de reuniones en la “Dark Tower” donde se mezclaban todo tipo de personas, blancas y negras, aristócratas y comunistas, novelistas y músicos de jazz, bohemios y artistas de Broadway. Toda esta especie de revolución social terminó cuando A’Leila falleció de una trombosis cerebral a los 41 años, la misma enfermedad que se llevó de este mundo a su madre.
Geraldyn Dismond, periodista del diario negro “Interstate Tattler” que se ocupaba de los ecos de sociedad describió en un artículo una reunión en la “Dark Tower”:

¡Vaya pandilla! Todas las clases y colores se encontraban frente a frente, lo más granado de la aristocracia, burgueses, comunistas, los más insignes de Park Avenue, literatos, publicistas, celebridades de Broadway, harlemitas todos y cada uno tenía su oportunidad. La revolución social estaba en todo su apogeo. Y sí, Lady Nancy Cunard estaba allí toda de negro (ella puede permitírselo) con una docena de sus grandes brazaletes… Y la alegría y el entretenimiento no decaía ni un ápice. La música de baile estaba inyectada por tambores africanos que lograban que aumentara tu presión sanguínea. Jimmy Daniels con sus éxitos cabareteros, el tenor Gus Simons, los “crooners” de Harlem dándole a “River Stay Away From His Door” y el mismísimo Taylor tratando de conseguir un “Bravo” al llegar al Do agudo.  

 A’Leila Walker definió de esta manera su torre:

“Nosotros dedicamos esta torre a los estetas, a ese grupo cultural de jóvenes negros: escritores, escultores, pintores, músicos, compositores y a sus amigos. Un lugar tranquilo dotado de un encanto particular. Un “rendezvous” donde ellos pudieran participar dentro de un ambiente agradable que les hiciera sentir que esta era su casa”.

Harlem ha servido de inspiración a un buen puñado de músicos, que habiendo tomado prestado algún acontecimiento de su día a día – pasado o presente, alegre o triste – lo han dejado plasmado en las notas alojadas en sus diferentes partituras.

El trombonista de la orquesta de Ray Noble, Earle Harry Hagen, compuso el tema titulado “Harlem Nocturne” en el año 1939 como un tributo al saxofonista Johnny Hodges que durante muchos años perteneció a la orquesta de Duke Ellington. La banda de Noble lo grabó en agosto  de 1940. “Harlem Nocturne” fue elegido como el tema principal de la serie norteamericana Mickey Spillane’s Mike Hammer de 1984.
Yo voy a proponeros escuchar el tema por la orquesta del músico inglés Ted Heath que fue sin duda una de las mas importantes de su país. Con el nombre de “Ted Heath & His Music” comenzó su andadura al terminar la II Guerra Mundial y aunque su líder falleció en 1969 la banda continuó activa hasta el año 2000.
“Ted Heath & His Music” grabó “Harlem Nocturne” en 1948, siendo el saxofonista solista Leslie Gilbert. He visto en Youtube que varios videos adjudican esta versión a la orquesta de Duke Ellington lo que no es correcto.

El compositor Helmy Kresa – principal arreglista de las canciones de Irvin Berlin – junto al editorialista y letrista Al Lewis escibieron la canción titulada “It was a sad night in Harlem”. El 17 julio de 1936 la grabó la orquesta de Duke Ellington siendo la vocalista Ivie Anderson. El resto de músicos fueron: Rex Stewart, c; Arthur Whetsol, Cootie Williams, t; Lawrence Brown, Tricky Sam Nanton, tb; Juan Tizol, vtb; Barney Bigard, cl; Johnny Hodges, cl, ss, as; Otto Hardwick, as, bsx; Harry Carney, cl, as, bs; Duke Ellington, p; Fred Guy, g; Hayes Alvis, Billy Taylor, b; Sonny Greer, d.

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