Los Primeros Pasos en el Arte de la Música de George Gershwin

George Gershwin
Morris Gershwin y Rosa Brushkin el día que se casaron: 21 de julio de 1895
Maxie Rosen
George & Ira Gershwin
Charles Hambitzer_1910
George Gershwin
David Ewen
Jerome Remick Music Publishers
Jerome Remick
Eubie Blake
Luckey Roberts
Vernon Duke
Vivienne Segal
Los Primeros Pasos en el Arte de la Música de George Gershwin

El padre de George Gerhswin, Moise Gershovitz, nació alrededor de enero de 1872. Emigró a los EE.UU. en 1890, probablemente para evitar hacer el servicio militar, aunque el creciente antisemitismo en Rusia había llegado a tal punto de que los judíos no necesitaban un especial incentivo para abandonar su país natal.
La madre de Gershwin, Rosa Brushkin, nació igualmente en St. Petersburg en una fecha próxima a enero de 1875. Emigró al Nuevo Mundo en 1892.
Moise y Rosa eran novios en Rusia y se volvieron a encontrar en Nueva York. A los pocos años de ese reencuentro, el 21 de julio de 1895, se casaron. Ambos se naturalizaron norteamericanos en 1898 bajo los nombres de Morris Gershwin y Rosa Bruskin. Fruto de su matrimonio, Ira nació en 1896, George en 1898, Arthur en 1900 y Frances en 1906.

Morris después de una serie de empleos poco afortunados encontró su sitio en el campo de la restauración llegando a poseer una cadena de doce restaurantes. Los Gershwin pertenecieron al estrato social de clase media acomodada lo que les permitió mantener un digno nivel de vida sin agobios económicos.
Rose poseía una especial predilección por su hijo George e intentó por todos los medios convencerle de que su futuro se encontraba en el mundo de los negocios o dentro de un bufete de abogados. La dedicación a la música no se encontraba dentro de sus deseos. Además, en los Gershwin no existía ningún familiar de las últimas generaciones que hubiese destacado mínimamente en ese arte. En su casa la música brillaba por su ausencia.

Alrededor de 1908, Gershwin, tendría unos diez años, asistía a clases en la escuela pública del Lower East Side. Una tarde escuchó a un compañero suyo, un prodigio del violín dos años menor que él, Max (“Maxie”) Rosenzweig (más tarde Rosen), interpretar la obra «Humoresque» de Antonín Dvoäák durante el recreo: «Fue, para mí una revelación deslumbrante de belleza». Ese día George esperó bajo la lluvia más de una hora a que Maxie acabara de tocar con la esperanza de hablar con él, pero se esfumó. Entonces tomó la decisión de dirigirse a casa del joven violinista donde se presentó como admirador suyo. Los Rosenzweig, un tanto divertidos, organizaron un encuentro entre los dos chicos: “Desde el primer momento nos hicimos muy amigos, hablábamos de música, escuchábamos música, compusimos música juntos”.
Maxie atrajo la atención de varios filántropos, quienes patrocinaron su educación en su país y posteriormente en el extranjero. Antes de partir para Europa en 1912 con la finalidad de estudiar con el violinista Leopold Auer, se comportó duramente con Gershwin al decirle que no poseía ningún talento. Algo que no era nuevo para él, ya que en esos primeros años sus amigos músicos consideraban que sus ambiciones eran mayores que sus habilidades.

Hacia 1910, los Gershwin compraron un piano para ubicarlo en el salón de su casa. George giró el taburete, se sentó, levantó la tapa del teclado y tocó una versión impecable de una canción que por entonces era muy popular. Su hermano Ira se quedó impresionado especialmente del swing de su mano izquierda y también de sus efectos armónicos y rítmicos, ya que consideró que eran tan competentes como los de la mayoría de los pianistas que había escuchado en el vodevil. Los asombrados Gershwin descubrieron que George no solo había aprendido a tocar experimentando con una pianola en casa de un amigo, sino que también había adquirido el hábito de anotar ideas musicales en un cuaderno. Lo que no sabía su familia era que también había llegado a un acuerdo con el dueño de una tienda de instrumentos mediante el cual él se convertía en el chico de los recados a cambio de que le permitiese tocar en alguno de los pianos expuestos en el establecimiento.

George comenzó a tocar el piano de forma autodidacta: “El piano me ayudó a sosegarme. Logró que me sintiera más responsable. Seis meses después de empezar a tocar, era una persona diferente”.
El primer profesor de piano que le dio a George clases en su casa fue una dama de nombre Mrs. Louis A. Greene. Con ella permaneció durante tres años aprendiendo los primeros secretos del piano. La Sra. Greene siempre estuvo agradecida a Gershwin ya que cada vez que coincidieron, años después: “me presentaba como su profesora de piano… siempre se esforzaba por hacerme sentir importante”.

Gershwin, durante su primer año en la escuela secundaria (1912-1913), entabló amistad con un joven músico, Jack Miller, que tocaba el piano en la Beethoven Musical Society Orchestra una formación comunitaria compuesta principalmente por jóvenes judíos del Lower East Side y dirigida por Henry Lefkowitz. En esa época Miller le presentó a su maestro. Gershwin lo solía recordar así:
Miller me habló de su maestro, un tal Charles Hambitzer, y me llevó con él un día memorable. Hambitzer, cuyo recuerdo reverencio, fue la primera gran influencia musical en mi vida. Me pidió que tocara algo. Me froté los dedos y me sumergí en la «Obertura de Guillermo Tell». Hambitzer no dijo nada hasta que terminé: «Escucha», dijo finalmente, levantándose de la silla. «¡Vamos a buscar al tipo que te enseñó a tocarla y a matarlo, y no con una manzana en la cabeza!»

Gershwin comenzó a estudiar con Hambitzer y sus lecciones de piano duraron cinco años, de 1913 a 1918. La opinión que el maestro se forjó de su alumno mientras le impartía sus enseñanzas, lo conocemos gracias a que los biógrafos encontraron una carta que le escribió a su hermana que residía en Milwaukee:
“Tengo un nuevo pupilo que puede tocar los pasajes musicales de varias maneras diferentes, no sé si me explico. El muchacho es un genio, sin ninguna duda; está loco por la música, solo está pendiente de que llegue su próxima lección. Él quiere moverse por las tendencias modernas, jazz y lo que sea. Pero yo no quiero dejarle de momento. Primero quiero ocuparme de que posea una sólida formación de la música standard”.
El hecho de que la palabra jazz aparezca en la carta nos remite a que fue escrita a partir de 1915, ya que por esa época empezaron a utilizarla en el Norte del país para referirse a la música originaria de Nueva Orleans.

No existe la menor duda de que Hambitzer le influenció a Gershwin desde una perspectiva clásica y que el violinista, compositor, arreglista y director de banda James Reese Europe lo hizo desde el punto de vista de la música afroamericana, si nos atenemos a las palabras del escritor, articulista y experto en música estadounidense, David Ewen:
“Alrededor de 1905, mientras Gershwin (tendría 8 o 9 años) patinaba por Harlem escuchó una música que salía del Baron Wilkins Club, donde Jim Europe y su banda tocaban habitualmente. Los ritmos excitantes y las melodías estruendosas le impresionaron tanto que nunca pudo olvidarlo. A partir de entonces, solía ir patinando al club y se sentaba en la acera de enfrente a escuchar la música, incluso alguna vez entró en el local situándose medio escondido en una esquina.  La fascinación que le produjo a Gershwin los rags negros, el blues y los espirituales está sólidamente arraigada en su alma musical desde su niñez. Sin duda, la música de Jim Europe fue en parte responsable de que escribiera obras como «135th Street» y partes de «Porgy and Bess».

Los pluggers eran pianistas contratados por las editoriales musicales cuyo cometido consistía en elegir las canciones, del amplio repertorio de la editorial, que se adecuasen mejor al estilo que previamente habían definido los profesionales del mundo del espectáculo que se personaban en la empresa. Seguidamente las interpretaban al piano y las cantaban si tenían letra. Un principio establecido en la industria musical desde la época de Stephen Foster (1826-1864) hasta la actualidad se basaba en que si el éxito de una canción elegida por el plugger contribuía en buena medida a mantener el triunfo de un espectáculo la relación entre el profesional y la editorial se mantendría para siempre.
Los pluggers no solo hacían demostraciones de su producto en la sede central, sino que también interpretaban dicha música en teatros, tiendas y restaurantes, así como en eventos públicos, como los desfiles. Esto a veces implicaba viajar fuera de Nueva York y desplazarte a ciudades como Atlantic City.

A principio de 1913, un amigo de George, Ben Bloom, era un plugger contratado por la editorial musical de Jerome H. Remick y le comentó que su empresa necesitaba un pianista y que podía intentar conseguir el empleo. George se presentó en la editorial y después de demostrar que sabía leer una partitura a primera vista, que podía transportarla a otras tonalidades y que sabía cantar si existía una letra, el manager Mose Gumble le ofreció el empleo de plugger por quince dólares a la semana. Sin embargo, la madre de George que no creía en la capacidad de su hijo para vivir de la música le había inscrito en la Escuela de Comercio. Los dos primeros meses, George compaginó sus clases en la escuela con su trabajo en la editorial. Llegó el mes de mayo y abandonó sus estudios de comercio para dedicarse a tiempo completo a su trabajo de plugger (sin abandonar sus clases de piano). George tenía quince años cuando entró en la Editorial y fue posiblemente el plugger más joven de todo Nueva York.
George comentó de esta manera su etapa como plugger en Remick: “Yo estaba cada día a las nueve de la mañana enfrente de mi piano y empezaba a tocar temas populares para todo el mundo que se presentaba. La gente “de color” venía y me hacían tocar un espiritual en siete tonos diferentes. A las componentes de los coros de chicas las tenía pegadas literalmente a mi espalda. Algunos de los clientes me trataban como si fuese basura. Otros eran encantadores”.

En los tres años en los que George permaneció como plugger en Remick se ganó la fama de ser un excelente pianista. Se dio el caso de que un buen número de clientes de la editorial pedía que él fuera expresamente quien les mostrara las últimas novedades musicales. Cuando el pianista y compositor Eubie Blake llegó a Nueva York en 1917 se enteró de que había un talentoso pianista “ofay” (blanco) en Remick que era tan bueno que se había aprendido todas esas terriblemente dificultosas “artimañas” que solo unos pocos de ellos podían conseguirlas. Lo que no sabía Blake era que un pianista negro de stride había sido su maestro.

Tras el fallecimiento de Gershwin, acaecido en 1937, Luckey Roberts – uno de los mejores pianistas de stride – afirmó que él había sido quien le había enseñado los secretos del “stride piano”: “Todos conocíamos a Gershwin porque solía venir muy a menudo a Harlem a escucharnos. Un día, el comediante y compositor Bert Williams y Will Vodery, el arreglista y director de los espectáculos de Broadway «The Ziegfeld Follies» fueron quienes me convencieron para que me convirtiera en su maestro.  Él estaba en aquellos momentos vendiendo orquestaciones en Remick y no sabía tocar jazz, pero tenía dos manos buenas para los clásicos. Así que empecé a darle clases de piano. Al cabo de los meses tomó confianza y entraba en el club y si el piano estaba libre empezaba a tocarlo y podía quedarse sentado toda la noche.  Nosotros estábamos en la barra bebiendo y escuchándole. Cuando pensábamos que ya estaba bien, yo, por ejemplo, me acercaba y le decía: “Levántate de ese taburete del piano y deja que los verdaderos músicos tomen el relevo”. Gershwin era un tipo afable y nos divertíamos con él”.
Hay que tener en cuenta que Gershwin permaneció en Remick de 1914 a 1917, luego recibió las clases de Luckey Roberts entre los 15 y los 18 años.

El compositor del Tin Pan Alley, Vernon Duke, comentó al respecto: “A cualquiera que no haya escuchado a Gershwin tocando su “mágico piano” es difícil describirlo. Su extraordinaria mano izquierda consigue unos contra ritmos milagrosos. Utiliza unos inteligentes recursos y unas armonías inesperadas. Además de poseer una innata facilidad para encontrar afortunadas variaciones”.

El 17 de marzo de 1917, George se marchó de la editorial Remick, además un tanto frustrado ya que esta no había consideró oportuno publicar ninguna de las canciones que él había estado escribiendo mientras permaneció en la empresa. Este hecho le produjo un ligero escozor en su alma de compositor.

Al menos a principios del siglo XX existía la costumbre, en los teatros de Broadway, de ofrecer unos conciertos cuando sobre sus escenarios no se representaban las obras que estaban en cartel, normalmente los domingos por la noche. El 25 de noviembre de 1917, The Century Theatre contrató a Gershwin para que acompañara a la joven estrella Vivienne Segal (1897-1992), una talentosa cómica provista de una bonita voz y con todo un futuro por delante. Vivienne interpretó dos temas compuestos por Gershwin con letra de Irving Caesar titulados «There’s More to the Kiss than the X-X-X» y «You-oo just you».
Estas canciones le llamaron positivamente la atención a Harry Askins, el manager de la obra que se estaba representando en ese momento en el teatro (Miss 1917), y se puso en contacto con Max Dreyfus director de la editorial musical T. B. Harms.

En febrero de 1918, Dreyfus le ofreció a Gershwin un trabajo por $35 a la semana con la única obligación de componer canciones. Además, por cada una que Harms publicara recibiría $15 de adelanto y un 3% de las partituras vendidas.
Ante tal contrato, George tuvo que dejar el trabajo que en esos momentos le estaba dando de comer que no era otro que el de tocar el piano durante los ensayos que tenían lugar antes de que un musical se estrenara. Esta ocupación le era muy interesante ya que le servía para conocer todos los entresijos de Broadway, además de poder relacionarse con importantes personajes del show business, ya que su meta no era otra que la de componer la música para los grandes musicales de Broadway.

George Gershwin entró por la puerta pequeña en Broadway el 24 de octubre de 1918 ya que esa fue la fecha del estreno de musical «Ladies First» en el Broadhurst Theatre. Se mantuvo en cartel durante 164 representaciones. La práctica totalidad de la música la compuso A. Baldwin Sloane con letra de Harry B. Smith.  George consiguió que una composición suya con letra de su hermano Ira (que se convirtió en la primera que escribió para Broadway) se estrenara en el musical. Su título, «The Real American Folk Song Is a Rag» y la introdujo la cantante y actriz cómica, Nora Bayes. Se dio la circunstancia de que este tema no fue publicado hasta el año 1959. Consiguió cierta popularidad cuando Ella Fitzgerald lo incluyó en su álbum «Ella Fitzgerald Sings the George and Ira Gershwin Song Book» grabado entre enero y julio de 1959.

En el año 1919 ocurrieron dos hechos significativos que supusieron un fuerte golpe de timón en las aspiraciones de Gershwin como compositor.
El 26 de mayo de 1919 se estrenó en el Henry Miller’s Theatre de Broadway, «La, La, Lucille», el primer musical en el que todas las canciones fueron compuestas por George Gershwin. Los letristas fueron Arthur J. Jackson y B.G. DeSylva. Tuvo que bajar el telón el 19 de agosto ya que el sindicato Actors’ Equity se declaró en huelga. Tras resolverse el conflicto, se subió de nuevo en el Criterion Thetre, el 8 de septiembre permaneciendo en cartel hasta el 11 de octubre de 1919. En total fueron 104 las funciones que se representó.
«La, La, Lucille» se desarrolla a través de una trama de comedia musical clásica que incluye una herencia, disfraces y una resolución que conduce a un final feliz. Sin embargo, las partituras de Gershwin fueron notablemente sofisticadas – sobre todo para un joven de veintiún años que apenas comenzaba a mostrar su talento – e impregnadas por los nuevos aires del ragtime que inhalaba el naciente jazz. De las doce canciones que sonaron en los escenarios ninguna se ha convertido en un standard, pero las que han pervivido nos muestran el camino que trataba de seguir el joven compositor. Una prueba de ello es la canción titulada «Tee Oodle Um Bum Bo». Además, el estilo Gershwin no pasó inadvertido por otros compositores que vieron en él una nueva fuente de inspiración.

El 24 de octubre de 1919, se inauguró el Capitol Theatre un inmenso local, con capacidad para 5.300 personas, dedicado a la proyección de películas y a representaciones teatrales. Estaba ubicado en Broadway en la West 51st Street. Para celebrar tan magno acontecimiento, el productor teatral Florenz Ziegfeld organizó una gala de cuatro horas de duración. En ella tuvieron cabida, cortos de película, noticiarios, música interpretada por la Arthur Pryor Band, un musical titulado «Demi Tasse Revue» y el acto finalizó con la proyección de la película muda, «His Majestic, The American», que fue la primera que produjo y distribuyó United Artist.
En el musical se escucharon dos canciones compuestas por George Gershwin, «Come to the moon» y «Swanee».

El 14 de febrero de 1918, se estrenó en el Winter Garden Theatre de Broadway el musical «Sinbad» con música de Sigmund Romberg y letra de Harold Atteridge. Se mantuvo en cartel durante 404 representaciones, aunque pisando los escenarios de cinco teatros diferentes y no de forma continuada. El último pase se escenificó en el 44th Street Theatre el 29 de marzo de 1919. A continuación, emprendió una gira por todo el país que le llevaría dos años.
El protagonista de la obra fue Al Jolson con su cara bien pintada de negro que no disimulaba en absoluto su acento “yiddish”. Al actor y cantante le gustaba introducir en el musical nuevas canciones según iban pasando los meses de la tournée.
Alrededor de diciembre de 1919 y en el Crescent Theatre de Brooklyn, Jolson introdujo la canción «Swanee» de Gershwin en el espectáculo obteniendo una entusiasta e inusitada reacción por parte del público. Y con titulares de la prensa especializada como este: “El más sensacional número vocal, instrumental y de baile realizado por un profesional desde hace muchos meses”.

El 8 de enero de 1920, Jolson grabó el tema «Swanee» y el single salió a la venta el 20 de febrero, a la vez que la editorial Harms publicaba un anuncio a doble página en la revista Variety anunciando: “el sensacional éxito de la canción”.
«Swanee» llegó a vender un millón de partituras en un año y alcanzar los dos millones de discos vendidos. «Swanee» se convirtió en la canción más vendida compuesta por Gershwin (con letra de Irving Caesar) de toda su carrera.

Con «Swanee», George Gershwin dio ese gran paso, quizás un tanto inesperado, que todo músico necesita para entrar de lleno en el show business. Detrás de esta composición llegaron muchas más. Algunas de ellas pertenecen a la élite de los standards de la música norteamericana.

George Gershwin logró convertirse en uno de los mejores compositores del siglo XX permaneciendo en activo durante únicamente 20 años, ya que partió de este mundo muy joven, a los 39. ¿Qué hubiera pasado si…? Lo que sí puedo certificar es que George Gershwin fue el compositor al que más recurrieron los músicos de jazz (instrumentistas y vocalistas), durante el siglo XX, para sus grabaciones. Más que a Duke Ellington.

Tenéis a vuestra disposición dos artículos sobre George Gershwin: «Una Crónica de Rhapsody in Blue» y «Porgy and Bess: Los Orígenes»

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