



















La Singular y Emotiva Historia del Cuadro «His Master’s Voice» de Francis Barraud
La imagen del perro escuchando un gramófono se convirtió, durante décadas, en uno de los logotipos más reconocidos del mundo de la música. No solo representó a una empresa y a su sello discográfico durante casi un siglo: su estética trascendió fronteras y hoy evoca, de inmediato, el universo musical. Actualmente puede verse al fox terrier y al gramófono en el número 363 de Oxford Street, en Londres. Todo comenzó hace más de cien años, cuando al pintor Francis Barraud se le ocurrió una idea.
Francis James Barraud nació en Londres el 16 de junio de 1856. Su padre, Henry, y su tío Williams eran pintores conocidos, especializados en retratos, paisajes y animales.
Francis inició sus estudios de arte a los dieciséis años en la Heatherley’s School of Art y en las R.A. Schools de Londres. Más tarde continuó su formación en Amberes y, al regresar, abrió un estudio en St. John’s Wood.
Su carrera como pintor comenzó con buen pie. En 1887, la Walker Art Gallery de Liverpool adquirió su obra «An Encore Too Many», que aún se exhibe allí.
El 12 de enero de 1921, Barraud declaró lo siguiente sobre «His Master’s Voice»:
“Dicha pintura es una obra totalmente original mía… Fue diseñada y pintada por mí un poco antes del año 1899, pero en esa primera versión el perro escuchaba un fonógrafo, que es un aparato que funcionaba con un cilindro.
La idea del cuadro se me ocurrió repentinamente ya que pensé que sería un motivo excelente representar a mi perro escuchando el fonógrafo — con una expresión inteligente y algo desconcertada — y titular la obra «His Master’s Voice». Teníamos un fonógrafo y a menudo observaba lo desconcertado que se quedaba al tratar de averiguar de dónde provenía la voz”.
Cuando el cuadro estuvo terminado le tomó varias fotografías. Su intención era enseñarselas a las empresas que fabricaban los fonógrafos, pensando que a alguna de ellas le podría interesar la temática de su obra con el fin de crear un logotipo. Sus buenos deseos cayeon en saco roto en todas sus tentativas. La Edison Speaking Phonograph Company, la más importante del sector, rechazó la idea con un comentario tajante de su director James E. Hough: “Los perros no escuchan los fonógrafos”.
Barraud, que estaba convencido de que su idea era muy válida se quedó confundido y apesadumbrado después de recibir tan duras apreciaciones de su obra. Dejó a un lado el cuadro hasta que, unos meses más tarde, le visitó un amigo y viendo la pintura del fonógrafo y el perro le comentó que era muy oscura y que debería de pintarla con una bocina de latón brillante. Y eso fue lo que se propuso hacer.
Enid Barraud, sobrina del pintor y biógrafa de la familia, encontró una carta escrita por Francis, el 19 de marzo de 1921, dirigida a su hermano Henry, en la que le relataba lo que le sucedió cuando trató de que le prestaran una bocina de latón:
«No sé cómo se te ocurrió esa idea de que yo tenía pintado solo al perro en un cuadro y luego la compañía de gramófonos me pidió que añadiese su máquina. No, lo que pasó fue esto. Yo, en primer lugar, tenía un fonógrafo, que como sabrás es un tipo de máquina diferente. La gente del fonógrafo no le hacía ni caso a mi cuadro y alguien me aconsejó que pintara una bocina de latón, en lugar de la negra que utilizaba el fonógrafo (todas era negras). Mi amigo me dijo que podría conseguir una en las oficinas de Gramophone Co. en Maiden Lane. Fui a pedir prestada una bocina de latón, que era mucho más pictórica que la negra, y me preguntaron si podía transformar el fonógrafo en un gramófono. Dije que lo podía hacer si ellos compraban el cuadro, cosa que hicieron. No mencioné a la Phonograph Co. en mi entrevista porque supongo que se han arrepentido de no haber comprado el cuadro y yo no quería restregárselo en su cara”.
The Gramophone Company Limited fue una empresa británica fundada por Emil Berliner en 1898 para fabricar gramófonos, además de convertirse en uno de los primeros sellos discográficos.
La primera visita de Francis Barraud a sus oficinas tuvo lugar a finales de mayo (probablemente el 31 de mayo de 1899). Al parecer, en esta ocasión no pudo reunirse con Barry Owen (director nacional de la compañía), por lo que dejó la fotografía de su cuadro para que este pudiera verla. Al cabo de un mes, y al no recibir noticia alguna, el pintor le escribió una nota al director preguntándole si la empresa estaba interesada en utilizar el cuadro.
Todo parece indicar que las negociaciones se prolongaron hasta septiembre: el 15 de ese mes, Gramophone le ofreció a Barraud 100 libras (50 por la pintura y 50 por los derechos de autor), que este aceptó. Dos días más tarde recibió el gramófono que debía pintar encima del fonógrafo.
El 3 de octubre la obra ya estaba lista y Barry Owen le dio su visto bueno:
“Hoy he visto la imagen en su estudio y me complace decir que cuenta con nuestra aprobación en todos los aspectos; asimismo, considero que la incorporación del gramófono se ha realizado de manera excelente”.

A finales de diciembre, el logo estaba listo para su uso. Su primera aparición fue en enero de 1900, en un anuncio del British Record Supplement en el que el sello discográfico informaba sobre diversas canciones interpretadas por cantantes masculinos.
El 10 de julio de ese año, Berliner registró «His Master’s Voice» como marca comercial. Eldridge Johnson, de la Victor Talking Machine Company, adquirió los derechos para Estados Unidos.
La popularidad de la marca creció especialmente desde 1909, cuando empezó a aparecer en la galleta de los discos de The Gramophone Company, de sus filiales europeas y de RCA Victor.


En 1931, The Gramophone Company se fusionó con The Columbia Gramophone Company para formar EMI. El último disco británico con la marca «His Master’s Voice» se publicó en mayo de 1993: «Beethoven Was Deaf», de Morrissey. En Estados Unidos, RCA Victor perdió los derechos entre 1989 y 1994. Esto nos dice que el perro y el gramófono permanecieron casi un siglo en el universo musical.
En julio de 1921, The Gramophone Company abrió una tienda en el 363 de Oxford Street.
La historia de este establecimiento en cuanto a la música y a los músicos, sobre todo británicos (como The Beatles), da para escribir varios artículos. (Yo la visité por primera vez en el año 1968 y fue como entrar en otro mundo).
Tras declararse en bancarrota la cadena de tiendas HMV en 2019, Doug Putman — dueño de la cadena canadiense de tiendas de discos Sunrise Records — adquirió decenas de ellas en Canadá y Reino Unido. Bajo su gestión, los citados establecimientos lograron una recuperación espectacular y volvieron a generar beneficios en 2022, lo que le dio la solidez financiera necesaria para costear el regreso al hogar histórico de la primera tienda HMV abierta hacía un siglo. En el año 2023, el número 363 de Oxford Street lo volvió a ocupar la tienda con más raigambre de la cadena de «His Master’s Voice».

Volviendo a la biografía de Francis Barraud, entre 1913 y 1923, pintó numerosas copias del cuadro original. No se conoce la cantidad de reproducciones que realizó, pero seguro que le produjeron un buen dinero. Además, en diciembre de 1919, The Gramophone y Victor aprobaron conjuntamente concederle al pintor una pensión anual de 250 libras que aumentaron a 400 en 1924. Un gesto generoso que él agradeció. Cuando el pintor falleció, se descubrió que durante años había estado enviando 100 libras al año a su hermana Isabella, que vivía en la residencia St. Mary’s Home en la ciudad de Stone en Staffordshire propiedad de las Hermanas de la Orden de las Dominicas. Isabella siguió recibiendo ese montante de dinero hasta su fallecimiento en 1929.
Francis James Barraud falleció en Hampstead (un área de Londres) el 29 de agosto de 1924, con 69 años. Está enterrado en el cementerio de Hampstead, Fortune Green.
Alfred Clark, el entonces presidente de EMI, que había llegado a conocer muy bien al pintor en sus últimos años, le rindió un homenaje en nombre de la compañía con estas palabras:
«Era un hombre con un gran encanto personal y era querido por sus muchos amigos. Siempre permaneció alerta y activo hasta sus últimos momentos. A pesar de contar con una salud delicada siempre se interesó por estar al día. Durante la guerra, a pesar de su edad, se ofreció voluntario para servir su país, y fue nombrado para un puesto regular en el departamento de reclutamiento del Ejército. Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo íntimamente sentimos profundamente el fallecimiento de nuestro viejo amigo. Sus maneras gentiles y amables lograron que fuera querido por todos. Hizo su viaje por este mundo de forma modesta y sencilla, dejando tras de sí, a sus afligidos amigos, una sensación de gran pérdida».
El cuadro original de «His Master’s Voice» permaneció colgado, durante muchos años, en una de las paredes de la sala de juntas de Gramphone Company. Cuando se constituyó la compañía EMI, no se tiene constancia si fue cambiado de sitio.
EMI Archive Trust es una organización benéfica que se estableció en 1996 para custodiar y guardar los archivos de la empresa EMI y de sus empresas matriz, como la Gramophone Company. Está ubicada en la ciudad de Hayes, al oeste de Londres donde EMI tenía sus principales fábricas. El cuadro original de «His Master’s Voice» pintado por Francis Barraud es parte de la colección del EMI Archive Trust.
Sabemos que el cuadro que hoy conocemos como «His Master’s Voice» fue creado por Barraud a partir de pintar encima del fonógrafo original un gramófono. Esto quiere decir que del cuadro inicial no quedó rastro alguno y aquí es donde entra en escena, Frank Andrews (1920 – 2015).
Frank Andrews permaneció durante 50 años investigando todo lo relativo a la Talking Machine Industry de Gran Bretaña, preferentemente a los fonógrafos y gramófonos. Además, se centró en la industria discográfica desde sus inicios, catalogando toda la producción que sonó en esas primeras máquinas parlantes. Sus artículos en diversas revistas – que deben de sumar cientos – sus libros, dan testimonio de la enorme contribución que ha realizado para proporcionar esas herramientas básicas que facilitan a otros estudiosos alcanzar sus objetivos.
Frank Andrews estaba convencido de que, de una manera u otra, Francis Barraud había registrado el primer cuadro que pintó con el fonógrafo y el perro y que de entre la documentación que aportó debería de existir una fotografía de dicha obra. Una de las fuentes a las que Andrews recurrió fueron los semanarios que había publicado The Board of Trade con el nombre de Trade Marks Journal desde 1876 y que él estaba en posesión de todos ellos. Una búsqueda minuciosa por esos boletines de una solicitud de registro por parte del pintor de una marca comercial no dio fruto alguno. Andrews no se llevó ninguna sorpresa ya que él era consciente de que Barraud no había constituido ningún negocio susceptible de necesitar una marca comercial.
En otoño de 1972, Andrews visitó las oficinas de EMI y conoció a Leonard Petts, archivista de la compañía, y le aseguró que Barraud sí había registrado la primera pintura, pero no como una marca comercial sino como un artículo artístico. Además, le proporcionó una fecha: febrero de 1899 (sin la cual habría sido practicamente imposible su rastreo).
Andrews se dirigió a Stationers’ Hall, el departamento que registraba el copyright para obras literarias, musicales y artísticas. Preguntó por el supervisor y este le confirmó que Francis Barraud había solicitado un registro en febrero de 1899. Y le comunicó que volviera en una semana. Trascurrido ese tiempo, el investigador se personó nuevamente en las oficinas registrales y un empleado le informó que no habían encontrado nada sobre el pintor. Andrews pidió hablar nuevamente con el supervisor y este le comunicó a su subalterno que mirara en una dependencia del almacén que llamaban “la larga habitación”, ya que se trataba de registros muy antiguos. Regresó al cabo de unos minutos con cuatro cajas: “cuando vi las cajas la adrenalina comenzó a fluir. Intenté sin éxito mantener la calma, elegí la que pensaba que tenía más posibilidades de contener lo que esperaba encontrar. La caja estaba atada con una cinta blanca que desaté, luego quité la tapa y procedí a sacar su contenido. Cada solicitud estaba marcada con un sello de goma de Stationers’ Hall que mostraba la fecha del archivo. Pronto me di cuenta de que la caja probablemente nunca se había abierto desde el día en que recibió la última petición de ese mes de febrero de 1899. Encontré solicitudes de hilo de algodón, perfumería, refrescos y luego una amplia gama diseños de ropa de vestir, deportiva, atuendos de pesca, ropa de ciclistas… y de repente ahí estaba. La fotografía de la pintura original que muestra al terrier que aparentemente está escuchando un fonógrafo. Y me convertí en la primera persona que la vio después de 74 años. Este hallazgo se convirtió en uno de los eventos más emocionantes y satisfactorios de mi vida”.

A Frank Andrews le quedaba por descubrir cuál era el modelo del fonógrafo que aparecía en el cuadro. En el número de diciembre de 1965 del Trade Mark Journal se reimprimió un folleto de 1893 que mostraba, en una de sus páginas, un fonógrafo anunciado por The Edison-Bell Phonograph Corporation Ltd. Esa máquina fue fabricada por The Edison Works en los Estados Unidos y pensada principalmente como un dictáfono. Su ventaja comercial radicaba en que era más barato comprarla que emplear a un taquígrafo. Y después del oportuno análisis, a Andrews no le cupo la menor duda de que este fue el fonógrafo que pintó Francis Barraud.
Frank Andrews y Leonard Petts escribieron el libro «The Story of the ‘Nipper’ and the ‘His Master’s Voice’ Picture Painted by Francis Barraud», donde plasmaron todos sus descubrimientos, y lo editaron en 1974, coincidiendo oportunamente con el 75 Aniversario de la fundación de The Gramophone Company Limited.
En el título del libro aparece la palabra ‘Nipper’ que nos lleva a un protagonista importante del cuadro «His Master’s Voice»: al perro que escucha el fonógrafo, con una expresión inteligente y algo desconcertada.
Todo lo que sabemos sobre ‘Nipper’ procede de los relatos de la familia Barraud. Francis contó: “Nipper, el perro que sirvió de modelo para el cuadro pertenecía a mi hermano Mark, actor de teatro en Bristol. Nunca se separaba de él ni cuando tenía que actuar. Cuando mi hermano falleció, Nipper parece que me eligió a mí. Pasé varios años con él”.
El 4 de febrero de 1950, Mark (sobrino de Francis) le escribió una carta a la compañía (EMI) donde les habló de ‘Nipper’: «Cuando mi padre (Mark Henry Barraud) murió, Nipper fue a Liverpool con el tío Francis. Yo viví durante tres años en su casa mientras estudiaba en el St. Charles’ College. Por entonces, era un joven animado con 16 años y Nipper se convirtió en mi gran amigo. Cuando mi madre y mi hermano se fueron a vivir a un piso en Kingston-upon-Thames, yo me uní a ellos llevándome conmigo a Nipper. Alquilé un estudio en Kingston y el perro vino conmigo todos los días cuando iba a trabajar. Nipper vivió 11 años yo me pasé 8 con él. Sufrió un derrame cerebral, le llevé al veterinario, pero ya no había nada que hacer. Lo enterré bajo una morera en Durhams Garden, en Eden Street. Todo eso ha desaparecido hace mucho tiempo. Ahora todo es asfalto y hay como docena de garajes a su alrededor”.


