La Historia Detrás de la Foto (IV): Harlem 1958 (A Great Day in Harlem)_Art Kane

Art Kane
Art Kane está en lo alto de las escaleras del nº17 de la East 126th Street
Ilustración de Francis Vallejo para el libro: From Jazz Day: The Making of a Famous Photograph
Benny Golson
Quincy Jones
Jonathan Kane
La Historia Detrás de la Foto (IV): Harlem 1958 (A Great Day in Harlem) – Art Kane

Hace prácticamente dos meses que nos dejó para siempre ese coloso del saxo tenor llamado Sonny Rollins. Tenía 95 años y era el único que quedaba con vida de los 57 músicos que Art Kane inmortalizó en su icónica fotografía, que tituló «Harlem 1958» aka «A Great Day in Harlem», el 12 de agosto de 1958.

Art Kane, a principios del verano de 1958, tenía 33 años y era el director de arte de la popular revista «Esquire» (The Magazine for Men) y además impartía clases de Dirección de Arte en The New School. Uno de sus estudiantes era un tejano de nombre Robert Benton que en un par de meses consiguió que le contratara «Esquire» como asistente del director de arte. Benton, que era una persona talentosa y empática, le comentó a Kane que tenía en mente escribir un artículo versado en el mundo del jazz y que le gustaría que le ayudase a elegir qué tipo de fotos serían las idóneas para darle más empaque al texto: “yo le dije que estaría encantado de hacerlo y lo que procedía era presentarnos en el despacho del editor, Harold Hayes, para exponerle la idea. Este, que era un enamorado del jazz, nos dio pista libre para el proyecto”.

Art Kane, después de darle unas cuantas vueltas, se le ocurrió la idea de reunir a tantos músicos como fuera posible en un mismo lugar. Sería como una foto de graduación o como una foto de clase de una escuela de músicos de jazz. Y después de pensarlo un poco más, decidió que deberían de reunirse en Harlem.
Kane dedicó un día a pasearse por el barrio y encontró una calle con una hilera de casas que encajaba perfectamente dentro de la singularidad harlemita. Se trataba de la East 126th Street entre la Fifth Avenue y Madison Avenue, y más exactamente en el número 17. Además, estaba situada a unos pocos bloques de casas del New York Central Railroad y se podía ir fácilmente caminando desde allí, así que sería un excelente punto de encuentro.
El siguiente pasó fue ponerse en contacto (a través de «Esquire») con el departamento de policía y preguntarles si era posible cerrar al tráfico los bloques de casas (donde presumiblemente se iban a colocar los músicos) desde las 10:00 de la mañana a las 2:00 de la tarde. Al cabo de unas semanas, Kane tenía ante sus ojos, el documento en el cual el departamento le daba el visto bueno a su petición.

Quedaba por resolver el punto más importante: cómo ponerse en contacto con el mayor número posible de músicos para invitarles a que se presentaran el 12 de agosto a las 10:00 de la mañana en el nº17 de la East 126th Street de Harlem para hacerles una foto.
Art Kane y el equipo editorial no utilizaron grandes recursos económicos ni ningún tipo de contrato. Con el respaldo de la influyente revista «Esquire» enviaron cartas formales y realizaron llamadas telefónicas a todos los músicos, agentes, managers y clubs de jazz que pudieron localizar en Nueva York. No existía una lista cerrada de asistencia. La convocatoria se extendió de manera abierta a la comunidad del jazz, cualquiera que estuviera involucrado en ella estaba invitado. El boca a boca también tuvo su importancia ya que la propuesta del «Esquire» se extendió como la espuma de músico a músico sobre todo en los clubes nocturnos de jazz.

Y llegó el día 12 y dieron las 10:00 de la mañana y alrededor del nº17 de la East 126th Street empezó a llenarse de gente. Gente de distintas generaciones, músicos que habían triunfado en diferentes estilos, del swing más clásico hasta el be bop. Y un ambiente muy especial se generó y Art Kane ni lo había previsto ni estaba preparado para afrontarlo:
“La única cosa que no pude controlar fue a todos esos músicos que no se habían visto hace tiempo, en meses o igual en años. Todos estaban hablando y riéndose, dándose la mano, dándose palmadas y sin prestar la más mínima atención a ese muchacho idiota que estaba colocado frente a ellos y que tuvo la audacia de montar todo este tinglado. Yo nunca me había sentido tan solo en mi vida, deambulando al otro lado de la calle sin que nadie me hiciera el mínimo caso”.

Kane se agenció un ejemplar del New York Times, lo convirtió en una especie de megáfono, se lo puso en la boca y gritó y suplicó: “Por favor, por favor, suban a esos escalones que están ahí arriba, frente a esa casa y vayan situándose en ellos”.
Poco a poco, sin prisas, pero sin pausa, comenzaron a moverse y a llenar la fachada de piedra rojiza. Kane disponía, ese día, de dos maravillosos asistentes, Robert Benton y Steve Frankfurt, que le ayudaron a situarlos en los escalones.

Kane nunca supo qué fue lo que realmente motivó a que esos músicos se colocaran donde lo hicieron, y con quién… pero lo hicieron. Poco a poco se fueron organizando en un gran grupo. Poco a poco se fueron distribuyendo de la forma que consideraron oportuna, y Kane se percató de que no podrían haber elegido una mejor posición: “Así que cogí el megáfono de papel y grité y supliqué, ya que necesitaba que 57 pares de ojos miraran a la cámara. No sé cuántos lo hicieron, pero logré el suficiente contacto visual para que la foto funcionara. Quizás lo conseguí en solo dos fotogramas de toda la serie, pero fue suficiente. Además de eso, me di cuenta de que Count Basie se había sentado en la acera y luego algunos niños decidieron salir en la foto sentándose allí junto a él”.

Cuando todo terminó, Kane recogió sus cámaras y se marchó junto a Steve. Este último a su agencia, Young & Rubicam, y Art a las oficinas del «Esquire».
Al cabo de unas horas, las hojas de contacto de las fotografías llegaron a las dependencias de la revista. Estas tomas fueron las primeras que realizó Art Kane destinadas a utilizarse en un medio profesional. El equipo de «Esquire» eligió la foto del despegable central.
Y eso fue todo, por el momento. Pero para Art Kane, no:
Conseguir esa foto fue una auténtica sensación de poder. Se me ocurrió una idea realmente audaz y verla materializarse tal como la había imaginado fue uno de los momentos más maravillosos de mi vida. Y eso cambió mi carrera y mi vida. Desde ese momento supe qué es lo que quería hacer. Quería ser fotógrafo. Y lo que me impulsó a ello fue la sensación de poder al ver a esos músicos subir a esos escalones y convertir ese momento en una gran imagen”.

«Esquire» decidió publicar una edición especial sobre «The Golden Age of Jazz» en enero de 1959. En ella aparecería, a doble página, «A Great Day in Harlem», sin embargo, Art Kane vio la posibilidad de estrenar su nueva profesión tomando varias fotos a importantes figuras del jazz que podían servir como acompañamiento a la gran instantánea de las 57 leyendas del jazz: “Dediqué mis dos semanas de vacaciones a tomar esas fotos de los grandes músicos de jazz que aparecieron junto con el retrato del gran grupo en el desplegable central”.

Louis Armstrong:
Kane alquiló una avioneta Cessna para volar desde Las Vegas a un paraje paradisíaco ubicado en el Death Valley que se encuentra entre California y Nevada. El problema surgió cuando las cuatro plazas de la avioneta estaban ocupadas por el piloto, por Art Kane, por Armstrong y el cuarto… por la silla mecedora. Louis le tenía miedo a volar y cuando no le quedaba más remedio iba acompañado de su esposa Lucille. Kane tuvo que esforzarse, y mucho, para convencer al trompetista de que se subiera al aparato. Pero al final lo consiguió.

Lester Young y Duke Ellington
La primera vez que Kane le fotografió a Lester fue en el Hotel McAlpin en Nueva York. La sesión no terminó de gustarle al fotógrafo. A los pocos días volvió a citarse con el saxofonista y le llevó a la Sala de los Espejos del New York’s Playland Park. Una vez dentro, los espejos recrearon varias imágenes abstractas de Lester que Art fotografió, quedándose con la que más le agradó.
Art Kane fotografió el último vagón del tren ‘A’ en un túnel y la figura que aparece dentro de él es Duke Ellington (no demasiado nítido). Kane con esta toma quiso inmortalizar el gran éxito que obtuvo el Duque con la canción «Take the ‘A’ Train» (aunque Billy Strayhorn es el compositor).

Charlie Parker.
Kane tuvo que desplazarse hasta un pueblo llamado Blue Summit, Missouri, (cerca de la ciudad de Kansas City) ya que la tumba de Charlie Parker se encuentra en el cementerio Lincoln del citado pueblo. (En la lápida aparece el 23 de marzo como el día de su fallecimiento lo que es incorrecto ya que fue el día 12. Este error se corrigió en 1994).
Kane logró que le dejasen el estuche del saxofón de Parker, que coincide curiosamente con la forma de la lápida. Al estar abierto y sin el saxo, y en palabras de Art Kane: “ilustra poéticamente que “Bird” ha volado”.

En el año 2018, el hijo de Art Kane, Jonathan, junto al fotógrafo y crítico musical, Guido Harari, editaron un libro con el título de «Art Kane – Harlem 1958». Este trabajo nos expone un relato visual de cómo se creó la icónica foto, también nos muestra por primera vez todos los fotogramas que se tomaron. Además, incluye un texto de Art Kane, prólogos de Benny Golson y de Quincy Jones y una introducción de Jonathan Kane.

“Y ahora, que han pasado muchos años desde que la fotografía fue tomada, muchos ya han partido. De esa icónica foto solo quedamos Sonny Rollins y yo, Benny Golson. Eso me produce una extraña sensación, como si esperara lo inevitable. Sea como fuere, me siento encantado de haber formado parte de esa maravillosa fotografía que Art Kane creó con «Great Day in Harlem». Jamás volverá a suceder”. Benny Golson – 20 de mayo de 2018.

“Lo que mucha gente desconoce es que esa fue la primera foto profesional de Art Kane (1). Y creo que ese es un detalle importante que la hace aún más especial, ya que no está planeada. Fue un momento que ocurrió y que fue capturado por una cámara. No se tomó pensando en la perfección: salió del corazón. No puedo imaginar un paralelismo más bello entre el jazz y el arte en general: en el momento, puede que no te des cuenta del impacto que han tenido tus creaciones, pero como demuestra esta foto, el efecto y la trascendencia la convierten en eterna. Esta foto no solo es importante para las personas que aparecen en ella, sino que también debería recordarnos que debemos estar juntos. Ya sea bajo el nombre del jazz o simplemente de la humanidad, todos somos seres humanos que habitamos una misma Tierra”. Quincy Jones – mayo 2018.

“Mi padre no creía en las tomas descartadas y nunca quiso que la gente las viera. Un auto editor implacable. La mayoría de los fotógrafos hubiesen estado encantados de tenerlas y exponerlas. Pero a veces en este mundo hay ciertas cosas que se vuelven más importantes que la intención original del autor.
Creo que «Harlem 1958» es un claro ejemplo de ello. La visión de mi padre fue el principal catalizador de aquel día legendario, pero el generoso espíritu de esos 58 (2) brillantes músicos que se personaron temprano aquella mañana para compartir su presencia fue lo que realmente trasformó una idea extraordinaria en una gloriosa realidad”. Jonathan Kane – junio 2018.

(1) – Aunque Art Kane no era un fotógrafo profesional tomó la foto que sirvió de portada para el álbum «Concert by the Sea» de Erroll Garner, que salió al mercado en septiembre de 1955. La modelo que aparece en ella es June Ross que era o que se iba a convertir en su esposa.

(2) – El número de músicos de jazz que se reunieron el 12 de agosto en la East 126th Street de Harlem fue de 58. Pero por los motivos que fueran, el pianista Willie “The Lion” Smith se sentó en la escalera del portal contiguo al del nº17. Y no salió en la foto.

Willie «The Lion» Smith

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