52nd Street y el Club Onix (Un Vistazo).

Thelonious Monk
Dizzy Gillespie. Fotógrafo: Herman Leonard. 1948
52nd Street. Fotógrafo: William P. Gottlieb. 1948
Art Tatum
Maxime Sullivan (v), Buster Bailey (cl), John Kirby (b), Frank Newton (tp), Billy Kyle (p) en Onix Club en 1938.
El Sexteto de John Kirby en el Pump Room del Ambassador Hotel de Chicago en 1940.

Charlie Shavers
George Shearing. 1958
The Birdland Big Band
52nd Street y el Club Onix (Un Vistazo)

Thelonious Monk registró en abril de 1944 una composición suya bajo el título de “Nameless”. Al cabo de unas semanas esta melodía se hizo popular entre los músicos que actuaban en los clubes ubicados en la Calle 52 de Nueva York y ellos mismos empezaron a llamarla “52nd Street Theme”. El primero que la grabó en un estudio fue Dizzy Gillespie junto a Don Byas (ts), Milt Jackson (vf), Al Haig (p), Bill DeArango (g), Ray Brown (b) y J.C. Heard (d). Registraron dos tomas el 22 de febrero de 1946 con el título de 52nd Street Theme. (Existe una grabación anterior de este tema por el propio Gillespie realizada en directo en la sala de conciertos “The Town Hall” de N.Y. el 22 de junio de 1945).

En los primeros años de la década de los cuarenta del siglo pasado te podías encontrar al saxofonista Benny Carter actuando en el club “Famous Door”. Al trompetista Dizzy Gillespie junto al saxofonista Charlie Parker en el “Three Deuces”. Al saxofonista Coleman Hawkins en el “Spotlight”. Al pianista Thelonious Monk en el “Kelly’s Stables”. A la cantante Billie Holiday en el “Onix” o al pianista James P. Johnson en el “Jimmy Ryan’s. Pero si retrocedemos en el tiempo menos de veinte años el “ambiente” de la Calle 52 no era el mismo, ni mucho menos. El primer club de jazz que se aposentó en esa demarcación fue el “Onyx” en el año 1927. Su dueño era un contrabandista de licores de nombre Joe Helbock y lo abrió lógicamente cuando la Época de la Prohibición estaba vigente. Para acceder a esta taberna clandestina, situada en el número 35 de la Calle 52, debías atravesar primeramente un sótano para seguidamente subir por unas escaleras mal iluminadas hasta la segunda planta. Allí te encontrabas con una puerta sucia con manchas plateadas que poseía una mirilla. Una vez dentro había un par de sombrías salas para beber y en el fondo estaba el bar, con un raído piano, unas pocas mesas y algunas sillas de mimbre.

No se conoce cuál fue la razón, pero desde el momento en que abrió sus puertas su clientela estuvo configurada mayoritariamente por músicos que formaban parte de orquestas de baile y de radio. Estos profesionales se aposentaron en el local sintiéndose como miembros de un “club privado” donde se reunían para beber, charlar, llamar por teléfono y de vez en cuando realizar alguna jam-session que era seguida a lo sumo por un par de docenas de personas. Una de las condiciones necesarias para poder ser miembro de ese “club” era la de ser hombre y blanco, no permitían que hubiera mujeres entre sus filas, aunque no existiera una prohibición expresa en ese sentido para poder entrar en el local. Su trabajo como músicos consistía en repetir día tras día las notas que estaban escritas en los pentagramas sujetos en los atriles de sus respectivas orquestas de baile o de radio. Ahí residía toda su creatividad en contraposición a la que realizaban las grandes bandas negras de Harlem que estaban desarrollando nuevos estilos de música de swing y sus músicos alcanzando nuevos niveles de virtuosidad técnica. En diciembre de 1933 terminó de aplicarse La Ley Seca en los EE.UU. sin alcanzar ninguno de sus objetivos. A tenor de los miles de garitos clandestinos que se abrieron, los norteamericanos bebieron más alcohol en los trece años en la que estuvo vigente que antes de su puesta en vigor. El “Onyx” perdió su clandestinidad y Joe Helbock lo cerró.

Apenas transcurridos dos meses Mr. Helbock decidió abrir un club de jazz con todos los papeles en regla en un local situado en el 72 de La Calle 52 Oeste. Lo primero que hizo fue contratar al pianista afroamericano Art Tatum en un principio para tocar en los intermedios, pero poco a poco los músicos negros se fueron asentando en el local. Billie Holiday actuó en el año 1936 y dos años más tarde la sensación del club fue la cantante Maxine Sullivan junto a un combo liderado por el contrabajista John Kirby. También hay que resaltar las magníficas jam-sessions que se celebraron en sus escenarios donde Helbock consiguió reunir a los mejores músicos blancos del momento como Jack Teagarden, los hermanos Dorsey o Bud Freeman.                                             

La integración racial en la 52nd Street fue lenta y duró varios años como lo pone de manifiesto Billie Holiday en su autobiografía titulada “Lady Sings the Blues”: “Se suponía que La Calle 52 era fabulosa. La llamaban “Swing Street”. Todos los locales vibraban y estaban de bote en bote… había músicos blancos swingeando de un extremo a otro de la calle 52, pero no se veía ni una cara negra en esa calle… pero La Calle 52 no podía estar eternamente en contra de los negros. Alguien tenía que ceder y lo hicieron los dueños de los clubes. Descubrieron que podían hacer dinero con los artistas negros y que ya no podían permitirse el lujo (La Gran Depresión estaba en su apogeo) de sustentar sus trillados prejuicios. De modo que subieron la barrera y dieron trabajo a una serie de grandes músicos.”   Posiblemente la época dorada de la 52nd Street transcurrió desde principios de los cuarenta hasta principios de los cincuenta del siglo pasado. En ese periodo de tiempo llegaron a estar ubicados a ambos lados de la calle cerca de cuarenta clubes donde se podía escuchar “Dixieland” y “Swing”. “Be Bop” y “Blues”.                                           

La música fue la que realmente derribó muchas de las barreras raciales y no precisamente entre los músicos (Benny Goodman llevaba grabando y actuando con sus pequeños grupos mixtos desde 1935) sino entre el público que asistía a ese “party sin final” que fue en lo que se convirtió La Calle 52.

Hoy en día de todos los clubes que aparecen en el plano de la 52nd Street de los años cuarenta solo sigue en pie el Birdland. Abrió sus puertas el 15 de diciembre de 1949 con Charlie “Bird” Parker tocando en sus escenarios, por algo el local debía su nombre al apodo del saxofonista. Después de varios cierres, aperturas y cambios de ubicación en el presente está situado en el 315 West 44th Street en el Midtown de Manhattan y relativamente cerca de su original ubicación. El Birdland posee su propia banda residente denominada “The Birdland Big Band” liderada por el saxofonista David DeJesus. En el momento de escribir estas líneas uno de los músicos que está actuando en sus escenarios es el guitarrista, compositor y cantante John Pizzarelli al frente de su cuarteto.

Como cierre de los artículos voy a proponeros un par de temas a vuestra consideración. En este caso tienen una relación directa con el contenido del texto.

Nos encontramos en el “Onix” en el año 1938 y el trompetista Charlie Shavers había compuesto una nueva canción que en ese momento la estaba interpretando el John Kirby’s Onyx Sextet grupo al que él pertenecía. Benny Goodman que se encontraba presente le hizo llegar una nota a Shavers en la que le preguntaba el título de la canción. Como hasta ese momento no se lo había puesto le contestó “Sin decidir” (Undecided). A partir de ese día a la melodía se la conoció con esa denominación. El letrista Sid Robin fue el encargado de escribirle una letra y la tituló “Undecided” y así quedó registrada. El primero en grabarla fue John Kirby’s Onyx Club Sextet el 28 de octubre de 1938: John Kirby (b), Billy Kyle (p), O’Neil Spencer (d), Charlie Shavers (t), Russell Procope (as) y Buster Bailey (cl). Esta es una de las grabaciones que os propongo:

En el año 1952, Morris Levy – el dueño del club Birdland – estaba listo para lanzar al aire un programa de radio para promocionar su floreciente club de jazz y necesitaba, según sus propias palabras, un buen tema que pudiera sonar cada hora en punto y que animara a los oyentes a visitar su local. Ya tenía varias melodías que le habían provisto varios compositores, pero decidió entregárselas todas al pianista George Shearing a la vez que le comentaba que él podía escribir mucho mejores canciones. A los pocos días el pianista le presentó a Levy un tema que había titulado “Lullaby of Birdland”. Al dueño del club le encantó. La melodía no solo sonó en la radio sino también en el Birdland y ese mismo año de 1952 la grabó Stan Getz, al año siguiente Erroll Garner, al siguiente Ella Fitzgerald con la letra que había escrito George Davis Weiss. “Lullaby of Birdland” se convirtió en un standard de jazz y hoy en día sigue perteneciendo al repertorio de sus músicos.
La versión que os propongo la interpretó la “Birdland Big Band” en directo y desde el propio club en 2018. El álbum se titula “The Birdland Big Band Live”.

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