Duke Ellington: London Y Queen Elisabeth II

Duke Ellington a bordo del S, S, Olympic
El S. S. Olympic en el muelle de Southampton
Barney Bigard
La Orquesta de Duke Ellington en el Palladium
Ivie Anderson
Sonny Greer
Duke Ellington
Leeds Civic Hall
King George V
Billy Strayhorn
Duke Ellington: London Y Queen Elisabeth II

Londres se convirtió en la primera ciudad del Viejo Continente que Duke Ellington visitó. Para una persona que había nacido en los EE.UU., un país con ciento cincuenta años de vida, encontrarse con palacios, monumentos, puentes… en los que cada piedra que los mantiene erguidos rezuma cientos de años de historia debió de ser algo impresionante e impactante: “No pudimos haber contado con una mejor introducción a Europa. El hecho de que hablábamos el mismo idioma fue de gran ayuda”.

Por otro lado, los londinenses nunca habían asistido en alguno de sus lujosos “halls” a un concierto en directo interpretado por una orquesta de jazz de la talla de la de Duke Ellington. Y eso se vio reflejado en los medios.

LLegada de la orquesta a Southhampton (Inglaterra 1933)

Del puerto de Nueva York partía el 2 de junio de 1933 el transatlántico británico S. S. Olympic arribando el día 9 a Southampton, Inglaterra. A bordo del mismo viajaba Duke Ellington junto a su orquesta, siendo este su primer viaje a Europa.
Del muelle del puerto tomaron un autobús que los llevó al Hotel Dorchester de Londres. Los músicos se sorprendieron de que una entusiasta multitud les estuviera esperando. El clarinetista Barney Bigard lo recordaba así: “Según salíamos del autobús ellos empezaron a llamarnos a cada uno por nuestro nombre: “Aquí, Barney, ese es Hodges y detrás viene Cootie”. Nos reconocieron a todos. Eso sí que fue para mí una gran sorpresa”.

 El 12 de junio, la banda ofreció el primer concierto en el London Palladium de los quince que tenía acordados. La reacción de los 2.300 aficionados que llenaban la sala, esa noche de estreno, fue atronadora. Ellington: “Esa noche impresionó a toda la banda. Los aplausos fueron espeluznantes, aplauso tras aplauso. En nuestro primer show nos estuvieron aplaudiendo durante diez minutos seguidos”.

El decorado que servía de fondo a la orquesta eran unas simpáticas caricaturas de músicos negros tocando el banjo. Duke, al piano, iba ataviado con una chaqueta abotonada blanca. Sus músicos portaban pantalones marrones, chaquetas cremas y zapatos blancos. El primer tema que tocaron fue la composición de Ellington “Ring dem bells” (1930) que encendió a la audiencia.
Max Jones, un joven saxofonista de 16 años semiprofesional comentó al Smithsonian Institution: “Nosotros estábamos impacientes de que se terminaran las actuaciones previas y llegó el momento mágico en el cual el telón se elevó y la banda tocó “Ring dem bells”. Ninguno de nosotros había escuchado en su vida un sonido así en directo, y además se daba el caso de que estábamos viendo a la banda de Duke en vivo ante nuestros ojos”.

Le tocó el turno a la cantante Ivie Anderson y ella apareció sobre el escenario con un deslumbrante traje blanco e interpretó el famoso tema compuesto por Harold Arlen con letra de Ted Koehler para la “parade” del Cotton Club de 1933, “Stormy Weather”. No cabe duda, debido a las crónicas al respecto, que Ivie se llevó el mayor aplauso de la noche. Bertt Wilcox al Smithsonian Institution: “… lo que permanece intacto en mi memoria es Ivie Anderson apoyada en una columna de mármol y cantando “Stormy Weather” sin micrófono”.

Llegó el final del concierto y como suele suceder el público clamó por más música. La banda interpretó una de las más grandes composiciones de Ellington (junto a Barney Bigard), “Mood Indigo” y con ella acabó esa mágica noche espectáculo.

Las reacciones de los estudiosos de la música y del jazz fueron variopintos.

El escritor Derek Jewell en su libro “Duke: A Portrait of Duke Ellington”: “La novedad de la primera performance de Ellington en las Islas Británicas tuvo un gran impacto. Los británicos están en cierto modo desconcertados por la propuesta de ese elegante artista negro liderando su impecable banda. Ellos desafían todos los estereotipos de que los hombres de jazz sean unos frívolos”.

Gerard Finzi, reputado compositor clásico inglés: “Yo fui a ver a Duke Ellington el lunes pasado. Puede valer lo pena si solamente te fijas en el ataque y la precisión y te das cuenta de cómo esos raros ruidos se han producido. Un poco afrodisíacos y todos deslumbrantes que mi lenta mente no pudo seguir. Dicho de otra manera, el show completo es bonito, pero sin valor alguno”.

Hannen Swaffer en el magazine People: “Te demuestra (el concierto) cómo ha avanzado el jazz durante los últimos años, que un negro pueda venir a una de las más importantes salas de concierto del reino, con una orquesta moderna, extraiga una melodía y excite grandemente a la concurrencia, no con la canción sino con el ritmo…

La única, llamémosla, queja que exhibieron los periodistas especialistas en jazz, sobre todo los de la revista “Melody Maker”, fue que Ellington se dejó en el tintero grandes temas suyos e interpretó en su lugar cancones populares. Es por ello que le pidieron que diera un concierto especial para ellos y para músicos. La revista “Melody Maker” lo organizó todo y vinieron estudiosos de todo el mundo. El cine Trocadero de Londres (en esos momentos el mayor de Europa) fue el escenario elegido para esa purista audición. En palabras de Ellington parece que cumplieron con las expectativas que demandaban los estudiosos ya que, Spike Hugues, el principal crítico del momento no hizo ningún comentario desfavorable.

En el transcurso de esos quince días de actuaciones en el Palladium, Lord Beaverbrook, el propietario de los principales periódicos londinenses organizó una gran fiesta a la que invitó al príncipe de Gales, al duque de Kent y también a la banda de Ellington: “Llegamos a medianoche, junto a la hija de lord Beacerbrook y demás invitados jóvenes. Todo resultó tan pintoresco como espléndido. Los miembros de la nobleza, los parlamentarios y los delegados de los congresos imperiales, todos vestidos con atuendo formal se mezclaban con naturalidad”.

El baterista de la orquesta Sonny Greer consiguió un nuevo amigo en el trascurso de la velada. Él lo solía contar de esta manera: “Tan pronto como terminamos de montar nuestros instrumentos el príncipe de Gales vino y se sentó estilo indio a mi lado. Me dijo que sabía tocar la batería y le respondí que ¡adelante! Tocó un ritmo sencillo de charlestón y luego se pasó gran parte de la noche sentado a mi lado. La gente no hacía más que venir y llamarle “alteza”, pero él ni se movía. Al final estábamos un poco achispados por efecto de las copas. Empezó a llamarme “Sonny” y yo le correspondí tratándolo de “galés”.

Tras el éxito obtenido en Londres, el manager de la banda Irving Mills consiguió cerrar actuaciones en Liverpool, Birmingham y Glasgow. Además, el 13 de julio la orquesta de Ellington grabó en Londres para el sello Decca cuatro temas. Entre ellos se encuentra el titulado “Hyde Park”, en un claro homenaje al más grande y famoso parque londinense.

La gira de la banda por tierras británicas duró cerca de 45 días. El 24 de julio embarcó de vuelta a casa.
En el año 1944, Duke Ellington fue entrevistado por el periodista Richard O. Boyer para el “New Yorker” y relató lo que significó para él la tournée por Gran Bretaña del año 1933:

“En 1933, yo tenía 33 años y estaba cada vez más frustrado por la actitud de las editoriales musicales y de la escena de la música popular. Sentía que todos ellos eran unos tramposos. Estuve a punto de dejarlo todo, pero el recibimiento que tuvimos en Gran Bretaña me revitalizó. La cosa más importante que yo obtuve de Europa fue “espiritual”, consiguió que me levantara y sintiera de nuevo el “groove” dentro de mí. Esa clase de cosas te dan el coraje suficiente para continuar con todo aquello que tienes en mente”.

 25 años más tarde, la orquesta del Duque se encontraba otra vez recorriendo tierras británicas.
El 18 de octubre de 1958 estaban actuando en el Leeds Music Festival ubicado en la ciudad de Leeds, West Yorkshire, England. Ese día, el músico fue invitado a una recepción que The Queen Elisabeth II iba ofrecer en el Leeds Civic Hall un lujoso e impresionante edificio construido bajo el reinado de George V en 1933.

Durante el encuentro que mantuvieron la Reina y Duke, ella le preguntó si esa era su primera visita a su país, a lo que el músico le respondió que ya había tenido el placer de conocer Inglaterra en una gira que realizó en 1933 y que agradecía su deferencia al invitarle. Ella le comentó que sentía no poder haber asistido a su performance, en cambio el Prince Philip sí había estado presente y regresó encantado.  Ellington le respondió que lo que le había dicho “le había inspirado” y “que algo musical saldría de ello”.
Duke Ellington se tomó muy en serio ese peculiar encargo y al cabo de un año había compuesto una obra, junto a Billy Strayhorn, a la que tituló “The Queen’s Suite”. Está compuesta por siete movimientos que son los siguientes:

1 – Sunset And The Mocking Bird (La puesta de sol y el ruiseñor) – Duke Ellington & Billy Strayhorn
2 – Lightning Bugs And Frogs (Luciérnagas y ranas) – Billy Strayhorn
3 – Le Sucrier Velours – Duke Ellington & Billy Strayhorn
4 – Northern Lights (Auroras boreales) – Billy Strayhorn  
5 – The Single Petal Of A Rose (Un sencillo pétalo de rosa) – Duke Ellington & Billy Strayhorn
6 – Apes And Peacocks (Monos y pavos reales) – Duke Ellington & Billy Strayhorn

“Un día en el centro de Florida oí la hermosa llamada de un pájaro. Eché mano a mi papel y lápiz y anoté aquel maravilloso fraseo suyo. Silbé la tonada a las gentes del lugar para conocer qué pájaro cantaba una canción tan maravillosa. Finalmente entendí que se trataba de un ruiseñor. Compusimos una orquestación para aquella melodía que titulé “Sunset and the mocking bird”,

“Una noche íbamos en coche por la ribera meridional del río Ohio buscando el club de campo donde teníamos que actuar. Al rato nos encontramos en un área donde una luna seductora estaba semiescondida tras los árboles cuyas siluetas recortaba. Era como un gran escenario, con los árboles al fondo. Había millones de luciérnagas bailando en el aire. Era una perfecta escena de ballet. Abajo había un barranco, daba la sensación de que era el foso de una orquesta, donde resonaba el croar de las ranas. Le visualicé lo mejor que pude esta panorámica a Billy y él compuso la pieza titulada “Lighting bugs and frogs”.

“He visto auroras boreales muchas veces, pero la más espectacular de todas ocurrió en Canadá. Era como un escenario enorme donde no podía ver a los actores, solo percibía las sombras y los reflejos de los actores que se movían ante un telón de fondo brillantemente iluminado. Fue la mejor representación que he visto en mi vida y siguió desarrollándose si cesar en lo alto directamente sobre mi cabeza. Era algo raro y hasta aterrador. Le conté a Billy Strayhorn este fenómeno y el resultado fue un tema maravilloso que él compuso y que titulamos “Northern Lights”.

 “Con el tema “Le Sucrier Velours” intentamos representar la belleza. Este título es el nombre que dan los franceses a una pájaro cuya melodía es dulce como la miel y cuyo plumaje es tan suave como el terciopelo”.

“Otro de los movimientos estuvo inspirado en los pasajes de la Biblia sobre la reina de Saba y los regalos que brindó al rey Salomón. Amén de agasajarlo con todas aquellas riquezas en oro, plata y marfil, también le regaló unos monos y unos pavos reales. Para nosotros, esos monos y pavos reales daban la impresión de ser lo más esplendoroso de la historia. Así que lo titulé “Apes and Peacocks”.

Con el sexto movimiento tratamos de representar el asombro y la maravilla y le pusimos el título de “The single petal of a rose”.

La orquesta de Duke Ellington grabó los movimientos 1 y 6 el 1 de abril de 1959; 2, 3 y 4 el 25 de febrero; 5 el 14 de abril.

 Duke Ellington se fue con los masters de los seis movimientos al estudio de grabación y le pidió al ingeniero que realizara una única copia del disco que contenía la suite. Además, había pagado $2.500 a la discográfica Columbia para conservar la propiedad de la grabación y asegurarse, de este modo, que no se pudieran confeccionar más copias.
Ellington le hizo llegar el disco a Elisabeth II “solo para sus oídos”. Ni una sola nota de “The Queen’s Suite” trascendió al público mientras Duke Ellington vivió. En el año 1976 (dos años después de su fallecimiento y nueve después del de Billy Strayhorn) el sello discográfico Pablo Records sacó un L.P. al mercado que contenía “The Queen’s Suite” junto a dos obras más del músico tituladas “The Goutelas Suite” (1971) y “The Uwis Suite” (1972).

Del ejemplar que Ellington envió a Isabel II en 1959, hoy por hoy, no se sabe absolutamente nada. Buckingham Palace es un inmenso edificio, además la inquilina que lo habitaba habitualmente ha partido de este mundo hace unas pocas semanas hacia ese palacio, sobre las estrellas, que tienen reservadas las personas de sangre azul y en el que hay suntuosos aposentos y otros no tanto.

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