Jim Crow: “Iguales, Pero Separados”.

Una de las primeras compañías “minstrel” de Nueva Orleans
Atkins Brothers “Minstrel”
Thomas Dartmouth “Daddy” Rice
Litografía de Jim Crow en Londres
George Washington Dixon
Zip Coon
Homer Plessy
Placa Conmemorativa del Caso Plessy vs. Ferguson en Louisiana
Jim Crow: “Iguales, Pero Separados.

Cualquier persona que posea un interés en el estudio de la historia de los EE.UU., a partir de finales del siglo XIX y sea cual sea el marco de su investigación, se encontrará irremisible y desgraciadamente con unas leyes que se denominaron de “Jim Crow” (Jim Crow Laws). Estas leyes fueron una compilación de decretos estatales y locales que legalizaron la segregación racial en el citado país y que se pueden condensar en una frase: “iguales, pero separados”. Se mantuvieron en vigor desde finales del siglo XIX hasta la década de los años sesenta del siglo pasado y las sufrieron, principalmente, los afroamericanos. Su sistematización trajo consigo, para ese colectivo, un gran número de desventajas económicas, educativas y sociales.
Referirse a “Las Leyes Jim Crow” conlleva retomar una época de aciago recuerdo para los ciudadanos norteamericanos de piel más oscura. Pero, así mismo, esa jurisprudencia está incrustada en la historia de ese país llamado Los Estados Unidos de América que creo que es ilustrativo conocerla.

Lo primero que voy a tratar de explicar es quién fue ese personaje llamado Jim Crow que la sociedad eligió para que unas leyes racistas llevaran su nombre. Para ello vamos a centrarnos primeramente en unos teatros ambulantes llamados “minstrels”.

Al “minstrel show” lo podemos definir como un espectáculo itinerante de variedades donde sus blancos protagonistas, después de pintarse la cara de negro y gruesos labios de rojo, bailaban, cantaban y escenificaban situaciones cómicas o ridículas como presumiblemente las realizaban los verdaderos negros en las plantaciones o en las ciudades. Aparecieron en Norteamérica alrededor del año 1830 y se convirtieron en su “caja tonta” hasta principios del siglo XX.

La canción “The Coal Black Rose” pertenece al folclore tradicional y fue publicada en el año 1829 por J. L. Frederick (Philadelphia).
La historia nos relata, con la prudencia debida, que George Washington Dixon (1801? – 1861), cantante, actor y editor de prensa fue el primero que se pintó la cara de negro para interpretar “The Coal Black Rose”.

Thomas Dartmouth “Daddy” Rice nació en Nueva York en 1808. Durante la década de los años veinte del siglo XIX ejerció de artista itinerante. Con sus 1.85 metros de altura y un vigoroso cuerpo, sus cánticos y sus danzas recibían siempre el favor del público. “Daddy” – que venía de una integrada sociedad norteña – tuvo la oportunidad de observar a los negros en el profundo Sur de su país. Su forma de hablar, su sentido del humor, sus exageraciones, sus entonaciones al cantar, su modo de bailar. Ataviado con ropas andrajosas, pintada la cara de negro, y con una explosiva danza, que él presumía que era la misma que los esclavos negros ejecutaban en las plantaciones, Rice dió vida a un nuevo personaje al que había llamado “Jim Crow”.

Thomas Dartmouth “Daddy” Rice presentaba a “Jim Crow” a la concurrencia presente en el “minstrel show” de esta manera:

 Acercaros a escuchar, chicos y chicas, que vengo de Kentucky / Voy a cantar una pequeña canción y me llamó Jim Crow / Doy vueltas y más vueltas y giro sin cesar / Jim Crow se pasa todo el tiempo girando y dando saltos.
Allá en la vieja Virginia mi violín hago rugir / dicen que lo toco igual que el maestro Paganini / Doy vueltas y más vueltas y giro sin cesar / Jim Crow se pasa todo el tiempo girando y dando saltos.
Fui a la orilla del río sin intención de quedarme / pero vi allí tantas chicas que no pude marcharme / Doy vueltas y más vueltas y giro sin cesar / Jim Crow se pasa todo el tiempo girando y dando saltos.
Me subí a una balsa y me encontré al tío Sam / pero me largué al ver el lugar donde mataron a Packenham / Doy vueltas y más vueltas y giro sin cesar / Jim Crow se pasa todo el tiempo girando y dando saltos / Bajé entonces a Nueva Orleáns con ganas de dar mamporros / terminé pasando la noche en su sucio calabozo / Doy vueltas y más vueltas y giro sin cesar / Jim Crow se pasa todo el tiempo girando y dando saltos.

(Daddy Rice por pura rutina fue añadiendo versos a la canción “Jim Crow” mientras la estuvo interpretando, llegando a publicar un total de 150 diferentes.)

El baile que realmente realizaba “Daddy” Rice era una combinación de aires irlandeses con danzas negras, pero para los norteños el resultado era totalmente novedoso. Mientras marcaba el ritmo golpeando el suelo con sus raídos zapatos y con sus brazos y sus manos siguiendo la melodía. “Daddy” consiguió crear un exagerado estereotipo de un bufón negro llamado “Jim Crow” que inspiró y radicalizó las canciones y el baile de los “minstrels”.

El único personaje de estos espectáculos que le hizo sombra a “Jim Crow” fue un tal “Zip Coon”. Un dandy negro que hacía siempre el ridículo más absoluto intentando triunfar en la gran ciudad. Este personaje fue popularizado por George Washington Dixon, que lo rescató, posiblemente, de un circo ambulante y lo presentó en su “minstrel show” alrededor del año 1835.
Se desconoce, por el momento, quién o quiénes fueron los autores de la música y de la letra de la canción “Zip Coon” que dice así:

El viejo Zip Coon es un tipo instruido / Canta el “posum” y está en la movida y el convicto en el trullo / El marsupial en el hule y el mapache en el tocón / Ponte ante un problema de órdago, Zip Coon se arrancará a saltar.
Ahí está la vieja Sucky de piel azul y enamorada de mí / la otra tarde fui a su casa a tomarme un té / ¿y qué crees que había preparado para cenar? / pues patas de pollo y anca marsupial, pero sin mantequilla.
¿Has visto alguna vez gansos cruzando el océano? / su lento movimiento es una maravilla / cada vez que los gansos comienzan a tragar / se les oye a todos regurgitar.
Me pasé por casa de Sandy Holler la otra tarde / y el primer tipo con quien me encontré fue al viejo Zip Coon / El viejo Zip Coon es un pícaro instruido / pues toca con el banjo “Mapache en el trullo”.
Mi vieja dice que le traigo a mal traer / pues no quiero ir con ella a Tennessee / El amo le construyó un silo lleno de forraje / qué si era esto qué si aquello, qué lo de más allá.
Te oí hablar de la batalla de Nueva Orleáns / donde el general Jackson les zurró a los británicos / los chicos yanquis actuaron con astucia en tal apuro / pues atraparon al viejo Packenham y le llevaron río arriba.
Tengo muchas cosas que contar, más no sé por cuál comenzar / por tanto ahí va mi brindis por el viejo Zip Coon antes de que se comience a oxidar / Que tenga chicas bonitas como el Rey de los Viejos / para que cante esta canción muchísimas veces, antes de irse a criar malvas.

En el año 1865 un empresario blanco, de nombre W. H. Lee pensó que un “minstrel show” formado íntegramente por negros podía representarle buenas ganancias. El Sr. Lee bautizó a estos espectáculos como “Georgia Minstrels” y se convirtieron en todo un éxito, no sólo en su país, ya que la compañía viajó a Europa cosechando aplausos allí por donde pasó.
A esta empresa de variedades le siguieron otras muchas integradas sólo por afroamericanos y cuya titularidad y dirección la asumieron tanto negros como blancos.
En estos espectáculos empezaron su rodaje profesional importantes artistas negros, como el considerado padre del blues, el compositor W. C. Handy y las cantantes Ma Rainey, Mamie Smith, Bessie Smith o Alberta Hunter.
Los “minstrel shows” no sólo representaron para la comunidad afroamericana la posibilidad de acceder a un trabajo, sino también, y quizás por primera vez, poder expresar cantando y bailando sus propias raíces musicales en un entorno abierto a la sociedad que les rodeaba. Hasta ese momento – si exceptuamos la plaza Congo de Nueva Orleans – solamente las iglesias, las ceremonias de campo y las plantaciones fueron los reductos donde ese colectivo había podido dar rienda suelta a su expresividad musical siendo, por tanto, conocida por una mínima parte de la población norteamericana.
Los “minstrel shows” significaron para los músicos negros poder actuar ante una audiencia mucho más amplia y de esta manera intentar lograr poco a poco que su forma de entender la música empezara a ser aceptada por la comunidad blanca. Lo que no sabían los afroamericanos era que sus sones con aires africanos se iban a colar sin pedir permiso en los teatros de Broadway y que, en unos pocos años, esa música mestiza iba a ser imitada por la gran mayoría de los músicos de ese país llamado Norteamérica sin tener en cuenta el color de su piel.
La música que interpretaron los artistas negros en sus espectáculos no era religiosa, se trataba de algo distinto que se ajustaba a sus vivencias terrenales con todas sus alegrías y sus tristezas. El “cakewalk” y el blues estuvieron presentes desde el principio en los “minstrels negros”.

El 9 de julio de 1868 fue aprobada en los EE.UU. la Catorceava Enmienda de la Constitución que proclamaba que todos los ciudadanos eran iguales, poseían los mismos derechos y estaban protegidos por las mismas leyes.

En el año 1886 la compañía East Louisiana Railroad comenzó a operar en ese territorio y fue tejiendo una red ferroviaria que conectó a las más importantes ciudades del mismo. En 1890, la Asamblea de Representantes promulgó una ley que obligaba a habilitar en los trenes departamentos separados para blancos y negros, y negro significaba que no era 100% blanco.
Dos años más tarde de la promulgación de esa norma, el Comité des Citoyens de Nueva Orleans – un grupo de dieciocho distinguidos miembros de la comunidad creole – trató de poner a prueba su legalidad, para lo cual orquestó una elaborada puesta en escena.
El grupo eligió a uno de sus miembros, Homer Plessy – que podía pasar sin ninguna dificultad por blanco – y le pidió que tomara el tren en Nueva Orleans con destino a Covington, comprara un billete de primera clase y se sentara en el vagón destinado a los blancos.
El siete de junio de 1892, el Sr. Plessy estaba tranquilamente acomodado en su asiento del tren cuando el revisor le pidió el billete. Todo estaba en orden hasta que el viajero se identificó como un octoroon (con 1/8 de sangre africana). En ese momento el supervisor le comunicó que debía de abandonar el compartimiento y dirigirse al reservado para negros, algo a lo que Plessy se negó rotundamente.
El Comité des Citoyen había contratado previamente a un detective que viajaba en el mismo vagón para que detuviera al creole cuando, según el guion previsto, este no obedeciera al revisor. El arresto se realizó inmediatamente.
Plessy fue encarcelado y seguidamente llevado ante el juez, que era en definitiva el desenlace que buscaba el Comité. Y así comenzó el caso conocido como “Plessy versus Ferguson”.
En el juicio, presidido por el juez John Howard Ferguson, los abogados de Plessy arguyeron que la detención de su defendido era contraria a ley basándose en la 14ª Enmienda de la Constitución. Sin embargo, el magistrado realizó una novedosa interpretación de la norma argumentando que la existencia de vagones separados indistintamente para blancos y negros en los trenes no violaba los derechos constitucionales de estos últimos.
Esta sentencia fue recurrida por los representantes legales de Plessy ante el Tribunal Superior del Estado de Louisiana, pero esa petición no fue atendida y la sala confirmó el dictamen del juez Ferguson.
Como es obvio, el objetivo del Comité de Citoyens de derogar la discriminatoria ley, llevando a Homar Plessy antes los tribunales de justicia, no solo resultó un absoluto fracaso, sino que la citada norma salió reforzada por el fallo de la más alta magistratura del estado.
La jurisprudencia derivada del caso Plessy versus Ferguron sirvió para que se legalizaran un conjunto de disposiciones que dieron lugar a la doctrina conocida como “Separate but equal” (Separados pero iguales) por medio de la cual la Cámara de Representantes de los diferentes Estados y del propio Estado Federal podían exigir que se crearan espacios separados para blancos y negros en prácticamente todas las áreas susceptibles de ser utilizadas por ambos colectivos, es decir, colegios, hospitales, transportes públicos, viviendas… en definitiva en todos los ámbitos que forman el entramado económico-social de un país.
Y así nacieron las denominadas “Leyes Jim Crow” (Jim Crow Laws). Estuvieron vigentes hasta el año 1964 que fue cuando el presidente Lyndon B. Johnson firmó la “Civil Right Act” la cual terminó legalmente con la segregación.

Existen unas pocas canciones que se interpretaban en los “minstrels” y que han sobrevivido al paso de los tiempos. La primera y más famosa es sin duda es “(I Wish I Was In) Dixie’s Land” escrita por Dan D. Emmett en 1861 para los “Bryant’s Minstrels” y que sigue siendo el himno no oficial del Sur de los EE.UU. Podemos nombrar a “Carry Me Back To Old Virginie” compuesta por Charles White cerca del año 1847. “My Old Kentucky Home” compuesta por Stephen Foster (sin fecha). Ambas canciones para los “Christy Minstrels”.
La canción más popular de la época de los “minstrels” y que fue interpretada en todos ellos es la titulada “Oh Susanna”. Atribuida a Stephen Foster (aunque la música puede ser tradicional) que la publicó en 1848. La asociación de “Western Writers of America” la enmarcan entre las canciones más populares que se han escrito a lo largo de toda la historia de la música norteamericana.

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