Memorias del Viejo Mississippi

El “riverboat” Okahumkee con un músoco de blues a bordo cerca de 1894
Hernando de Soto
René Robert Cavalier de La Salle
“Showboat”
“Packeboat” transportando balas de algodón
Charlie Patton
La Orquesta de Fate Marable en 1919
Fate Marable
The S.S. Capitol Band
Tuxedo Orchestra
Jules Bledsoe
Jerome Kern & Oscar Hammerstein II
Joe Williams
Memorias del Viejo Mississippi

Ya he comentado varias veces que uno de los medios del que se sirvieron los músicos de blues para conseguir abandonar las zonas rurales más pobres del Sur de los EE.UU. donde vivían en comunidades aisladas, como las plantaciones o pequeñas poblaciones que ni siquiera aparecían en los mapas, fueron los “minstrel shows”. Otra forma de la que se valieron para escapar de su confinamiento fueron los barcos de carga que surcaban las aguas de los numerosos ríos que, como serpenteantes arrugas, marcaban e identificaban los territorios. Estos deslizantes almacenes flotantes de madera se deshacían del músico de blues cerca de las ciudades donde, una vez dentro del bullicio, intentarían sacarse unos centavos para poder seguir subsistiendo haciendo lo único que sabían, contar cantado viejas y nuevas historias, la mayoría de las veces tristes y, si se terciaba, medio inventadas en el momento.

Los “riverboats” que se deslizaban por las aguas del todo poderoso río Mississippi, que llegó a ser como una autopista de 3.700 kilómetros que comenzaba en el Norte y terminaba al Sur de Norteamérica, se convirtieron en el medio preferido por los músicos. El Mississippi contaba con numerosas salidas y en cualquiera de ellas lo podían abandonar – sin pagar peaje – pero sabedores que ante ellos se presentaba un futuro incierto.

El colonizador y conquistador español Hernando De Soto está considerado por los historiadores como el primer europeo que “descubrió” el inmenso Mississippi. Tal efeméride ocurrió el 5 de mayo de 1541. El explorador lo bautizó con el nombre de Río del Espíritu Santo. Su única preocupación al toparse con él fue cruzarlo en el menor tiempo posible, operación que al final le costó dos meses de duro trabajo. Alcanzado el objetivo pudo continuar su andadura hacia el oeste y explorar lo que hoy son los estados de Oklahoma, Arkansas y Texas. El río Mississippi quedó en el olvido.

En mayo de 1673, ciento treinta y dos años después del descubrimiento del Mississippi por parte de Hernando De Soto, una pequeña expedición liderada por el explorador francocanadiense, Louis Jolliet y por el jesuita y misionero francés, Jacques Marquette, partía de Quebec con la intención de encontrar una salida al mar a través del extenso territorio americano.
El 7 julio, el Mississippi les dio la bienvenida cerca de Praire du Chien, localidad perteneciente al actual estado de Wisconsin. Los aventureros navegaron río abajo, alrededor de 900 km, hasta situarse cerca de Arkansas.  En ese punto, se percataron de que la actitud de los indígenas, que hasta ese momento había sido pacífica, cambió drásticamente y, temiendo por sus vidas, decidieron dar media vuelta y regresar a Quebec.

En 1680, el explorador francés, René Robert Cavalier de La Salle, junto a su colega italiano, Henri de Tonti, decidieron montar una nueva expedición para descender por las aguas del Mississippi y tratar de llegar a su desembocadura en el Golfo de México.
Un total de cuarenta soldados, tres misioneros y los citados exploradores partieron de Fort Crèvecoeur, un emplazamiento militar francés ubicado a orillas del Mississippi a la altura de St. Louis (Missouri), con el firme propósito de conseguir una gesta, que hasta el momento ningún europeo había logrado.
Después de navegar río abajo durante unos 1.000 km consiguieron su objetivo.  En enero de 1682, por fin, una embarcación comandada por hombres del Viejo Mundo abandonaba el Mississippi y se adentraba seguidamente en el océano Atlántico.
En 1717, Jean-Baptiste Le Moyne de Bienville fundó la ciudad de Nueva Orleans.

A principios del siglo XIX, un nuevo artilugio flotante empezó a desplazarse por esas estrías acuosas impulsado por dos grandes ruedas con paletas situadas generalmente a ambos lados del casco, o bien en la popa y recibió el nombre de vapor de ruedas o “steamboat”.
El primero de ellos que se posó sobre un sorprendido Mississippi y comenzó a remover sus aguas con sus enormes paletas fue en el año 1811. A dicha embarcación le pusieron el nombre de, cómo no, New Orleans y a este le siguieron el Comet (1813) y el Vesuvius (1814). En la primera década del siglo XIX había más de 20 “steamboats” paseándose por el río. En 1830 su número se había incrementado hasta los 1.200.
Existieron varias clases de vapores de ruedas, siendo los más lujosos los denominados “showboats”, que fueron como verdaderos palacios flotantes que contaban con salones de bailes, de juego, teatros, etc. y navegaban río arriba, río abajo tratando que el personal se lo pasara estupendamente. Sin embargo, los vapores más comunes en los ríos sureños fueron los denominados “packetboats”, cuyo principal cometido fue trasladar las cosechas desde las plantaciones a sus diferentes puntos de destino, también río arriba y río abajo.  Como una tarea secundaria, estos barcos permitieron que personas viajaran a bordo, con más o menos comodidad, y no cabe la menor duda de que algunas de ellas llevarían, entre sus equipajes, a sus queridas guitarras.

Uno de esos bluesmen, el legendario Charlie Patton, dedicó una canción a un “packetboat” de nombre “James Lee” en 1929. Este barco fue botado en 1898 por la naviera Lee Line y permaneció transportando mercancías y personas hasta 1917, año en el que fue reconvertido en una nave más sofisticada con la idea de dedicarse exclusivamente a las excursiones. Ese cambio no le sentó demasiado bien ya que en el invierno de ese mismo año colisionó contra unas placas de hielo que flotaban incontroladas en el Mississippi y acabó hundiéndose en sus frías aguas.
Charley Patton tituló su canción “Jim Lee Blues-Part 2” y la grabó en el año 1929. Una de las estrofas de su letra dice así:

Jim Lee, Jim Lee, ven e ilumíname / Y la rueda de uno de sus los lados sigue golpeando, Señor, tengo miedo a las profundidades / El Jim Lee navega río arriba, río abajo / Y la rueda de uno de sus lados sigue golpeando, Señor, estoy cercado por las aguas.

Fate Marable (1890-1947) será la figura más legendaria y emblemática de los músicos que actuaron en los “showboats”. Comenzó su carrera con 17 años como pianista en el vapor “J.S. Nº1”: “En 1907, zarpábamos de Nueva Orleans y los únicos músicos en el navío éramos un tipo blanco que tocaba el violín y yo. Fui añadiendo nuevos músicos y conseguí formar un cuarteto: piano, violín, trompeta y batería. Todos ellos eran blancos excepto yo, pero tocaban estrictamente ragtime. Seguí con esta formación hasta que el “J.S. Nº1” se incendió en 1910.
En el año 1917, Marable formó una banda de músicos negros de la ciudad de Paducah (Kentucky), aunque tocaban jazz no eran en absoluto comparables con sus homólogos de Nueva Orleans.
En 1919, Marable consiguió organizar una gran banda con músicos nacidos o criados musicalmente en Nueva Orleans: Henry Kimball, contrabajo; Boyd Atkins, violín; Fate  Marable, piano; John St. Cyr, banjo; David Jones, saxofón; Norman Mason, saxofón; Louis Armstrong, corneta; Norman Brashear; trombón, Johnny Dodds, batería.
Esta formación actuó en los “showboats”: S.S. Sidney, St. Paul J. S.,y Capitol desde 1919 a 1921.
En este último año Armstrong abandonó el grupo para acudir a Chicago a la llamada de King Oliver.

La banda de Fate Marable estuvo cambiando continuamente de músicos, pero todos ellos fueron importantes figuras del jazz de su tiempo. Todo aquel que quería entrar en su orquesta debía de saber leer música, de ahí que Louis Armstrong en diferentes ocasiones ha citado a Marable como su profesor de música. El propio pianista comentó lo que le dijo al corneta cuando entró en su banda: “Louis tú puedes tocar y tener swing porqué es innato en ti. Pero tú no mejorarás tu swing hasta que consigas leer música. Entonces te adentrarás en unos caminos que no sabías ni que existieran”.
Para conocer un poco más la personalidad de Fate Marable valga la siguiente anécdota. Si uno o varios músicos de la banda cometían un error tocando en una actuación, en el próximo ensayo les hablaba de sus equivocaciones y les mandaba interpretar esa parte “difícil”, uno a uno, y delante de todos los demás. Los músicos llamaban a esos vergonzosos momentos: “nuestro particular Waterloo”.

Un dato curioso en la historia de Fate Marable consiste en que grabó únicamente dos canciones en su vida, teniendo en cuenta de que en algunos momentos dispuso de unas formaciones repletas de talentosos músicos.
El 16 de marzo de 1924, los siguientes músicos entraron en un estudio del sello Okeh en Nueva Orleans: Fate Marable, piano y director; Henry Kimball, contrabajo; Narvin Kimball, guitarra, banjo; Zutty Singleton, batería; Sidney Desvignes, trompeta; Harvey Lankford, trombón; Bert Bailey, clarinete, saxo alto. Los temas que grabaron fueron: “Frankie and Johnny” y “Pianoflage”.

Fate Marable se pasó prácticamente toda su vida profesional viajando millas y millas por el Mississippi, aunque también realizó alguna que otra excursión por los ríos Missouri y Ohio. Alrededor de 1940, tendría unos 50 años, abandonó al Mississippi y se instaló en St. Louis donde estuvo actuando en clubs de la ciudad como el Victoria Club. En febrero de 1947 dejó este mundo.

Otras bandas importantes que consiguieron que las notas que surgían de los instrumentos de sus músicos se las llevara el viento que soplaba en proa o en popa mientras navegaban por el viejo Mississippi fueron las siguientes: “The S.S. Capitol Band”, Tuxedo Orchestra”, Piron’ Dixie Cotton Pickers, Mississippi Serenaders o Harvey Lankford & his Syncopating High Hatters

Una de las ventajas adicionales que tenían los músicos que actuaban en los “showboats” residía en los atraques que estos realizaban en ciudades importantes como Memphis, St. Louis o Minneapolis. Una vez que terminaban su trabajo a bordo, los músicos podían desembarcar y participar en “jam sessions” “after hours” en los clubs de jazz de las citadas ciudades. Era enriquecedor conocer a nuevos músicos y nuevas formas de entender el jazz fuera de la ciudad de Nueva Orleans.

El fondo musical del Mississippi lo componen un buen número de canciones compuestas por músicos de jazz: “Bright Mississippi” (Thelonious Monk). Por músicos de blues: “Mississippi River Blues” (Big Bill Broonzy). Por músicos del Tim Pan Alley: “Mississippi Mud” (Harry Barris). Por músicos de country: “Mississippi Delta Blues” (Jimmy Rodgers & Jack Neville).

El mayor homenaje que se le ha tributado al rio Mississippi, según mi parecer, es un musical de Broadway titulado, precisamente “Show Boat”.
Su estreno fue el 27 de diciembre de 1927 en el Ziegfeld Theatre y se mantuvo en cártel durante 572 representaciones. Las canciones las compuso Jerome Kern y la letra y el libreto los escribió Oscar Hammerstein II. La obra está basada en la novela de Edna Feber titulada “Show Boat” escrita en 1926. El argumento de la misma, con un fuerte contenido racial y crítica social, narra la historia de tres generaciones de personajes que se desarrolla a bordo del “showboat” de nombre “Cotton Blossom” que recorre las aguas del río Mississippi. La acción se desarrolla entre 1880 y 1920.

Al día siguiente del estreno, el New York Times escribió entre otras cosas lo siguiente: “Con la novela, las letras y las canciones llenaríamos una ristra de adjetivos laudatorios uno detrás de otro. La atmosfera que se respira en la puesta de escena es perfecta, el vestuario conserva el estilo de cada período y hay un acabado y un pulido que conserva la esencia de la obra, desde que se sube el telón, moviéndose con una inusual suavidad. En “Show Boat” hay un gran número de bellas canciones algo que Jerome Kern no conseguía desde hacía algunas temporadas. Y sobre todas ellas destaca sobremanera la titulada “Ol’ Man River”.

La traducción literal en español de la canción “Ol’ Man River” sería “Viejo Hombre de Río”, pero en este caso el letrista llamó “Viejo Hombre” al propio río. Por lo que su título sería “Viejo Río”.
El tema “Ol’ Man River” se interpretaba dos veces durante la representación. En el primer acto aparecía en tercer lugar y era la novena canción en escucharse en el segundo. En ambas ocasiones lo interpretaba el barítono afroamericano Jules Bledsoe (1898 – 1943). Este artista, que hoy está prácticamente olvidado, fue el primero de su raza que consiguió un trabajo estable en las producciones de Broadway. Al hilo de este comentario debemos señalar que “Show Boat” fue de los primeros musicales en que actores blancos y negros pisaron juntos el mismo escenario de un teatro de Broadway.
La letra de “Ol’ Man River” traducida al español viene a decir:

Aquí a todos nos da trabajo el Mississippi / Aquí, mientras los blancos se divierten todos trabajamos / remando desde el amanecer hasta la puesta del sol / sin parar hasta el día del juicio final / Mires donde mires / no te atreves a desafiar a un hombre blanco / doblas tus rodillas e inclinas tu cabeza / y tiras de esa cuerda hasta que te mueres / Deja que me aleje del Mississippi / deja que me aleje del amo blanco / muéstrame por dónde corren las aguas del llamado Río Jordán / Esas son unas viejas aguas que llevo mucho tiempo queriendo cruzar.
Yo conozco a este Viejo Río / a este Viejo Río / Él debe de saber cosas / pero nunca las cuenta / Yo sé que él simplemente permanece en movimiento / y quiero que sepas que así continuará / Él no planta patatas, no planta algodón / y entonces la gente los planta / Quiero que sepas que lo que plantan pronto se olvidará / pero este Viejo Río por alguna razón continuará moviéndose y moviéndose.
Tú y yo tenemos que sudar y esforzarnos / El cuerpo lastimado / nos tortura de dolor / mientras acarreamos esta barcaza / Alguien dijo: “Tú puedes con eso” / Si bebes un poco de “scotch” quiero que sepas que acabarás en la cárcel / Sabes, estoy agotado y tan enfermo que ni siquiera lo intento / Estoy cansado de vivir / pero tengo miedo, tengo miedo a morir / Y las aguas del Viejo Río continúan su curso.

 “Ol’ Man River” la concibió Jerome Kern como una melancólica y triste balada y es así como se ha ido interpretando desde 1927, con algunas excepciones (Sam Cook – 1958). Yo me voy a referir a un álbum titulado “Blues & Beyond”. En él, el vocalista Joe Williams junto a la alemana “WDR Big Band” reforzada con el pianista Cedar Walton, el contrabajista John Clayton y el baterista Jeff Hamilton interpretan en directo, entre otros, el tema “Ol’ Man River”. Lo que me atrajo de esta versión fue que está interpretada en un tempo de “Swing – Medio” que la hace diferente de las versiones que normalmente se interpretan del tema de Jerome Kern.

Y no me resisto a dejar en este artículo la versión de “Ol’ Man River” de Ray Charles. Así, sin más.

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