Nueva Orleans (1717-1917): Sexo, Raza y Jass

Me acuerdo que me preguntó la razón por la cual yo había escrito el libro sobre Nueva Orleans. Yo le respondí: “Porque me lo pedía el cuerpo”.

Al ir escribiendo el libro “Y se hace Música al Andar con Swing”, Nueva Orleans fue apareciendo de forma recurrente y me fui percatando de sus sustanciales singularidades.

Durante toda la época colonial – antes de que se convirtiera en parte de los EE.UU. en 1803 – la ciudad permaneció en manos de franceses y españoles, los ingleses no pisaron nunca ese territorio. Esto es muy importante de cara a los esclavos ya que el “Código Negro” que regulaba sus comportamientos “sociales” fue mucho más permisivo en el caso español y francés que en el inglés. La posibilidad que tenían los esclavos de reunirse y entregarse a sus propias diversiones los días de fiesta (por ejemplo, en Congo Square) era algo impensable en las trece colonias inglesas. Cuando los dueños de las grandes plantaciones necesitaron adquirir mano de obra negra lo hicieron entre la existente en las islas caribeñas bajo su dominio, incluida Cuba, lo que representó que estos esclavos ya conocían la música europea, no llegaron directamente de África. Estos son los orígenes del “spanish tinge” del que hablaba Jelly “Roll” Morton.

Existe abundante documentación que recoge la costumbre de los dueños de las plantaciones de disponer de amantes negras con las que tuvieron descendencia. Estos hijos bastardos recibieron un trato especial, sobre todo, relacionado con la educación. Existieron casos en que fueron enviados a estudiar a París. Este colectivo de personas formaron la comunidad “creole”. Sus miembros se consideraban “una tercera raza” y ostentaron un peso específico en el desarrollo, en todos los ámbitos, de Nueva Orleans, incluido el musical.

Que una ciudad posea un importante puerto marítimo es un gran acicate para el desarrollo de su economía, pero tiene la desventaja de que debido a ello es un imán para un montón de gente indeseable. Nueva Orleans, la ciudad entera, se estaba convirtiendo en un gran prostíbulo. Las autoridades municipales tomaron cartas en el asunto y delimitaron una serie de bloques de casas donde allí y solo allí se podía ejercer la prostitución. Un experimento único. A ese barrio lo llamaron “Storyville” (el Sr. Story fue su principal impulsor) o simplemente “The District”. En él, las grandes “madames” construyeron auténticas mansiones de lujo con el dinero de sus “benefactores”. En todas ellas y en una sala a la que denominaban “The Parlor”  estaba ubicado un gran piano que lo tocaban los más selectos pianistas de la ciudad como Tony Jackson, Jelly “Roll” Morton o Manuel Manetta. Existieron personajes en “Storyville” dignos de un estudio mucho más profundo.

Sobre el jazz poco voy a decir. Se lo dejo al lector. Sí comentaré que en la ciudad en la que nació el jazz este término nunca fue usado por sus músicos. La palabra “jass” sí que se utilizaba, pero con un significado que no tenía nada que ver con la música.

El geógrafo Peirce F. Lewis definió Nueva Orleans como “una ciudad inevitable ubicada en un lugar imposible”. Ahí sigue y continúa siendo la ciudad más europea de todos los EE.UU.

Como colofón del libro mi amigo Guille Viglione escribió una excelente e inteligente “Coda”.

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