Savoy Ballroom: La Casa de los Pies Felices

Savoy Ballroom
The Home of Happy Feet; Savoy Ballroom
Chick Webb
Savoy Ballroom
Benny Goodman – Fotógrafo: Erich Auerbach
Chick Webb
Ella Fitzgerald & Chick Webb Orchestra
Savoy Ballroom
Lindy Hop
Charles A. Lindbergh
Savoy Ballroom
Norma Miller
Savoy Ballroom
Bailando en el Savoy
Emilie Claire Barlow
Savoy Ballroom: La Casa de los Pies Felices

El retumbar de los tambores golpeaba las paredes del local dando la sensación de que estas fueran de goma, los “breaks” de los saxofones y de las trompetas se sucedían removiendo con sus arriesgadas notas el aire almacenado en el recinto. Los sonidos cautivaban a la multitud y les invitaban a mover sus pies con swing, con esa música pensada para bailar y que se apoderó de Harlem desde los años treinta hasta mediados de los cuarenta. Llegó justo después de la Gran Depresión de los años veinte y se convirtió en la expresión artística que más se identificó con el “New Deal” que proclamaba el presidente Franklin Roosevelt. “New Deal” también con respecto al racismo, ya que esa música consiguió que una pista de baile se convirtiera en un lugar de encuentro entre blancos y negros y que ambas razas se integraran con un mismo objetivo: divertirse y pasarlo bien. El Savoy Ballroom fue el buque insignia de la flota de locales de Harlem donde daba la sensación de que los antiguos demonios del racismo se estaban, en cierta medida, calmando y que una cierta igualdad se vislumbraba en el horizonte.
El Savoy Ballroom, conocido como “La Casa de los Pies Felices” fue sin duda el más caliente, salvaje e integrador club de baile de todo Harlem. Abrió sus puertas de la mano del promotor Moses Galewski, de su primo Charles Galewski y del agente inmobiliario Charles Buchanan el 12 de marzo de 1926. Ese día cerca de 4.000 personas pasaron por el local, desde empleadas domésticas a miembros reputados del Harlem Negro y de la Sociedad Blanca. Todos pudieron, si así fue su deseo, bailar al ritmo de las orquestas que fueron contratadas para el evento, Fess Williams and his Royal Flush Orchestra, Fletcher Henderson’s Roseland Orchestra y Charleston Bearcats.

La pista de baile ocupaba una extensión de 975 m2 y a sus costados se ubicaban dos escenarios donde las bandas se turnaban y en ocasiones especiales se producía lo que se conoció como “la batalla entre bandas”. Aparte de esta pista existía otra más pequeña llamada “La Esquina de los Gatos” donde los bailarines más experimentados daban rienda suelta a sus habilidades. El Savoy se convirtió en la escuela perfecta para los ellos.
Los dueños del local cambiaban cada tres años el reluciente suelo de madera de arce de la pista de baile, ya que durante ese tiempo los pies de los bailarines se comían literalmente el entarimado.
En el Savoy todas las noches de la semana, menos la del domingo, tenían un significado especial, así la de los lunes y martes eran conocidas como “las noches de las damas”, ya que ellas tenían importantes descuentos en la entrada. La noche de los jueves y viernes, el local se convertía en un foro de discusión donde políticos, ministros de Dios, empresarios, artistas, en definitiva, representantes de toda la sociedad mostraban sus diferentes puntos de vista sobre la situación en la que se encontraba el país. A la noche de los sábados se la denominaba “la noche sin esquinas”, ya que el local estaba tan abarrotado que los bailarines más expertos se quedaban sin su esquina particular. Estos versados bailarines, que formaron un club llamado “El Club de los 400”, tenían su noche reservada los miércoles.

Por el Savoy pasaron las mejores bandas del país: Duke Ellington, Count Basie, Benny Goodman, Horace Henderson y sobre todo la de Chick Webb.
Chick Webb, enano y contrahecho, su físico no le hizo justicia ya que fue todo un coloso tocando la batería al frente de su orquesta. A pesar de sus deformidades físicas estableció el mejor tempo para los bailarines del Savoy. Sus tambores y platillos abrían las compuertas del swing logrando que los pies de los danzantes se volvieran, si cabe, más felices. Su banda fue la que más tiempo permaneció sobre los escenarios del Savoy ya que se convirtió en su orquesta residente desde 1931 a 1938. Era a él a quien los expertos bailarines pedían que tocara más deprisa para conocer hasta qué punto podían llegar en la ejecución de sus recién creados pasos de baile.  Cuando estaba programada una “batalla entre bandas” era a la de Chick Webb a la que tenía que intentar batir la orquesta “invitada”. Chick Webb perdió muy pocos lances.

En el libro de oro que contiene la historia del Savoy Ballroom hay una fecha que está subrayada de una manera especial y es la de el 11 de mayo de 1937. Esa noche se celebró una “batalla entre bandas” que la catalogaron como la batalla del siglo. Los contendientes fueron la orquesta de Benny Goodman y la de Chick Webb. Un detalle importante residió en que ambas interpretaron los mismos temas con los mismos arreglos. Webb ganó. Las diferencias del “swing” de una y de otra se puede apreciar aquí.
De todas formas, los periódicos que salieron al día siguiente dejaron a un lado el debate sobre cuál de las bandas elaboró un mejor “swing”, ya que nombraron vencedores a los 4.000 aficionados que llenaron la sala de baile junto a las 5.000 personas que no pudieron entrar y que se quedaron por los alrededores con la esperanza de que llegara a sus oídos alguna nota de las que salían volando de los instrumentos de los músicos ubicados en los escenarios del Savoy.

William Henry “Chick” Webb nació 10 de febrero de 1909 y dejó de golpear platillos y tambores para siempre el 16 de junio de 1939. Este prematuro fallecimiento, 30 años, se debió a la grave enfermedad de su columna vertebral.
Empezó vendiendo periódicos con la mente puesta en la compra de una batería. Antes de convertirse en el rey del Savoy lideró la banda del Black Botton Club neoyorquino en 1926 siendo su padrino Duke Ellington. Terminado su contrato con este club se estableció en el Paddock Club.
Los ecos de Chick Webb como un gran baterista llegaron a Harlem y al Savoy Ballroom. Cuando Chick llevaba cuatro años consiguiendo que los pies de los bailarines del Savoy volaran escuchó a una joven y desconocida cantante durante su participación en la primera “The Amateur Night” que organizó el Apollo Theatre. Sin dudarlo un segundo la contrató para su banda y fue a partir de esta nueva incorporación cuando la orquesta de Chick alcanzó su plenitud. Esa adolescente de 16 años que se unió a la banda se convertiría años más tarde en la Gran Dama del Jazz: Ella Fitzgerald.
Tras el fallecimiento de Chick Webb, Ella Fitzgerald se puso al frente de la banda y la lideró durante dos años antes de que se disolviera. La cantante empezó su carrera en solitario, una de las más exitosas de toda la historia del jazz.

El Savoy fue famoso por sus contiendas musicales y también porque la estética que emanaba de sus bailarines era diferente a la que se podía ver en el resto de los salones. Era algo habitual que importantes directores artísticos o coreógrafos de obras de Broadway se dieran una vuelta por “la esquina de los gatos” y tomaran buena nota de los novedosos pasos de baile que ejecutaban miembros del “Club de los 400” para incorporarlos a las coreografías de sus respectivos espectáculos. El Savoy Ballroom creó escuela y en sus pistas nació el baile más famoso de la época del swing: el Lindy Hop.

El Lindy Hop fue el digno sucesor del Charleston, del que tomó figuras prestadas, así como también del Cakewalk.
Conocer el origen de su nombre es una ardua tarea ya que sigue siendo objeto de discusión en las comunidades que lo mantiene vivo al día de hoy, en cualquier parte del mundo. Y ha pasado casi un siglo.
Una de las corrientes principales sostiene que en el argot de finales del siglo XIX y principios del XX, “Lindy” era una mujer joven. La palabra “Hop”, a principios del año 1913, estaba relacionada con un vigoroso baile por parejas originario de San Francisco de nombre “Texas Dance”. Al más característico movimiento de esta danza lo llamaban “Hop”.
Para conocer en que se basa otra de las teorías más recurrentes debemos recordar una noticia que el corresponsal en París de la RKO difundió a todos los EE.UU. el 21 de mayo de 1927. Decía así:
“La hazaña de un joven estadounidense ha entusiasmado a la opinión pública mundial. Charles Lindbergh ha atravesado el Atlántico sin escalas y volando en solitario. Tras treinta y seis horas y veintinueve minutos de vuelo, Charles A. Lindbergh ha sido recibido hoy, 21 de mayo, por una multitud enfervorizada en el aeropuerto parisino de Le Bourget. Ayer había despegado de Long Island, Nueva York, con su avión, El Espíritu de San Luis, con la intención de cruzar el Atlántico en solitario. Hasta este momento, sesenta y seis personas habían sobrevolado el Atlántico, pero él es primero que ha realizado el trayecto en solitario y sin escalas. El aviador de correos de veinticinco años se ha convertido en un héroe y en el hombre más popular del año. Con su espectacular vuelo, Lindbergh ha demostrado que el Atlántico puede ser conquistado por vía aérea. El Viejo y el Nuevo Mundo ya están más cerca de lo que nunca habían estado”.
Los bailarines del Savoy le rindieron su particular homenaje a Charles A. Lindbergh y denominaron a su baile “Lindy Hop” jugando con las cuatro primeras letras de su apellido.

La singular e importante historia del Savoy en la música norteamericana sufrió un serio percance el 24 de marzo de 1943 ya que en esa fecha le revocaron la licencia que disfrutaba como salón de baile. La razón que arguyeron las autoridades fue que en el local se ejercía la prostitución.
Todo Harlem se quedó sin respiración cuando lo cerraron, además, con la ridícula excusa de la prostitución. Todo Harlem sabía que el problema que subyacía en el fondo era simplemente racial. Codo con codo los habitantes del barrio lucharon hasta conseguir que el Savoy volviera abrir sus puertas, algo que consiguieron seis meses más tarde.

Una de las mejores bailarinas del Savoy, que formó parte del “Club de los 400” y que mostraba sus habilidades en “La Esquina de los Gatos” fue Norma Miller. Los testimonios de esta mujer nos han servido para conocer de primera mano lo que ocurrió en el Savoy Ballroom, bien a través de sus libros o de sus entrevistas.
Uno de sus comentarios sobre lo que significó el salón de baile para todos aquellos que vivieron su época dorada es el siguiente:

“Aparte de haberse inventado el “Lindy Hop” en el Savoy, este local significó mucho para muchas personas. Por primera vez el “status quo” en América quedó en tela de juicio. Por fin existió un salón de baile sin segregación. Los blancos y los negros bailábamos en la misma pista de baile, y bebíamos y comíamos en el mismo banco, codo con codo. El dinero de todo el mundo, blancos y negros tenía el mismo valor en el Savoy.
Es curioso que políticos de la talla de Franklin Roosevelt dijeran, a toro pasado, que la música y el baile del swing construyeron el puente necesario para solucionar el problema interracial, en una época en que el racismo imperaba en toda América. El Savoy fue una maravillosa excepción.”

 Los rumores del cierre del Savoy Ballroom comenzaron a circular por barrio de Harlem en el año 1951. El periódico “The New York Herald Tribune” aseguraba en sus páginas que el “Savoy Ballroom”, el “Golden Gate” y el “Club Sudan” iban a ser demolidos para dar paso a un importante proyecto inmobiliario. Por el contrario, el “Atlanta Daily News” afirmaba que los rumores de demolición eran falsos y que el “Savoy Ballroom” iba a continuar en su ubicación actual.
Harlem siguió con su día a día y esos rumores se fueron apagando poco a poco, pero volvieron a surgir y con mucha más fuerza a principios de 1958. Esta vez fue Charles Buchanan, el manager del Savoy, el que relató que debido a la poca afluencia de público no poseían el dinero suficiente para poder pagar a los mejores artistas y que los desórdenes que se estaban produciendo reiteradamente en Harlem les estaban perjudicando seriamente. Esta fue una verdad a medias ya que durante los años 50 pasaron por el Savoy artistas de la talla de Nat King Cole (1954), Buddy Johnson (1955), Sammy Davis jr (1955)., Perry Como (1958) o Harry Belafonte (1958) que abarrotaron de público el salón.
Al final el resultado fue que el Savoy Ballroom cerró sus puertas al público en julio de 1958 y fue demolido entre marzo y abril de 1959.
El historiador Terry Monaghan, experto en jazzdance, explicó en el año 2002 que el cierre del Savoy fue parte de un complot en el que participaron los dueños del local y las autoridades de la ciudad de Nueva York. Ambos querían que fuese una realidad un proyecto urbanístico donde estaba ubicado el Savoy y que ya estaba adjudicado a “Axelrod Construction Company, Inc”.
Y viéndolo todo en retrospectiva no fue un problema financiero, si lo hubo, el causante de que los bailarines de Harlem se quedasen sin el mejor Salón de Baile de toda la historia del jazz. Y eso sin contar con que sus pies permanecieron tristones durante una buena temporada.

La canción más representativa de Savoy será sin duda la titulada “Stompin’ at the Savoy” de 1936. La compuso el saxofonista alto Edgar Sampson mientras pertenecía a la banda de Chick Webb, después de pasar por la de Duke Ellington y Fletcher Henderson. En los créditos aparecen como co-compositores, Benny Goodman y Chick Webb aunque dudo que añadieran o quitaran una sola nota a la melodía. La letra la escribió Andy Razaf y dice así:

Savoy, la casa de los dulces romances / Savoy te conquista / a primera vista / Savoy te da la oportunidad de bailar / si tienes los pies inquietos / Tu figura es esbelta como una enredadera / Tus labios cálidos y dulces como el vino / Tus mejillas, junto a las mías, suaves y divinas / Canta mi corazón ahora / mientras toca la banda con swing / No me canso de disfrutar / de acá para allá / contigo en el Savoy / Qué gozo. Vacación perfecta / Savoy, donde poder volar / y girar como un carrusel / Savoy, allí quiero escapar contigo.

Os propongo escuchar primero “Stompin’ at the Savoy” por Benny Goodman que la grabó el 24 de enero de 1936 y seguidamente por Chick Webb que la grabó el 18 de mayo de 1934. Luego decidid quién tiene más “swing”, como si estuvierais en el “Savoy Ballroom”.

Por último y por no hacerle un feo al letrista, aquí está Emilie Claire Barlow y “Stompin’ at the Savoy”. La grabó en el año 2003 y formó parte del álbum “Happyfeet”.

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