V-Disc Swing vs. Charlie Nazi Swing

Personajes famosos en un estudio de AFRTS. Entre ellos Bog Hope o Frank Sinatra.
Capitán Robert Vincent
Metropolitan Opera House
Woody Herman – Carnegie Hall, New York – 1946
Billie Holiday rodeada de músicos en el Metropolitan Opera House el 18 de enero de 1944
Músicos en el Metropolitan Opera House el 18 de enero de 1944
Billie Holiday
Richard Wagner
Visitantes en el Museo de Música Degenerada (Entartete Musik)
Joseph Goebbels
Lutz Templin
Charlie and His Orchestra
Karl “Charlie” Schwedler
Fritz Brocksieper
V-Disc Swing vs. Charlie Nazi Swing

En el trascurso de 1942 el ejército norteamericano creó un departamento dedicado exclusivamente a tomar las medidas pertinentes con el fin de que la moral de sus tropas no sufriera altibajos. El citado departamento comenzó a trabajar en un proyecto mediante el cual los soldados que luchaban fuera de casa tuvieran acceso a la música que escuchaban en casa. Consideraron que el poder evocador y estimulante de la más bella de las artes contribuiría al mantenimiento de la moral en el frente. Para lograr dicho objetivo se valieron de dos potentes herramientas: la AFRTS (Armed Forces Radio Stations) y el programa de los V-Discs.

La AFRTS, con una cobertura que llegaba a todos los confines del planeta, emitía para los soldados las noticias más sobresalientes de su país, sus propios programas de entretenimiento contando para ello con los personajes más famosos de la radio, del cine, del teatro o de la música. También conectaba con otras radios comerciales para difundir aquellas emisiones que consideraba de interés. El programa más famoso que emitió la AFRTS durante toda la contienda con una periodicidad semanal llevaba el nombre de “Command Performance”. Un servicio del ejercito realizaba encuestas entre los soldados para conocer qué o a quién les gustaría escuchar. Por su plató pasaron gente como Bob Hope, Frank Sinatra, Lana Turner, Gary Cooper o Judy Garland. Una buena parte de las emisiones de la AFRTS se grababa en disco y se enviaba allí donde estaban los soldados. En enero de 1943 se imprimían 7.891 discos al mes. En octubre de 1945 la cifra llagó a los 117.695.

Dejemos la radio, por el momento, para centrarnos en los V-Disc.

El capitán Robert Vincent era el oficial técnico de la AFRTS con su sede central en Nueva York. Su cometido consistía en ocuparse de los envíos de los discos que contenían las trascripciones de los programas de radio y enviarlas por mar a sus diferentes destinos.
En julio de 1943, Vincent se presentó en el Pentágono y propuso un proyecto que consistía en grabar, sobre todo música popular, imprimirla en discos y enviarla perfectamente empaquetada al frente. Los jefes del Pentágono le dieron el visto bueno.
Las oficinas de los V-Disc se ubicaron en la 205 East 42nd Street de Nueva York. La primera llamada de teléfono que realizó Vincent fue al presidente de la American Federation of Musicians, ya que sus miembros se encontraban en huelga desde 1942 teniendo prohibido realizar cualquier tipo de grabación hasta conseguir que las discográficas no les pagasen un royalty por la venta de sus discos. Vincent le explicó al responsable de la A.F.D.M. cuál era el proyecto y a partir de ahí los hilos empezaron a moverse.
Los músicos aceptaron grabar para las fuerzas armadas de su país. A su vez estas les prometieron que los V-Discs solo se utilizarían para uso del personal militar y no existiría ningún tipo de explotación comercial con ese producto. Al final de la contienda los masters serían destruidos. Con las mismas condiciones los compositores y letristas accedieron a no cobrar ningún tipo de royalties por la inclusión de sus canciones en los V-Discs. Con estos argumentos a la Army solamente le quedó el problema de dónde sacar los fondos para el proceso y prensando de los discos.

Desde un primer momento Robert Vincent tuvo en su staff miembros de discográficas como Columbia o RCA Victor. Los músicos, compositores y letristas eligieron Frank Loesser (compositor y letrista) para que trabajara junto a Vincent en varios proyectos.

Otro de los problemas que surgieron con los V-Discs fue que no se podían elaborar utilizando la misma laca de los discos normales de 78rpm ya que estos eran muy frágiles. Su siguiente paso fue fabricarlos de vinilo (cloruro de polivinilo), pero desafortunadamente este material era más bien escaso y priorizó su uso militar para el aislamiento de cable eléctrico, para la fabricación de balsas, etc. Encontraron finalmente un sustituto en el Formvar, una resina de acetal polivinilo canadiense. También los V-Discs fueron fabricados con un diámetro de 30 cmts en vez de los 25 comúnmente utilizados y llegaron a editarse canciones con una duración de casi cinco minutos.

Los primeros V-Discs salieron de la planta que poseía RCA Victor en Camden, New Jersey en octubre de 1943. 53.400 discos fueron embalados en 1.780 cajas. A principios de 1945, 3.000 V-Discs eran producidos y distribuidos cada mes. Cuando terminó el programa de los V-Discs, una vez finalizada la contienda, se estima que más de ocho millones de estos especiales discos fueron distribuidos.

El 18 de enero de 1944 y en el Metropolitan Opera House de Nueva York se celebró el primer concierto de jazz destinado a recaudar fondos para uso militar. Los cerca de 3.400 espectadores que asistieron al evento recolectaron $650.000 en bonos de guerra. El concierto se emitió alrededor del globo por las radios NBC Blue y la AFRTS. Además, se grabó en V-Dics destinados a la Armada Estadounidense.
Los músicos que se subieron al escenario fueron: Louis Armstrong, Roy Eldridge, Oscar Pettiford. Barney Bigard, Sidney Catlett, Al Casey, Teddy Wilson, Art Tatum, Teddy Wilson, Lionel Hampton, Jack Teagrden, Red Norvo y las vocalistas Billie Holiday y Mildred Bailey.
Los periódicos se hicieron eco del evento comentando: “La impresionante “opera house” nunca había tenido esa clase de audiencia. Movimientos de hombros y de caderas, gritos, chirriantes silbidos, rítmicas palmadas… A los sorprendidos fantasmas de Caruso y de otros se les removerían sus huesos con el sonido de las olas de una música moderna que golpeaba sus tímpanos allá en el otro mundo”.
La grabación de los V-Discs trajeron consigo la posibilidad de que se formasen grupos de músicos que en otro contexto hubiera sido imposible de lograr por las restricciones contractuales de los protagonistas. Lo cual fue todo un lujo.
Los militares cumplieron los pactado y todos los masters de los V-Discs fueron destruidos, pero a nivel personal muchos de los soldados se quedarían con una parte de ellos como recuerdo. Seguro que miles siguen dando vueltas por el globo y se habrán convertido, a estas alturas, en preciados objetos de coleccionista.
Los “V-Discs” tuvieron tanto éxito que una vez que se acabó la guerra, su música siguió sonando por un tiempo. Estas son las palabras de Woody Herman: “Ahora que los disparos han terminado, los chicos y yo mismo deseamos disparar uno o dos V-Discs en vuestra dirección”.

No podemos olvidar el protagonismo que tuvieron intérpretes y bandas musicales que, patrocinados por el Departamento de Defensa, realizaron giras por varios países donde se estaba desarrollando el conflicto para animar a la tropa. Billie Holiday comentaba al respecto: “No sé cuántos kilómetros recorrí cantando para las tropas en esos tiempos de guerra. En avión, en tren, incluso en nuestro autobús blanco. Como público, los soldados son tan estupendos, que les echas de menos cuando regresas a casa. Les gustaba todo lo que cantaba, aunque nunca se cansaban de pedirme “Billie’s Blues” “Fine and Mellow” y “Body and Soul”. No había nada tan digno de compasión como dos mil chicos anclados en un país remoto, sin música, sin mujeres, sin nada. Después de cada actuación me hacían picadillo, me quitaban las flores del cabello y las rapartían pétalo por pétalo. Hasta me pedían trozos del vestido o de las medias porque olían a mujer”.

Dave Brubeck Band – Artie Shaw Orchestra – Artista Desconocida – Glenn Miller Orchestra
Irving Berlin – Marilyn Monroe – Louis Armstrong – Artie Shaw Orchestra

Os propongo escuchar a Billie, en “Billie’s Blues” una de las canciones que interpretó el 18 de enero de 1944 en el concierto del Metropolitan Opera House de Nueva York con ese fantástico grupo de músicos al que me he referido anteriormente y que se grabó en un V-Disc.

Y ahora nos pasamos al otro bando.

Hitler y el partido nazi entendieron que la música podría convertirse en una de las expresiones más importantes y útiles para representar a la nueva Alemania y a su ideario político. Después de los consejos del ministro de propaganda, Joseph Goebbels, Hitler decretó que solo existían tres compositores cuya música se adaptaba a las virtudes del pueblo alemán. Ludwig van Beethoven, Anton Bruckner y sobre estos dos y muy arriba, Richard Wagner por ser intensamente alemán, además de un antisemita convencido.
Al resto de la música la llamaron “Entartete Music” que lo podríamos traducir como “Música Degenerada”, ya que los jerarcas del Reich consideraban que estaba escrita por comunistas, anarquistas y judíos.
Especial atención se llevó la música negra ya que promulgaron un edicto cuyo título decía: “Contra la cultura negra, en pro de la herencia alemana”.

Los nazis, antes de llegar al poder, ya denigraban al jazz y a cualquier ritmo afroamericano, una vez que lo alcanzaron lo prohibieron con una ley ordenanza de 1935.

En el año 1938,  los gerifaltes del partido inauguraron un museo dedicado a la “Entartete Music” en Munich donde el jazz fue la estrella de la muestra.

Joseph Goebbels, aparte de ocuparse de la propaganda del partido, era el responsable de la educación popular y no se le escapaba que, aunque la música swing norteamericana estaba prohibida, a una buena parte de la juventud le gustaba. Se organizaban muchos bailes clandestinos que terminaban en grandes redadas y a los detenidos se les enviaba a campos de concentración. Pero la música swing siempre permanecía, aunque de una forma clandestina, en la Alemania de Hitler. Ni los nazis dispusieron de una varita mágica para hacerla desaparecer. Goebbels tenía un problema de difícil solución por lo que se preguntó: ¿Por qué no utilizar el jazz en beneficio del Reich? La respuesta fue crear: “Charlie and His Orchestra”.

Aunque la historia completa de “Charlie and His Orchestra” no está documentada al ciento por ciento, en el trascurso de los años ha aparecido abundante información.
El departamento creado por Goebbels para formar un orquesta de jazz eligió como director de la misma al saxofonista alemán Lutz Templin y este se ocupó de localizar a los músicos más “hot” que vivían en los países ocupados por los nazis: al trompetista Nino Impallomeni y al pianista Primo Angeli, ambos italianos; al clarinetista Benny de Weille, al trombonista Josse Breyre y al guitarrista Meg Tevelian, los tres belgas; al trombonistas Willy Berking, al saxofonista tenor Eugen Henkel, al baterista Fritz Brocksieper y al cantante Karl “Charlie” Schwedler, todos ellos alemanes. Entre estos músicos ninguno era nazi, la mayoría no era ario y alguno que otro poseía un porcentaje de sangre judía corriendo por sus venas. Pero en este caso Goebbels y compañía, como se dice coloquialmente, hicieron la vista gorda.

¿Cómo benefició esta banda al Reich? La respuesta está en la letra de las canciones que interpretaban. Elegían temas standards de la música norteamericana y les escribían unas letras que ridiculizaban a personajes como Churchill o Roosevelt, se burlaban de los negros y de los judíos o del racismo que existía en América, ridiculizaban el poder bélico de los aliados, etc.
Una de las canciones seleccionadas fue “Bye bye blackbird” que los alemanes la titularon “Bye Bye Empire” y estaba dedicada especialmente a Winston Churchill y decía así:

“Aquí está, Sr. Churchill la última canción dedicada a Gran Bretaña: Anteriormente nunca me había importado Hong Kong, Burna o Singapore. ¡Adiós Imperio! La India también puedo perderla. Entonces solo me quedará el zoo de Londres. ¡Adiós Impero! No hay nadie que me quiera ni que me entienda. ¿Ninguno? Todos me han traicionado. Los yankees no dan señales de vida. Ya no puedo distinguir lo bueno de lo malo. ¡Adiós Imperio!

“Charlie and His Orchestra” bombardeaba diariamente con su música desde los estudios de la Reich Radio Co. en Berlín especialmente a Gran Bretaña y a los U.S.A. Estuvieron en el aire hasta el final de la guerra. Cuando los bombardeos de los aliados cayeron sobre Berlin afectando a la radio, la orquesta se desplazó a la ciudad de Stuttgart y allí continuó con sus emisiones. El 5 de abril de 1945, dijeron adiós a las ondas un poco antes de que un comando de la SS volara el edificio de la radio para que no cayera en manos de las tropas americanas y francesas.
Sorpresivamente la música que interpretaron “Charlie and His Orchestra” durante la contienda se hizo popular en Alemania y en los países ocupados. Tal es así que decidieron grabar discos que se vendieron en esos países, aunque se sabe que muchos de ellos cruzaron el Canal hasta Gran Bretaña y el Atlántico hasta los EE.UU. y Latinoamérica.
“Charlie and His Orchestra” dejaron alrededor de sesenta canciones grabadas. El Dr. Rainer Lotz, un economista y estudioso del jazz europeo ha seguido el rastro de las citadas canciones que se han vuelto a editar (1975) en tres L.P’s con el título de “German Propaganda Swing, Charlie & His Orchestra, Vol. 1-2-3″. Muchas de ellas se pueden escuchar aquí.

Al terminar la guerra, Lutz Templin (director de la orquesta) trabajó de director de la orquesta de Radio Stuttgart. Más adelante montó un estudio de grabación y de edición de discos en Hamburgo. Su último trabajo fue el de colaborador de la discográfica Polydor. Dejó este mundo en 1973.
Karl “Charlie” Schwedler (el vocalista) trabajó como crupier en el casino “Pavilion Europe” en el Berlín Occidental. En 1960 emigró a los EE.UU. y fue manager de un night club. Volvió a su país de origen y falleció en 1970.
Fritz Brocksieper (el baterista) consiguió reunir a varios músicos de “Charlie and His Orchestra” a las pocas semanas de acabar la guerra y formó una nueva banda con el nombre de “Brocksieper Freddie” (aunque todo el mundo la llamaba “Dr. Goebbels Swing Band”). Actuó en los clubs de jazz por toda Alemania, incluyendo los del ejército estadounidense. Fue probablemente el mejor baterista de jazz de Alemania. Dejó definitivamente parches y palillos en 1990.

Fritz Brocksieper comentó al cabo de los años que todos los miembros de “Charlie and His Orchestra” ganaron mucho dinero durante la guerra – aparte de estar exentos de coger un fusil – actuando en clubs semiclandestinos en Berlín. Sobre el escenario situaban el micrófono de tal manera que la voz del cantante pasara desapercibida mientras ellos se dedicaban a tocar buen jazz, Una encuesta realizada por la BBC al finalizar la contienda, puso de manifiesto que el 26,5% de los radioyentes británicos escuchaban a “Charlie and His Orchestra”. Posiblemente esta banda tuvo su importancia, pero no con el propósito que se creó sino en un aspecto puramente musical.

Subscribe