






















Artie Shaw: Un Brillante Clarinetista de Compleja Personalidad
Gene Lees (1928 – 2010) fue un biógrafo, escritor, crítico musical y letrista canadiense (escribió la letra de media docenas de canciones de Tom Jobim) que mantuvo una relación de compleja amistad con Artie Shaw durante 37 años (desde 1967 hasta 2004, año en el que falleció el músico). Fruto de ella, Lees escribió un extenso perfil del clarinetista, en tres partes, al que tituló «The Anchorite». Lo publicó entre junio y agosto del 2004 en su entrega mensual «Jazzletter»: “Lo maravilloso de esta publicación es que me ha permitido escribir lo que yo quiero, no lo que los editores quieren. Y lo maravilloso para los demás colaboradores es que tienen total libertad. Sin dinero, pero con total libertad”. «Jazzletter» se publicó desde 1981 hasta que su autor dejó este mundo en 2010.
En «The Anchorite» podemos leer:
“Artie Shaw fue músico sumamente talentoso y probablemente fue el mejor clarinetista de jazz que haya existido (pido disculpas a Buddy DeFranco), pero como persona era alguien que la mayoría de la gente preferiría mantenerse alejado, por decirlo suavemente. Shaw fue un egocéntrico egoísta y un insociable, si se encontraba con otros seres humanos, salvo si decían lo que él quería escuchar”.
Artie Shaw no fue, simple y llanamente, una buena persona. No solamente para Lees, sino para prácticamente todos los biógrafos que han querido adentrarse en su vida privada. Decía sentir desprecio por las mujeres del cine, refiriéndose a ellas como «esas tías de Hollywood con pechos de bronce», se casó con dos grandes actrices: Con Lana Turner en 1940, el matrimonio duró cuatro meses y con Ava Garner en 1945, se separaron al año siguiente. Además, contrajo nupcias con seis mujeres más.
Establecido este punto oscuro en la vida privada de Artie Shaw, pasemos página y centrémonos en su vida pública, como músico.
Artie no fue demasiado prolijo en referirse a otros músicos – sobre todo de forma positiva – pero sí nos dejó muestras de aquellos a los que admiraba y respetaba:
“Bix Beiderbecke, como yo, estaba interesado en los compositores impresionistas franceses y en Stravinsky. Compartí habitación con él durante un tiempo cuando regresé por primera vez a la ciudad donde nací, Nueva York. Bix me influenció profundamente e intenté tocar como él, pero en aquellos momentos tocaba el saxofón”.
“Uno no puede imaginar lo radical que fue Louis Armstrong para todos nosotros. Revolucionario. Definió no solo cómo tocar un solo de trompeta, sino cómo se toca un solo en cualquier instrumento. Si él nunca hubiera vivido, supongo que habría un jazz, pero sería muy diferente”.
“Lester tocaba en otra dimensión que la banda. Tocaba de forma muy, muy relajada. No forzaba el ritmo. Si acaso, iba rezagado. Su habilidad para manejar corcheas sin apresurarse era preciosa. Además, Lester tocaba primero música, después jazz”.
El pianista de “stride” Willie «The Lion» Smith era negro, pero también de ascendencia judía como yo. Su nombre real era William Henry Joseph Bonaparte Bertholf Smith. Era un artista de jazz que también podía tocar a Bach y hablaba yiddish. Tocando con él mantuve mi técnica en forma y la perfeccioné a pasos agigantados. Mi filosofía era seguir aprendiendo el oficio musical con músicos que poseían mucha más experiencia y logros que yo”.
Artie Shaw nació como Arthur Arshawsky, en el seno de una familia judía, en el Lower East Side neoyorquino el 23 de mayo de 1910. Su padre era sastre y su madre costurera.
El primer instrumento que aprendió a tocar, de forma autodidacta, fue el saxofón alto. En la “high school” lideró un sexteto que actuaba en los bailes del colegio y después de los partidos de baloncesto.
Una banda importante para Artie Shaw fue la liderada por John Caravallo. Le contrató cuando tenía quince años, pero le puso como condición que debería aprender a tocar el clarinete, sin dejar de lado al saxo alto. Artie permaneció dos años en esta formación. Al cabo del primero, ya se manejaba bastante bien con ambos instrumentos. Arthur Arshawsky se convirtió definitivamente en Artie Shaw mientras formó parte de esta banda.
En esos días, Shaw comenzó a estudiar el arte de los arreglos orquestales y consiguió que el violinista Austin Wylie, líder de la mejor banda de Cleveland, se interesara por ellos. Así mismo, Artie se había presentado a un concurso de arreglos y sorpresivamente ganó el certamen. El premio era un viaje gratis a Hollywood.
Una vez en la meca del cine, consiguió una audición con el violinista Irving Aaronson, líder de una de las bandas más famosas de los años veinte llamada «Irving Aaronson and his Commanders», gracias sobre todo a la versión que realizó del tema de Cole Porter (escrito en 1927 para el musical «París») titulado «Lets Misbehave». Shaw fue contratado por Aaronson, en un principio a modo de prueba, y unas semanas más tarde de forma permanente cuando la banda se dirigió a Chicago con un contrato en el club Casa Granada.
Shaw se dejó llevar por la pasión de tocar con grandes figuras en jam sessions, como el pianista Earl «Fatha» Hines, o de observar y escuchar a otros virtuosos del clarinete (que ya se había convertido en su instrumento preferido), como Jimmie Noone. Vio tocar a Armstrong que fue “una experiencia embriagadora”. O se topó con leyendas como Bix Beiderbecke (con quien compartiría habitación) o Bunny Berigan. Resumiendo, esta vibrante y próspera escena del jazz de Chicago de aquel tiempo se convirtió en una especie de universidad para el joven Artie, que tenía veinte años.
La banda de Aaronson partió a Nueva York, y a Artie Shaw no le quedó más remedio que abandonarla, ya que tuvo un accidente con su coche atropellando mortalmente a un peatón. Se celebró un juicio y el músico quedó absuelto de cargos penales, pero la familia del fallecido le reclamó una fuerte suma de dinero que él no podía asumir. Su madre le ayudó a salir del paso, pero le llevó varios meses reunir el montante. Artie, por su parte, no podía generar ingresos ya que necesitaba obtener el Carnet que le facilitaba el Sindicato de Músicos neoyorquino una vez que acreditaba que llevaba entre tres y seis meses residiendo en la ciudad.
Solo le quedaba un sitio donde podía aprender y relacionarse con grandes músicos: Harlem. Artie Shaw se pasó improvisando de día, de noche y todos los días en las jam-sessions. No pudo encontrar a mejores profesores, como Billy “The Lion” Smith, como él mismo reconoció en su autobiografía y en varias entrevistas. Durante esos meses en Harlem, Artie consiguió que su clarinete sonase como él quería. Cuando estaba sumergido en una improvisación y dejaba que sus instintos tomaran el control, estos lo llevaban a innovaciones en la digitación y la embocadura que finalmente lo ayudaron a alcanzar notas que ni él mismo sabía que existían en un clarinete.
Una vez que tuvo en sus manos el Carnet del Sindicato de Músicos se unió a la orquesta de Red Nichols y seguidamente a la de Freedy Rich. También se convirtió en un músico independiente que era requerido frecuentemente por las orquestas de las radios (aunque no le quedaba más remedio que ceder ante las exigencias comerciales y tocar una música que en realidad no le interesaba en absoluto).
En el año 1932, Artie Shaw tomó la decisión – que repetiría a lo largo de su carrera – de abandonar totalmente la música. Adquirió una granja en el condado de Bucks, Pensilvania, una hermosa propiedad junto al río Delaware, donde vendió leña para ganarse la vida. También fue un lector voraz y trató de escribir una novela sobre la trágica vida de Bix Beiderbecke, sin conseguirlo. Un año dedicado a leer y a escribir le brindó cierta paz, pero no los ingresos suficientes, por lo que Shaw viajaba intermitentemente a Manhattan para tocar y ganar dinero.
Durante los dos próximos años, Shaw se dedicó casi exclusivamente a practicar con su instrumento rompiendo ese aprendizaje solamente cuando se le terminaba el dinero y no le quedaba otro remedio que acudir a las radios.
Un punto de inflexión en la carrera de Artie Shaw, se produjo en 1936. Joe Helbock, dueño del club de jazz Onyx sito en la 52nd Street de Harlem, le pidió a Artie Shaw que preparase un pequeño número para interpretarlo entre las actuaciones de dos big bands en el concierto que estaba programado para el 24 de mayo de 1936 en el Imperial City de Nueva York. A este evento lo denominaron «New York’s First Swing Music Concert» y se iba a desarrollar en beneficio de la «America Federation of Musician» para ayudar a aquellos músicos que se lo estaban pasando mal económicamente debido a la Gran Depresión.
Shaw pronto descubrió que la mayoría de sus colegas iban a actuar al frente de las populares big bands de la Era del Swing. Este concierto se convirtió en una oportunidad para que Shaw demostrara su personal visión creativa, así como su espíritu independiente. Escribió para la ocasión una obra corta (que no llegaba a los 4 minutos) y la tituló «Interlude in B-Flat». En el momento de su estreno en el Imperial City la formación fue la siguiente: Artie Shaw, clarinete; Carl Kress, guitarra; Artie Bernstein, contrabajo, Art Stein a la batería, todos ellos músicos de jazz. Además de un cuarteto de cuerdas: Harry Bluestone y Mannie Green, violines; Isadore Dir, viola y Rudy Simms, violonchelo. Todos estos músicos pertenecientes a la Columbia Broadcasting Symphony.
El público asistente guardó un absoluto silencio durante la interpretación de la obra para, seguidamente, ponerse en pie y dar una estruendosa ovación cuando terminó.
Shaw se inspiró, según los estudiosos, para escribir «Interlude in B-Flat», por un lado, en compositores de jazz como Jelly Roll Morton y en las estructuras del blues y por otra parte en compositores clásicos contemporáneos como Ravel, Debussy o Stravinski.
Lo que no cabe duda es que esta composición entra de lleno en la música que en unos pocos años se denominaría «Third Stream» siendo sus principales figuras Gunther Shuller y el pianista, John Lewis.
En agosto de 1936, el clarinetista Artie Shaw creó una banda que estaba formaba por un pianista, un contrabajista, un baterista, un guitarrista, dos trompetistas, un trombonista, un saxofonista tenor, dos violinistas, un violista y un chelista. También contrató a una cantante, no demasiado conocida, de nombre Peg LaCentra.
En 1936, la Época del Swing estaba incrustada en toda la sociedad norteamericana y triunfaban músicos como Benny Goodman o Glenn Miller que estaban al frente de sus big bands formadas por la sección rítmica e instrumentos de viento (metal y madera). Evidentemente, Shaw se apartó de la corriente principal en cuanto a la sonoridad de las bandas se refiere y se convirtió en un verso suelto dentro de la Swing Era.
Artie Shaw luchó denodadamente por conseguir hacer viable económicamente su proyecto musical y aunque actuó en salas importantes de baile no conseguía que estas se llenaran de público, por lo que sus responsables no volvían a contratarle. En febrero del 38, decidió, de una vez por todas, romper con lo establecido y abandonar también el enfoque de esta banda, descartando muchos de sus arreglos meticulosamente elaborados pero que no habían tenido una gran acogida entre el público.
De todas maneras, durante agosto de 1936 hasta febrero de 1938, la banda de Shaw dejó grabadas una treintena de canciones para el sello Brunswick que nos ilustran cómo sonaba la banda. He elegido el tema titulado «When your lover has gone», un standard escrito, música y letra, por Einar Aaron Swan y que formó parte de la banda sonora de la película, Blonde Crazy, de 1931. La banda de Artie la grabó a finales de enero de 1937.
Estos fueron los músicos: Artie Shaw, clarinete; Joe Lippman, piano; Ben Ginsberg, contrabajo; George Wettling, batería; Tony Gattuso, guitarra; Lee Castle, Zeke Zarchy trompetas; Buddy Morrow, trombón; Tony Pastor, saxo tenor; Jerry Gray, Frank Siegfield, violines; Sam Persoff, viola; Bill Schumann, chello; Peg LaCentra, cantante.
Durante el mes de marzo de 1937, Artie Shaw se mantuvo muy ocupado realizando audiciones a un montón de músicos tratando de formar una banda más convencional y enfáticamente sin instrumentos de cuerdas. A una parte de ellos los reclutó de otras orquestas como la de Tommy Dorsey o la de Berigan y también, analizó las causas del por qué las composiciones que interpretaban las citadas formaciones conseguían el favor de público y las suyas no. Entre los músicos claves que contrató se encontraban los trompetistas Chuck Peterson y John Best, los trombonistas Harry Rodgers y George Arus, el guitarrista Al Avola y el baterista Cliff Leeman, el saxofonista alto Les Robinson y el tenor Hank Freeman. Con estos mimbres se podía formar una buena banda y Artie lo consiguió. Pero le faltaba un mimbre especial. Billie Holiday lo cuenta en su autobiografía:
“Todo comenzó una noche en el neoyorquino club de jazz, Uptown House. Artie entró y comenzó a hablarme de su nueva banda, a fantasear con ella. Pero me comentó que le faltaba algo importante para darle impulso. Yo le contesté – “pues contrata a una cantante negra”. Di en el clavo. Artie me esperó toda la noche, me metió en su coche y partimos hacia Boston que era donde estaba la banda. Nunca nadie había visto, ni en Boston ni en ningún sitio, una banda con dieciséis músicos blancos y una cantante negra”.
Lady Day permaneció en la orquesta de Shaw durante un año. El éxito los acompañó allí donde actuaban, incluso en el Sur del país, aunque allí hubo broncas casi todos los días, por el eterno problema: el racismo. Aunque lograron salir indemnes. Al volver a Nueva York, la banda consiguió un espléndido contrato en un gran hotel en el que una importante radio emitía gran parte de su actuación: “Poco a poco noté que cada vez cantaba menos. A veces una en toda la noche y siempre antes o después de que la banda saliera al aire. Cuando me percaté de que dejaron de radiar mi voz por completo, mandé todo al diablo. Me despedí. Le recriminé a Artie que no me hubiese avisado cuando los peces gordos habían caido sobre él”.
Billie Holiday cautivó a las multitudes que acudieron a ver a Artie Shaw mientras ella estuvo en la banda en 1938: “Dios, era maravillosa. Ella se subía al escenario y cantaba —no como las demás cantantes— no se limitaba a interpretar una, sino dos o tres y la gente enloquecía». Artie Shaw décadas después, quizás no quiso reconocer lo mucho que Holiday había significado para el público de entonces, para la banda o para él. Ya que comentó: “No era como una película de Hollywood. Sube al escenario, canta y la gente enloquece, ni nada parecido», pero según los testimonios (como el que he descrito) de muchas personas que la vieron en directo, eso era exactamente lo que pasaba. La sustituyó la buena cantante Helen Forrest, pero ella nunca consiguió electrizar al público como Lady Day.
El 24 de julio de 1938, en el Victor Studio ubicado en la 155 East 24th Street de Nueva York, la banda de Artie Shaw grabó seis canciones para el sello Bluebird Recording (RCA Victor). Entre ellas se encuentra la titulada «Any Old Time», escrita por Artie Shaw (música y letra) y pensada exclusivamente para Billie Holiday. Este tema es el único que la cantante grabó en el año de permanencia junto a la banda del clarinetista.
La sesión de ese 24 de julio escondía una joya que nadie se percató de su auténtico valor. El 12 de octubre de 1935, se estrenó en el Imperial Theatre de Broadway el musical «Jubilee» con todas las canciones compuestas por Cole Porter. Llegó sin pena ni gloria a 169 representaciones. Uno de los temas fue el titulado «Begin the Beguine» (El Beguine es un baile originario de las islas Gudalupe y Martinica), que tampoco logró el favor del público. La grabó Xabier Cugat ese mismo mes octubre de 1935 y no se convirtió en uno de sus éxitos.
El violinista, arreglista y compositor, Jerry Gray había realizado un arreglo de «Begin the Beguine» para big band y se lo mostró a Artie Shaw. Este lo encontró interesante y les comunicó a los responsables de RCA Victor su intención de grabarla. El director artístico del sello le comunicó que perdía el tiempo con esa canción, que la que se convertiría en en un gran éxito sería «Indian Love Call», otro de los temas que se grabaron en la misma sesión. De hecho, el sello sacó un single de 78rpm en el que en la cara A colocó a esta última canción y en el B a la canción de Cole Porter. Cuando salió el disco al mercado, a las pocas semanas «Begin the Beguine» alcanzó el nº3 de las listas de ventas (algo inusual siendo instrumental) y se convirtió en una de las más vendidas de toda la Era del Swing.
Artie Shaw comentó pasados los años: “No sé por qué esa melodía se hizo tan popular. No tengo ni idea… Intenté tocar la canción como creía que sonaría bien. Cuando haces algo que se vuelve un éxito inesperado y destaca por sí solo, no es algo que busques. Simplemente, tocas una canción en particular y, por alguna razón desconocida, das con la forma de interpretarla, y el público la acepta en masa… El problema es que quieren que sigas haciendo lo mismo. Si hubieras hecho lo mismo desde el principio, no habrías tocado esa canción. Así que… es un negocio complicado. Cuando tratas con el público, es complicado.”
Artie Shaw con «Begin the Beguine» se colocó en el podio de las big bands de la Era del Swing y en él continuó durante 1938 y 1939. Actuó en los mejores hoteles, en las mejores salas de baile y en los mejores programas de radio. Además de grabar discos regularmente con RCA-Victor que se colaban en las listas de Billboard.
Una noche a mediados de noviembre de 1939, Artie reunió a toda su banda en la habitación de su hotel. Cuando todos estuvieron presentes les dijo: “Dejó la banda. Estoy enfermo del negocio y lo dejo para siempre”. Alguien le comentó: “Tienes contratos por valor de un millón de dólares y pueden demandarte”. Artie respondió: “Me importa un bledo que me demanden. Si no tengo banda, ¿por qué me van a demandar?”.
Artie descubrió en México la tranquila ciudad de Acapulco donde podía pescar (uno de sus hobbies favoritos) y además no había turistas que le molestaran. A las noches visitaba los locales en los que había música en directo y se empapó del folclore lugareño. A los dos meses de permanecer en su autoexilio, la música le empezó nuevamente a rondarle por su cabeza y decidió desplazarse a Hollywood para trabajar en el cine, sin ninguna intención de formar una banda. Pero, una vez en los EE. UU., los abogados de RCA-Victor le mostraron el contrato que había firmado y que finiquitaba en marzo de 1941. Para cumplirlo formó una gran banda que oscilaba entre 32 y 23 músicos (4 en la sección rítmica, 15-10 instrumentos viento, 13-9 instrumentos de cuerda). Esta orquesta permaneció activa desde febrero de 1940 a marzo de 1941, únicamente para grabar discos. Artie Shaw consiguió dos grandes éxitos con esta formación (no llegaron al superventas de «Begin the Beguine») y también fueron un tanto inesperados. El primero de ellos lleva por título «Frenesi» y es una composición del mexicano, Alberto Dominguez, de 1939 (Shaw la escucharía en Acapulco). La banda la grabó en el Victor Hollywood Recording Studio, el 3 de marzo de 1940. En diciembre de ese mismo año llegó al nº1 de las listas de Billboard. El otro tema es ese gran standard de jazz compuesto por Hoagy Carmichael con letra de Mitchell Parish en 1927 y que lleva por título «Stardust». La versión que realizó Shaw, el 7 de octubre de 1940, se grabó en los mismos estudios que la anterior y llegó a alcanzar el millón de copias vendidas.
A imagen y semejanza de Benny Goodman, Artie Shaw también formó un pequeño grupo con músicos de jazz al que llamó «Grammercy Five». Con él grabó cerca de cincuenta canciones repartidas entre 1940, 1945, 1953 y 1954. Para muchos estudiosos es en estas grabaciones donde Shaw sacó lo mejor de si mismo como músico de jazz y que no pudo exhibir como él hubiese querido junto a su big band, principalmente por presiones comerciales (lo mismo que le pasó a Benny Goodman).
En 1940 formó un grupo con los siguientes músicos: Johnny Guarnieri, clavecín; Jud Denaut, contrabajo; Nick Fatool, batería; Al Hendrickson, guitarra; Billy Butterfield, trompeta y el clarinete de Shaw. He elegido para ilustrar esta banda un blues compuesto por Shaw al que le puso el título de «Summit Ridge Drive».
Ahora voy a dar un gran salto y situarme en 1954. Las razones son dos: la primera se debe a que (para mí) formó el mejor grupo de músicos de jazz: Hank Jones, piano; Tommy Potter, contrabajo; Irv Kluver, batería; Tal Farlowe o Joe Puma, guitarra; Joe Roland, vibráfono. La segunda razón se debe a que en las grabaciones que realizó con esta pequeña banda fueron las últimas en las que su clarinete sonó en un estudio. De hecho, el sello que las recopiló en 1992 título al C.D. «Artie Shaw: The Final Sessions. More Last Recordings». El tema que os propongo escuchar es un gran standard de jazz compuesto por Morgan Lewis con letra de Nancy Hamilton para el musical de Broadway «Two for the Show» de 1940 y titulado «How High The Moon».
Artie Shaw llevaba un tiempo quejándose de la música que se puso en boga en los cincuenta, el rhythm & blues y de cómo absorbía a la juventud. Sus discos de jazz se vendían poco, algo que le molestaba. No quiso aceptar que el jazz, en los 50, se había convertido en una música minoritaria.
Artie Shaw estaba sin ataduras matrimoniales ni profesionales que lo retuvieran en su país y decidió dejar atrás la atmosfera conformista de América. Tenía 44 años.
Esta vez su destino fue España, más concretamente la Costa Brava, asentándose en el pueblo de Begur. Mandó construir una casa y en ella vivió hasta el año 1961. Entre tanto había conocido en París a la actriz Evelyn Keyes (conocida por su papel de protagonista en la película «Lo que el viento se llevó» y la invitó a su casa española. Al final acabaron casándose en Gibraltar en 1957. (Este fue su octabo matrimonio y el que más le duró: 28 años). En 1961, como he comentado, Artie Shaw estaba harto de España y la pareja se volvió a su país y compraron una gran casa en Connecticut.
La vida del exclarinetista estaba centrada en la lectura, en tratar de convertirse en otro Hemingway y en escuchar su música antigua. Y así pasaron los años, empezaron los achaques y poco más puedo decir de interés sobre Artie Shaw. Falleció en 2004, con 95 años, después de pasarse 50 sin tocar el clarinete y viviendo de royalties. Su esposa Evelyn comentó que al momento de fallecer poseía tres millones de dólares. Amigos, lo que se dice amigos, no dejó muchos.

