Irving Berlin: Alexander’s Ragtime Band & Cia.

Ilustración de Frank Leslie – julio de 1887.
Emma Carus
Ray Charles
Irving Berlin
Irving Berlin
Irving Berlin: Alexander’s Ragtime Band & Cia. 

Los Beilin procedían de la región de Siberia en la Rusia oriental. El padre de familia era rabino, cantaba en la sinagoga y se buscaba trabajos alternativos para poder sacar adelante a su mujer y a los siete hijos habidos en el matrimonio. En el año 1893, y viendo el oscuro panorama que les rodeaba, decidieron emigran a Norteamérica. Para ello viajaron primeramente a Bélgica y desde el puerto de la ciudad de Antwerp embarcaron en el S.S. Rhynland, el 23 de septiembre. Tras diez días de navegación, la Estatua de la Libertad les dio la bienvenida a Nueva York. En el muelle del puerto uno de los hijos de los Beilin, llamado Israel y con una edad de cinco años, contemplaba embelesado, aterrado y desorientado su nueva casa.

Israel se percató, a las pocas semanas de asentarse en el Nuevo Mundo, que Nueva York era una ciudad musical. Al cabo del día uno podía escuchar himnos religiosos en multitud de idiomas, marchas marciales interpretadas por “brass bands”, música étnica procedente de un buen número de países distintos, baladas sentimentales, tristes, alegres, faltonas procedentes de un folclore multinacional y tonadas picantes en algún local de mala fama. Lo que no se escuchaba en Nueva York en el año 1893 era música original norteamericana. Ninguna que representase al naciente carácter americano. Bien es verdad que en las iglesias segregadas negras se interpretaban unos himnos espirituales que habían nacido en Norteamérica, como los cantos que eran susurrados por harapientos negros y contestados por sus guitarras en perdidos poblados invisibles del Delta del Mississippi, y que más adelante se conocerían como blues. Toda esa música original norteamericana era totalmente desconocida, por entones, por el resto de los habitantes del inmenso y creciente país.

Cuando Israel se encontraba en el muelle portuario tratando de intuir su futuro, ni se le pasó por su aturdida mente que él se iba a convertir, en unos veinte años, en un prolífico compositor. Que iba a dotar a la música de su nuevo país de melodías y de letras que iban a estrenarse en  los brillantes escenarios de Broadway; a escucharse por los nuevos altavoces de la pantalla grande; a brotar swingeantes de los instrumentos y de la garganta de los intérpretes de jazz. Israel se iba a convertir en uno de los primeros “inventores” de lo que hoy conocemos como “standards”.

El padre de Israel murió cuando este contaba con una edad de 13 años y decidió que era el momento de abandonar el seno familiar y tratar de valerse por sí mismo. Gracias a poseer una gran afinidad con la música y a estar dotado de una más que notable voz, las primeras monedas las ganó cantando en informales locales. En 1907, Israel fue contratado por el gánster de origen judío ruso Mike Salter como camarero-cantante en el Pelham Café de Chinatown. Este sórdido local era un camuflado fumadero de opio por donde pasaban millonarios, asesinos, ladrones, políticos, artistas y turistas. Todos ellos persiguiendo al “dragón”.
Situado en un lugar sombrío del tugurio se encontraba el pianista Nick Nicholson que lo llenaba de sincopadas notas de “rags” y que acompañaba a Israel cuando este cantaba melodías populares.  Un buen día, el pianista le preguntó a este último si era capaz de ponerle letra a una canción que había compuesto. Israel le entregó lo siguiente:

Oh¡, Marie / te estoy esperando debajo de tu ventana / Oh¡, Marie / Por favor, no seas tan esquiva / ¿No te das cuenta de que mi corazón solo suspira por ti / con todo mi cariño / y con un sincero amor, cariño? / Encontrémonos cuando la luna de verano esté radiante / y las estrellas brillen para ti y para mí / Por favor, sal esta noche, mi reina / ¿No puedes oír mi mandolina / mi dulce Marie de la soleada Italia? / Oh¡, cuánto te amo / Dime que tú me amarás, que también me amarás / yo seré tuyo por siempre jamás / simplemente pronuncia esa palabra y yo me casaré contigo / y entonces tú siempre serás / mi dulce Marie de la soleada Italia.

La letra no es merecedora de un premio Pulitzer, pero fue la primera que escribió Israel y eso le abrió una puerta que hasta ese momento permanecía cerrada en su interior. La editorial musical Jos. W. Stren & Co. les dio 75 centavos a repartir entre Nicholson y él, y se equivocó al escribir en la partitura el apellido de Israel que apareció como I. Berlin. Y en ese momento nació Irving Berlin, para la escena musical norteamericana. Tenía 19 años.

Irving permaneció durante dos años sin publicar nada. Entre 1909 y 1910 registró 62 canciones que cosecharon un relativo éxito, pero que no lograron que el compositor alcanzase una cierta notoriedad.
Llegó el año 1911 y una canción iba a conseguir que el nombre de Irving Berlin se hiciera famoso, tanto en su país como en Europa. Para hablar de ello debemos conocer a una artista llamada Emma Carus.

Emma Carus (1879-1927) fue una cantante y actriz de teatro que se movió con soltura entre los espectáculos de vodevil como sobre los escenarios de Broadway. En estos últimos triunfó en el primer espectáculo que montó el productor Florenz Ziegfeld en 1907 que se convirtió en el punto de partida de sus famosas revistas tituladas “The Ziegfelf Follies of…”. Emma, a partir de 1914 dejó Nueva York para participar en los circuitos interestatales del vodevil que era donde ella se encontraba más cómoda.

En el año 1913, Rennold Wolf, escritor y amigo de Berlin, relató en un artículo publicado en el Theatre Magazine cómo este último llegó a componer el éxito que marcó toda su carrera. La canción titulada “Alexander’s Ragtime Band”:

“Originalmente yo escribí la melodía en 1910 como un número instrumental. En aquellos días no la veía como una canción cantada, fue mi primera pieza instrumental. En esa época existían muchos ragtimes tocados por un piano y “Alexander” fue mi contribución. Absolutamente a nadie le gustó la canción, de forma que le añadí una letra. Permaneció con ella en una balda durante algún tiempo. Unos decían que el “chorus” era demasiado largo, otros que su tesitura era demasiado alta para una voz normal. Sin embargo, a la cantante Emma Carus le gustaba mucho y la cantó en Chicago el 17 abril de 1911 durante el “Big Easter Vaudeville Carnival”. Tuvo un gran éxito y otras compañías empezaron a incorporarla a sus respectivos repertorios”.

 Otra fecha significativa en los primeros pasos de “Alexander’s Ragtime Band” fue el 28 de mayo de 1911 en el New Amsterdam Theatre de Broadway. Ese día se subió el telón para representar el musical “Frias Frolic of 1911” donde el cantante Harry Williams e Irving Berlin cerraban la función cantando “Alexander”. “Nosotros la cantábamos, bailábamos un poquito y nos íbamos dando una voltereta”. En las siguientes dos semanas el espectáculo “Frias Frolic of 1911” salió de gira representándose en las más importantes capitales del este del país. Volvió a Nueva York el 29 de julio y dio su última función en el New Amsterdam Theatre.

La primera grabación en estudio de “Alexander’s Ragtime Band” la realizó un popular dúo cómico de aquel tiempo llamado “Collins & Harlan” (Arthur Collins, Byron G. Harlan) que se mantuvo activo desde 1903 a 1926. La fecha fue 23 de mayo de 1911 y la discográfica fue “Victor”.

La letra de “Alexander” cuenta lo siguiente:

Cariño, cariño mío, apresúrate y deja de deambular / ¿Es que no vas a venir a ver al líder harapiento? / Cariño, cariño mío, déjame que te lleve a escuchar la gran banda de Alexander / Espléndida banda de metales ¿es que no te vas a acercar? /  Ven a oír tocar a La Banda de Ragtime de Alexander / Ven a oírla tocar, es la mejor banda de la tierra / Pueden dar un toque de corneta, como jamás has oído / tan natural que te entran ganas de ir a la guerra / Es la mejor banda que existe, querida mía / Vamos acércate, déjame coger tu mano / Vamos a ver al hombre que es el líder de la banda / Y si te apetece, escucharemos “Swanee River” estilo ragtime / ven a oírla tocar, ven a oír tocar / a La Banda de Ragtime de Alexander / Cariño mío, tienen un violín con notas que chillan / como un pollo, como un pollito / y el clarinete es una mascota de color / ven a oírlo tocar, ven a escuchar a una banda clásica que es un encanto / Ven ahora, en este momento, Ale, date prisa / Ven a  oír tocar a La Banda de Ragtime de Alexander / Ven a oírla tocar, es la mejor banda de la tierra.

Durante el primer año, a partir de que se publicara “Alexander’s Ragtime Band”, se vendieron dos millones de partituras de la canción y en los dos años que le precedieron alrededor de medio millón.
Han pasado 110 años desde la aparición de Alexander y su banda y han sido innumerables los intérpretes que la han hecho suya. He elegido la versión que realizó Ray Charles en 1959 y que fue uno de los cortes de su álbum “The Genius of Ray Charles”. Este trabajo ganó un Grammy como mejor interpretación vocal. Los arreglos fueron escritos por Quincy Jones y Ralph Burns.

Irving Berlin comentó varias veces que la obtención de un gran éxito en los tempranos momentos de su carrera se convirtió en un hándicap para su futuro como músico, ya que con “Alexander” colocó el listón bastante alto. Debido a ese requisito de-estar-siempre-a-la-altura casi consiguió que la canción con la que más se le identifica por todos los rincones del mundo, acabara en el cubo de la basura.

Quién le iba a decir a Irving Berlin, que había nacido en el seno de una familia ortodoxa judía, que una de sus canciones se iba a convertir en una de las más evocadoras de la Navidad cristiana. La Navidad no era una fecha que le trajera buenos recuerdos a Berlin, ya que su hijo de pocas semanas, Irving Berlin jr., murió repentinamente el día 25 de diciembre de 1928. Incluso los amigos de su mujer, la elegante y católica Hellín McKay, le estuvieron susurrando maliciosamente al oído que toda esa desgracia se debía a que se había casado con un judío.
Doce años después del fallecimiento de su hijo, Irving Berlin estaba trabajando en una idea que bien podría llegar a convertirse en una obra de Broadway cuyo meollo discurría durante las vacaciones navideñas. Para ello se propuso componer un tema típico para esas fiestas y en dos breves sesiones la canción estaba terminada. La tituló “White Christmas” y quizás porque le había sido muy fácil escribirla, no le pareció que se trataba de una gran obra, sino más bien todo lo contrario.
Irving Berlin decidió olvidarse de Broadway y proponer su idea a los estudios cinematográficos de la Paramount que vieron enseguida todo su potencial y un vehículo ideal para Bing Crosby, su gran estrella en aquellos momentos.
Irving Berlin presentó al cantante los temas que él tenía en mente para la película, pero según se los iba mostrando la reacción del vocalista no era para nada satisfactoria, hasta que le llegó el turno a “White Christmas”. El semblante de Crosby cambió radicalmente al escuchar la melodía y le dijo al compositor: “Irving, no vas a tener ningún problema con esta canción”. El músico quedó sorprendido por su entusiasmo y no le comentó que en un principio él no tenía la intención de enseñársela, ya que la consideraba poco menos que indigna de su arte como compositor.
En el año 1942 se estrenó la película Holiday Inn (en España con el título de “Quince Días de Placer”) con Bing Crosby y Fred Astaire como principales protagonistas. “White Christmas” fue una más de las canciones de su banda sonora. En este caso cantada por Bing Crosby y Marjorie Reynolds (doblada por Martha Mears). Al año siguiente le concedieron el premio Oscar a la mejor canción original de película, para asombro de Berlin: “Cuando compuse “White Christmas” no tenía ni idea de que se iba a convertir en un éxito duradero. Cuando la canción se hizo muy popular lo atribuí a que estábamos en guerra y al hecho de que “Christmas” significa paz. Me gustaría poder comentar que yo ya había anticipado su éxito, pero debo admitir que no lo hice. Quizás porqué me fue muy sencillo componerla, comparativamente con otras canciones, y no me di cuenta de todo su potencial. La escribí en dos breves sesiones y eso es demasiado rápido para una canción. Estas necesitan un poco más de trabajo”.
“White Christmas” fue durante muchos años la canción más vendida e interpretada de la historia de la música popular. Hizo falta que su industria se masificara con la llegada del rock y del pop con gente como The Beatles o Michael Jackson para que al tema de Berlin lo bajaran del pedestal donde había permanecido durante décadas.

Irving Berlin tuvo la suerte de vivir 101 años dejándonos un baúl lleno de canciones (entre 2.000 ó 3.000, según las fuentes) algunas de las cuales se han convertido en eternas. Aprendió a tocar el piano de forma autodidacta (en principio siempre componía sus melodías en F#) y nunca adquirió los suficientes conocimientos como para poder escribir correctamente su propia música en un pentagrama.
Irving Berlin fue el primer gran compositor de la época dorada del Tin Pan Alley (1910-1950). Jerome Kern, otro de los grandes, seis años más joven que Berlin, dijo de este último: “Irving Berlin no tiene sitio en la Música Americana, él es la Música Americana”.

Como colofón voy a dejar una versión de “Alexander’s Ragtime Band” interpretada por The Boston Pops Orchestra dirigida por Arthur Fiedler, que estuvo en posesión de la batuta de la formación desde 1930 a 1979. El disco que contiene el tema de Berlin salió en el año 1974 con el título genérico de “Fiedler in Rags”. Es más que interesante escuchar cómo la canción cambia el tempo propio de un “rag” al típico de la música de Nueva Orleans durante varios compases.

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