La Sorprendente Semblanza de Alberta Hunter

Alberta Hunter
Alberta Hunter
Alberta Hunter
King Oliver
Fletcher Henderson Orchestra
(Entre otros): Alberta Hunter, la cantante Mabel Mercer, Ada Bricktop. Paris – 1928
Alberta Hunter y Gerald Cook en The Cookery – 1977
Alberta Hunter – 1978
Alberta Hunter, el trombonista J.C..Higginbotham y Lil Hardin – New York en los 40.
Alberta Hunter
La Sorprendente Semblanza de Alberta Hunter

“El Libro de las Ciudades” (1999) de Guillermo Cabrera Infante está compuesto por una serie de relatos que vieron la luz en diferentes fechas siendo sus protagonistas varias importantes ciudades. Sobre Nueva York podemos leer: “La otra noche gracias a un escritor brasileño que sabe lo que dice, descubro a una extraordinaria cantante negra que merecería ella sola el largo de este artículo: Alberta Hunter. Canta dos veces en un restaurante del Greenwich Village y no hay una voz más rica y entera que la suya. A Alberta Hunter no sólo hay que oírla sino verla: torciendo la mirada, haciendo un guiño cómplice, su performance es una maravilla y ella sola hubiera valido el viaje. Y tiene 83 años”.
Cuando cayó este libro en mis manos – supongo que en el momento que salió al mercado – yo estaba totalmente absorto por el jazz instrumental y el vocal lo tenía abandonado, pero me interesó la historia que relataba Cabrera Infante y Alberta Hunter quedó archivada en alguna parte de mi cerebro.
Unos meses más tarde, un cinéfilo muy amigo mío me entregó un DVD de una, para mí, desconocida película titulada “Remember my name” (1978) protagonizada por Geraldine Chaplin y Anthony Perkins y me dijo: “Escucha su banda sonora”. Así lo hice y no me fue muy difícil descubrir que todas las canciones que la componían estaban escritas e interpretadas por Alberta Hunter, algunas específicamente para el film. Para su grabación, Alberta contó con tres veteranos “sopladores” como el trompetista Doc Cheatman, el trombonista Vic Dickenson y el saxo tenor Budd Johnson. La sección rítmica estuvo formada por el pianista Gerald Cook, el contrabajista All Hall, el guitarrista Wally Richardson, y la batería se la repartieron entre Connie Kay y Jackie Williams. Uno de los temas que Alberta Hunter (con 82 años) compuso para la película da título a la misma: “Remember my name”.

El descubrimiento que me dejó en bandeja mi amigo cinéfilo consiguió que mi interés por Alberta Hunter subiera muchos enteros y me propuse escarbar en la que, en un principio, parecía tratarse de una sorprendente existencia.

Lo primero que me dejó intrigado fue percatarme de que una artista que había comenzado su carrera a finales de los años 10 del siglo pasado se mantuviera todavía activa después de pasar sesenta años.
Aquellas personas que la conocieron coinciden en que fue muy celosa de su intimidad personal.
Podemos asegurar que los recortes de prensa, los talones cobrados y cualquier tipo de documentación sobre su profesión proporcionan más información sobre su paso por los escenarios y estudios de grabación que la aportada por ella misma. Alberta nunca trató de documentar su vida a conciencia. Según su biógrafo, Frank Taylor, le gustaba hablar mucho de sus compañeros de profesión, pero nunca sobre sí misma.

Alberta Hunter nació el 1 de abril de 1895 en Memphis, Tennessee. Fue una niña frágil y enfermiza y contra todo pronóstico sobrevivió. Su padre abandonó a la familia siendo Alberta muy joven y fue su madre a fuerza de trabajo la que llevó el dinero a casa. Alberta nunca habló con amargura de esa parte de su vida ni del racismo imperante el cual le inculcó un deseo y una determinación aún más fuerte en su deseo de triunfar en la vida.
Cuando tendría alrededor de 16 años se personó en el despacho de la profesora de su escuela, Mrs. Floyd Cummins – a quien sus alumnos la llamaban Miss Florida – y le preguntó si podría acompañarla en uno de los viajes que la docente realizaba a Chicago. Miss Florida le indicó que para ello necesitaría el permiso de su madre. Al cabo de un par de semanas se presentó con él.
Alberta partió para Chicago con las ropas que llevaba puestas, quince centavos y ninguna idea clara sobre lo que ocurriría cuando llegara a la ciudad. La historia nos cuenta que se hospedó en casa de Helen Winston, la hija de una amiga de su madre. Lo primero que aprendió fue a pelar bien las patatas, lavar correctamente la vajilla y ocuparse de adecentar la casa, todo ello por $6 a la semana más hospedaje y manutención.

Supongo que después de perseverar, perseverar y más perseverar, Alberta Hunter consiguió su primer contrato como vocalista en el tugurio más infecto de todo Chicago. Dago’s Frank el prostíbulo más bronco, atestado de prostitutas, de sus macarras, de gánsteres, jugadores y demás parentela. Alberta tenía 16 años cuando entró y estuvo en el burdel durante tres. Y sí, si os preguntáis cómo sobrevivió fue gracias a que las fulanas construyeron una muralla alrededor de ella que nadie podía traspasar. Alberta perdió el trabajo cuando cerraron el local debido a un tiroteo que se produjo con muertos de por medio.

De 1913 a 1917 la vocalista fue labrándose un nombre por sus apariciones en clubs como el Hugh Hoskin’s, Elite Café #1, Panama Café (que lo cerraron por un tiroteo), The Luxe Café y al final en 1917 consiguió que la contratara la sala de más solera de todo Chicago: Dreamland Cafe.

Dreamland Cafe, conocido también como Bottom’s Dreamland Café abrió sus puertas en 1914, pero fue a partir de 1917 cuando cogió lustre de la mano Bill Bottom que lo convirtió en el cabaret más lujoso de Chicago, bajo la denominación de “black and tan”, es decir, que la clientela la formaban tanto blancos como negros. Una de las primeras bandas que pisó los recién encerados escenarios fue la de King Oliver con Lil Hardin al piano, Bill Johnson al banjo, Baby Dodds a la batería, Honore Dutrey al trombón, Johnny Dodds al clarinete.  Aún quedaban unos meses para que Louis Arsmtrong acudiera a la llamada de King Oliver.
El Dreamland se vio obligado a cerrar en 1928 por incumplir las leyes que regían La Prohibición. Abrió de nuevo sus puertas en octubre de 1933 y continuó en la élite de los clubs de Chicago.

Alberta Hunter compartió escenario con la banda de Oliver y conoció a Lil Harlin con la que mantuvo una amistad de por vida. Los “spotlights” del escenario del Dreamland se mantuvieron iluminando la figura de Alberta durante cinco años. Durante ese tiempo la prensa especializada acuñó, para referirse a ella, el término de “Sweetheart of Dreamland” a la vez que reconocían que tenía bien ganado el título de la mejor cantante de blues de la ciudad. Otro hecho violento acaecido en 1921 fue el detonante para que la cantante abandonara Chicago. Alberta tenía por costumbre, una vez terminada su performance en el Dreamland, tomar un tren junto a su pianista y dirigirse a diferentes clubs para terminar la jornada. En uno de ellos mataron a tiros a su pianista mientras ambos estaban actuando sobre el escenario.

Alberta abandonó Chicago ese mismo año de 1921 y se mudó a Nueva York. Estas fueron sus palabras: “Si tú has trabajado en Chicago y allí has sido admitida, tú eres alguien. Por lo tanto, Nueva York no te intimida”.

Nada más llegar a la gran ciudad. Alberta fue requerida por Fletcher Henderson que dirigía la banda más en boga en aquellos días. En mayo, entraron en un estudio del sello Black Swan en N.Y. y grabaron cinco temas. Entre ellos estaba el compuesto por el saxofonista y director de banda Isham Jones con letra de Tell Taylor y titulado “How long sweet daddy, how long”. Para Alberta Hunter esta fue la primera vez que pisaba un estudio de grabación.
Otro grupo plagado de primeras figuras que la acompañó – bajo el pseudónimo de Josephine Beatty – fue “Red Onion Jazz Babies”: Louis Armstrong, corneta; Lil Hardin, piano; Buddy Christian, banjo; Aaron Thompson, trombón; Buster Bailey, clarinete. El 6 de diciembre entraron en un estudio y nos dejaron cuatro temas grabados. Entre ellos, el conocido blues “Texas Moaner Blues” escrito por el pianista Clarence Williams y el compositor Fae Barnes.

Durante los años que Alberta permaneció en Nueva York grabó o realizó actuaciones en directo con importantes figuras del jazz que van de Fats Waller a Eubie Blake o de Sidney Bechet a Jimmie Noone. En el año 1923, la cantante mostró sus dotes como compositora escribiendo el blues titulado “Down Hearted Blues” que fue el primero que grabó la vocalista Bessie Smith acompañada del pianista Clarence Williams y que la situó en el primer plano de las cantantes de blues. La grabación fue el 16 de febrero de 1923. El otro tema de Alberta que voy a nombrar es el titulado “Chirping the blues” que lo escribió al alimón junto a su gran amiga, la directora de banda, Lovie Austin.

La aventura neoyorquina de Alberta se estiró durante siete años durante los cuales el mundillo del jazz dejó de tener secretos y todo hacía presagiar que se avecinaba un cambio de aires. A principio de 1927, la cantante comenzó con una larga gira por Europa. Su primera parada fue París donde le dio la bienvenida el círculo de músicos de jazz que estaba residiendo allí en aquellos días. Todos ellos tenían su “jook joint” en el opulento club de Ada “Bricktop” Smith, empezando por Josephine Baker y Sidney Bechet. Al año siguiente, a Alberta le llamaron de Londres para ofrecerle uno de los papeles de protagonista en “Show Boat”, uno de los mejores musicales norteamericanos que se había estrenado en Broadway en diciembre de 1927. La obra obtuvo un gran éxito y estuvo en cartel durante un año.

Durante los siguientes veinte años, Alberta se movió por Amsterdam, Copenhagen, París, New York y partes de Asia y Africa. Con el estallido de la II Guerra Mundial ofreció sus servicios al ejército para participar, junto a otros artistas, en los shows destinados al esparcimiento de los soldados tanto en casa como en ultramar.
A partir de finales de los cuarenta, Alberta estuvo prácticamente ocupada en el cuidado de su madre enferma. Falleció en 1954: “My madré murió el 17 de enero de 1954 y me di cuenta de que ya no quería cantar más. La enterramos el 20 de enero y ese mismo día me apunté a la escuela de enfermeras”.

 Durante los próximos veinte años, Alberta Hunter trabajó de enfermera en el Goldwater Memorial Hospital en Welfare Island. Cuando cumplió los 65 años le dieron la jubilación, pero ella pidió seguir trabajando durante cinco más. Al llegar a los setenta le forzaron a abandonar su trabajo, pero lo que no sabían los dirigentes del hospital era que Alberta tenía realmente 82 años. Cuando fue admitida en el hospital se quitó 12 años de encima y no pasó nada.

Por una serie de circunstancias, Barney Josephson, (ver mi artículo: “Café Society: Más que un club de jazz”) que era el dueño de un restaurante-jazz en el Greenwich Village, localizó a Alberta Hunter y le propuso que actuara en su local. El club, llamado “The Cookery”, poseía una atmósfera tipo años 20 y 30: íntimo, lleno de gente y ruidoso. Alberta no creía que nadie estaría interesado en escuchar cantar a una “old lady”, pero Josephson la convenció y le puso en contacto con el pianista y arreglista Gerald Cook. Después de unos pocos ensayos, Alberta Hunter hizo su presentación en el “The Cookery”. Como Barney había predicho, ella triunfó con sus 82 años y se convirtió en la sensación de la noche del Village. El club estaba a reventar y los artículos de los periódicos y revistas se sucedían uno tras otro. Su biografía empezó a ser objeto de investigación. Incluso grabó algunos discos. De hecho, fue en este período cuando los medios hablaron más de ella que en su primera época de cantante. Fue un reconocimiento tardío, pero muy merecido. (Es de suponer que Guillermo Cabrera Infante documentó su artículo en “The Cookery”).

En los siete años que le restaban de vida, Alberta Hunter sacó cuatro discos al mercado, realizó continuas performances en “The Cookery” y esporádicas apariciones en otros clubs de jazz neoyorquinos. La última vez que entró en un estudio para grabar un disco fue en el año 1983. El álbum estuvo producido por John Hammond y le pusieron el título de “Look for the silver linning”. Este trabajo estuvo formado por diez canciones entre las que se encuentra el magnífico tema “On the sunny side of the Street” que compusiera Jimmy McHugh con letra de Dorothy Fields allá en los años treinta del siglo pasado. Los músicos que arroparon a Alberta en esta canción fueron los siguientes: Gerald Cook, piano y dirección; Vishnu Wood, contrabajo; Butch Miles, batería; Doc Cheatham, Jonah Jones, trompetas; Vic Dickenson, trombón; Budd Johnson, tenor saxofón.
Si escucháis la personal versión que realiza Alberta de “On the sunny side of the Street” os daréis cuenta de que no parece ni por asomo que la persona que está cantando tenga 88 años.

Seis meses antes de su noventa cumpleaños, Alberta Hunter fallecía en paz en su apartamento de Manhattan sentada en su silla favorita.

“He llegado tan lejos como tú podrías ir. He actuado en Broadway. He cantado en el Royal Theatre de Londres y en París… y pienso que he ascendido a lo más alto”. Alberta Hunter.

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