El Día En Que “La Bossa” Se Adueñó Del Carnegie Hall

Antonio Carlos Jobim Y João Gilberto
Antonio Carlos Jobim
Sidney Frey
Aloysio de Oliveira
João Gilberto
José Ramón Tinhorã0
Carlos Lyra
Milton Banana
Sarah Vaughan
João Gilberto
El Día En Que La “Bossa” Se Adueñó Del Carnegie Hall

Antonio Carlos Jobim, durante su dilatada carrera, comentó en varias ocasiones sus percepciones sobre la Bossanova. Así en 1962 argumentó: La auténtica samba negra de Brasil es muy primitiva. Ellos usan al menos diez instrumentos de percusión y cuatro o cinco cantantes. Ellos gritan y la música es muy “hot” y maravillosa. La Bossanova es “cool” y contenida. Ella cuenta una historia tratando de ser sencilla, seria y lírica. João y yo pensamos que la música brasileña es como una tormenta en el mar y nosotros queremos calmarla en el estudio. Tú puedes llamarla Bossanova o Samba “Suave” sin que pierda su identidad. No queremos perder nada que sea importante. Tenemos el problema de cómo escribirla para que no pierda swing”.
En 1987 arguyó: “Nuestra afinidad con el jazz es parte del problema, mucha gente piensa que domina nuestra música. En vez de pensar que es una ramificación del samba, que es lo que es, la Bossanova es vista por el mundo como una ramificación del jazz… Desde luego, hoy en día a todo lo que tenga swing se le llama jazz, este se ha vuelto un término que abarca demasiado”.

 Con la Bossanova, Antonio Carlos Jobim, João Gilberto… formaron parte de esos músicos que en un momento de su vida rompen esquemas, aportan innovadoras ideas a la música que les rodea y por ello son denostados por muchos de sus propios compañeros, por aquellos críticos que se jactan de saber mucho más de música que los propios músicos y por parte de un nada desdeñable porcentaje de los aficionados. La música es el arte más incomprendido, censurado y perseguido en cuanto alguien ha osado cambiarle sus conservadoras reglas del juego.

Sidney Frey (1920-1968) fue el presidente y fundador del sello discográfico norteamericano Audio Fidelity Records que comenzó su andadura en el año 1954 abarcando una amplia gama de estilos musicales que iban desde el jazz a la música clásica. Frey vendió su compañía a Herman Gimbel en el año 1965 que la mantuvo en activo hasta 1997.

Sidney visitó por primera vez Brasil durante la II Guerra Mundial y se quedó prendado de su música. Se convirtió en coleccionista de sus instrumentos de percusión llegando a poseer más de doscientos, que los tenían repartidos por todas las habitaciones de su casa neoyorquina.
Durante sus constantes viajes a la tierra del samba escuchó en directo a lo mejor de lo mejor de los intérpretes que en esos momentos estaban luchando por abrirse paso en el panorama musical de su país con ese nuevo estilo al que llamaban Bossanova: Tom Jobim, João Gilberto, Vinicius de Moraes, Sérgio Mendes, Carlos Lyra, Oscar Castro Neves…  

En septiembre del año 1962, Frey viajó a Brasil, concretamente a Río de Janeiro, con un propósito concreto que lo expuso en el Salón Verde del hotel Copacabana Palace ante la prensa que previamente había sido convocada. Anunció que había alquilado el Carnegie Hall para la noche del 21 de noviembre y estaba aún decidiendo a qué músicos llevaría para dar allí un gran concierto. El eco que esta noticia retumbó en los medios fue total, tanto en prensa, radio, televisión, catalogándola como un “bombazo”.
Entre los músicos existieron unas conversiones en masa a la hora de declararse “bossanovistas” lo que preocupó grandemente a Mário Días Costas, máximo responsable de la Difusión de la Cultura en Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores). Este alto funcionario barajó la posibilidad de que el espectáculo en ciernes pudiera acabar siendo un fracaso lo que produciría un efecto muy perjudicial a la música brasileña, sobre todo en el extranjero. Decidió ponerse en contacto con Sidney Frey.

En la conversación que mantuvieron Días Costas y Frey, el primero le comentó que quería implicarse en la elección de los músicos. A cambio pagaría varios pasajes a Nueva York y una delegación de Itamaraty encabezada por él mismo estaría presente durante el concierto. A Frey le pareció magnífico que el gobierno brasileño se interesara de alguna manera en el proyecto.

Existieron voces como el del productor discográfico, cantante y compositor, Aloísio de Oliverira que trató de abortar el concierto haciendo circular entre los músicos que tanto Jobim como Gilberto le habían dado la espalda al proyecto, algo completamente falso. Aloísio esperaba que con esa “fake new” hubiera una desbandada general y que a Frey no le quedaría más remedio que suspender el evento al quedarse sin sus principales estrellas. Vinicius de Moraes, dándose cuenta de esta estratagema, la contrarrestó rápidamente dado su gran prestigio como poeta, compositor… y diplomático.

Y llegó el gran día, 21 de noviembre de 1962, y unas tres mil personas abarrotaron el Carnegie Hall. Entre ellas se encontraban pesos pesados del jazz como, Dizzy Gillespie, Miles Davis, Peggy Lee, Gerry Mulligan, Erroll Garner o Herbie Mann. Sobre el escenario había una selva de micrófonos: CBS, BBC, Radio Europa Libre, Voz da America, US Information Agency… más media docena de la discográfica Audio-Fidelity.

El escritor brasileño Ruy Castro en su libro titulado: “Bossanova: La historia y las Historias” (2011 – Turner Publicaciones S. L.) nos relata con un buen sentido del humor, patinazos y errores que existieron en el concierto: “Casi todos los cantantes intentaron dirigirse al público en inglés, dejando fatal en Nueva York la reputación de nuestros colegios públicos. Normando Santos empezó a cantar “Amor no samba” con el micrófono desenchufado. Roberto Menescal se lío tanto con la letra de “O barquinho” que no la volvió a cantar ni en la ducha. Sobre el escenario del Carnegie Hall, Antonio Carlos Jobim parecía tocar el teclado con cinco pulgares en cada mano. El público le recibió con estruendosa ovación, pero Agostinho dos Santos, que había cantado justo antes su propia “A felicidade”, era un hito difícil de igualar. Tom se sentó al piano, se apartó el pelo que le caía sobre el ojo derecho — y que volvió a caer inmediatamente sobre el mismo ojo—, empezó a cantar “Samba de uma nota só” y se olvidó de la letra. Las palabras no acudían, como si se las hubiera dejado en el Veloso. Solo las recuperó a partir del verso “E quem quer todas as notas / Ré, mi, fá, sol, lá, si, dó” y a partir de ahí la interpretó ya bien hasta el final, incluso en inglés. Aplausos delirantes. Tom empezó aún peor la segunda canción, “Corcovado”, equivocando el tono. Pero entonces Antonio Carlos Jobim volvió a nacer. Paró la música, les hizo el gesto de “un momento” a Menescal y Milton Banana, que lo acompañaban y empezó de nuevo con gran autoridad; y tocó y cantó hasta el final en portugués y en inglés. Al Carnegie Hall solo le faltó arrodillarse. Tom se levantó del piano, tropezó con un micrófono, como si lo hiciera todos los días, pero los aplausos lo reclamaban y volvió. Entonces dijo, en el mejor inglés de la velada, superado solo por el maestro de ceremonias, el músico y escritor Leonard Feather: “It’s my first time in New York and I’m very, very, very glad to be here. I’m loving the people, the town, everything. I’m very happy to be with you”.

La más hilarante situación del recital se produjo entre bambalinas. Cuando João estaba vistiéndose para salir a actuar se dio cuenta que la raya de su pantalón no estaba paralela a la costura lateral. Le llamó a Mario Días Costa y le dijo que así no podía salir a cantar. Este no sabía qué hacer y le pidió ayuda a la cónsul de Brasil en Nueva York, Dora Vasconcellos, que estuvo presente en el concierto. La diplomática con mucho esfuerzo localizó el cuarto de la planchadora, que estaba cerrado. Echaron la puerta abajo y la cónsul general de Brasil planchó el pantalón de João, mientras este esperaba en calzoncillos en el camerino.
Gilberto salió al escenario, esperó que se hiciera el silencio. Empezó con “Samba da minha terra” solo con Milton Banana a la batería. Seguidamente le tocó el turno a “Corcovado” y “Desafinado” con Jobim al piano. Esta era la actuación más esperada por los músicos de jazz que antes he mencionado y se quedaron impresionados. (Estos tres temas no salieron en el disco del concierto del Carnegie Hall).

En cuanto a la prensa brasileña, sus más prestigiosas firmas se dedicaron a destrozar el concierto del Carnegie Hall, tachándolo de fracaso histórico. La bestia negra de la Bossanova, el crítico José Ramón Tinhorão relató exclusivamente los fallos que existieron fuera y dentro del escenario. O Cruzerio, el más prestigioso magazine de Brasil ridiculizó todo lo vivido en Nueva York. La cabecera del artículo rezaba: “La Bossanova desafinó en USA” y la definió como “un fracaso de los músicos brasileños en su intento de parecer esforzados imitadores de la música norteamericana”. Y continuó comentando: “¿De modo que Itamaraty gastaba el dinero en financiar los negocios de un empresario norteamericano además de ser partícipe de la humillación de la música brasileña en el extranjero? El resto de la prensa lo secundó.

Ante tales furibundos ataques al corazón de la música brasileña, el ministro de Asuntos Exteriores mandó llamar a Dora Vasconcellos y a Mário Días Costa para que le dieran explicaciones de tal masacre. Pero Dora se traía de Nueva York un as en la manga que no esperaban los enemigos de la Bossanova. Había comprado por cuatrocientos cincuenta dólares toda la grabación del concierto que había realizado una televisión norteamericana. El ministro la visionó y seguidamente el concierto íntegro fue retrasmitido a todo Brasil por las cadenas de televisión Continental y Tupi. En el programa, el pueblo brasileño se dio cuenta de que la única reacción del público norteamericano que llenaba el recinto fue aplaudir entusiasta a todas y cada una de las actuaciones de los artistas brasileños. La revista O Cruzeiro se vio obligada unas semanas después a retractarse de lo escrito con otro reportaje, esta vez firmado por su redactor principal, David Nasser.

Después del concierto del Carnegie, los músicos brasileños – unas dos docenas en total – fueron retornando a su país, pero se quedaron en USA: Tom Jobim, João Gilberto, Carlos Lyra, Roberto Menescal, Sérgio Mendes, Sérgio Ricardo y Caetano Zama. Estos músicos fueron contratados para una actuación en el George Washington Auditorium de Washington, aproximadamente dos semanas después del concierto de Nueva York.
Terminado el evento fueron invitados a la Casa Blanca donde les recibió Jacqueline Kennedy que declaró ser una entusiasta de la Bossanova y le dijo personalmente a Carlos Lira que su composición “Maria Ninguém” era una de sus favoritas.

Con la perspectiva que nos da el tiempo transcurrido vemos que de todos los músicos que actuaron en el Carnegie Hall los que realmente triunfaron durante sus respectivas carreras en los EE.UU. fueron: Antonio Carlos Jobim, João Gilberto, Sérgio Mendes (que sigue entre nosotros), Oscar Castro Neves y Luiz Bonfá.
La que realmente triunfó en los EE.UU. y en el resto del mundo fue la Bossanova como estilo musical. Desde los años sesenta hasta nuestros días no se ha dejado de “bossanovisar” canciones nuevas y eternas. El personal y peculiar ritmo sincopado de la “bossa”, que se va repitiendo cada dos compases, es realmente cautivador, nada evidente y bastante complicado de tocarlo con ese característico e intrincado “swing” propio de los grandes bateristas brasileños como Milton Banana, que fue prácticamente el que lo inventó.
Como un ejemplo de “bossanovisar” canciones os dejo la versión que realizó en 1981 la cantante Sarah Vaughan, teniendo como invitado al cantante brasileño Marcos Valle, del tema “Something” de George Harrison. Fue uno de los cortes del álbum titulado “Songs of the Beatles”.

Sidney Frey ganó dinero con el concierto en el Carnegie Hall y sacó al mercado un disco en 1963 al que tituló “Bossanova No Carnegie Hall”, pero sin su estrella principal ya que Antonio Carlos Jobim por razones contractuales precedidas al evento, no podía aparecer en la discográfica Audio-Fidelity de Frey. El L.P. contiene 14 temas interpretados por varios de los artistas presentes en el Carnegie y lo podéis visualizar y escuchar aquí.
Yo os voy a dejar la única canción en la que aparece João Gilberto, precisamente junto a Milton Banana y titulada “Outra vez”, composición de Antonio Carlos Jobim.

El concierto del Carnegie Hall del 21 de noviembre de 1962 fue la antesala donde se aposentó la Bossanova y sus principales creadores a la espera de que un señor llamado Creed Taylor, director musical del sello Verve, llamara a la puerta en 1963 para explicarles que quería grabar un disco con Antonio Carlos Jobim (p), João Gilberto (g & v), Sebastião Neto (b), Milton Banana (d) y Stan Getz (ts). Y también a una muchacha llamada Astrud Gilberto, aunque él en esos momentos no lo sabía. Y lo que sucedió en unos meses llevó a lo más alto del firmamento musical a la Bossanova y a una canción que se llama “La Chica de Ipanema”. Esto lo relato en mi artículo titulado “The Girl From Ipanema: Talk, Tan and Lovely”.

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